sábado, 13 de junio de 2026

más nubes

En japonés, nube se dice kumo, 雲, aunque en algunas palabras compuestas se transforma en gumo. Dos películas de Mikio Naruse que he podido ver en la Filmoteca de Valencia hace poco llevan esa materia en el título original, Ukigumo, Nubes flotantes, e Iwashigumo, Nubes de verano. En ellas la nube es una forma de reorientación en el mundo. Cuando escribí La condición despistada, pensé muchas veces en las nubes de Constable, masas cambiantes para el estudio científico de la atmósfera y  la ensoñación, la pérdida de atención y la fuga de lo perentorio. También pensé en otras nubes más terribles, las nubes negras de los campos de exterminio. Las nubes de Naruse son delicadas y crueles, íntimas e históricas. En Nubes flotantes, Yukiko avanza como alguien que hubiera perdido el suelo al volver de la guerra y del imperio derrumbado. No vive solo un amor desgraciado. Vive dentro de una nube de promesas incumplidas, ruinas, deseo y humillación. En Nubes de verano, Reiko tampoco camina sobre una tierra firme. La familia, el campo, la obligación y el amor forman alrededor de ella una intemperie inmóvil, una suerte de solar.

Y es que la condición nefelibata, ese andar por las nubes, no siempre tiene algo risueño. A veces es el último abrigo del ser, una manera de protegerse cuando nada resulta reconocible salvo las nubes. En Naruse, estar despistado no es distraerse de lo importante, sino intuir que no sabemos recordar dónde lo dejamos.



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