domingo, 30 de julio de 2017

Lectura con micro de Celan




«Corona»
Paul Celan

En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
regresa el tiempo a la nuez.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
la boca dice la verdad.

Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.

Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
tiempo es de que se sepa,
tiempo es de que la piedra pueda florecer,
de que en la inquietud palpite un corazón.
Tiempo es de que sea tiempo.

Es tiempo.

De «La arena de las urnas» (1948). Versión de José Ángel Valente



sábado, 28 de enero de 2017

Gilbert Kane, el primer pasajero



John Hurt, que murió ayer, era, probablemente, mi actor favorito.



Mis 5 películas preferidas de Hurt fueron: El expreso de medianoche (Alan Parker, 1978) Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), El hombre elefante (Lynch, 1980) , 1984 (Radford, 1984) y un filme muy maltratado por sus productores, que resultó ser la última obra de Sam Peckimpah, que tenía un plantel inmenso, ecos de Perros de paja, un guión potente y una traducción pésima ("Clave omega"), que en su concepción original se llamó The Osterman Weekend, 1983.







En Alien, el octavo pasajero Hurt interpretaba a Gilbert Kane, un tipo simpático, de trato fácil, que no causaba problemas y que moría por culpa de un monstruo que había anidado repentinamente en él.

Le dedique a Hurt (concretamente a su personaje de Gilbert Kane) y a Harry Dean Stanton un poema a propósito del estupor, Donald Rumsfeld, Alien, el mal, los monstruos que anidan en el interior de nosotros, Max Weber y el problema filosófico de la teodicea que se incluyó en la versión revisitada de Una casa holandesa. Aforismos en Word, poemas con auto-reverse (Valencia, Ediciones Canibaal, 2016).






domingo, 31 de julio de 2016

música del pasado que sólo se puede componer en el futuro








Las últimas películas que he visto (tras 15 días de vida monacal en Bilbao, sin cine ni TV) tienen mucho en común.






El duque de Burgundy (Strickland, 2014) no es una película de lesbianas sadomasoquistas orinándose unas a otras como Todos quieren algo (Linklater, 2016) no es una película de jóvenes machistas, baseball y testosterona. Son dos películas que tratan sobre el lugar que el pasado (y el amor) ocupan en la marcha del tiempo.






Hay una cosa que ocurre con el tiempo, lo descubrieron los grandes poetas y algunos directores de cine: avanzar en la descripción del futuro es la única forma de comprender el pasado. 

¡El cuadro del pasado sólo se dibuja en el futuro!

2046, la película de Wong Kar Wai, trata, entre otras cosas, de un escritor que escribe sobre el futuro porque sabe que hay un vagón en ese tren que esconde la música de sus recuerdos.








Me gusta de ella, sobre todo, la "Polonaise" de Shigeru Umebayashi pero he tratado de compensar mi absoluta falta de talento con el piano con mucha voluntad para sacar algo parecido al "Adagio" de Secret Garden y Rolf Løvland.




martes, 26 de abril de 2016

Tilín, tilín, hijo de puta: una reseña de Vonnegut


"Tilín, tilín, hijo de puta"
Jesús García Cívico
Reseña en Revista de Letras




"Creo que no hay mejor forma de describir la poética novelesca, pero también vital, que anima al última ficción de Kurt Vonnegut (Indianápolis, 1922 – Nueva York, 2007) graciosamente publicada por Malpaso que recordar la reflexión que hace el trasunto del conmovedor Kilgore Trout acerca de El viejo y el mar.

Efectivamente, Vonnegut cuestiona en el prólogo de Cronomoto (Malpaso, 2015) el desenlace del conocido relato de Hemingway: un pescador cubano que no había pescado nada en ochenta y cuatro días atrapa de repente un pez espada. Lo mata y ata a la embarcación pero los tiburones lo devoran antes de alcanzar la costa. Pero, ¡¿por qué no cortó los mejores trozos y los protegió en el fondo de bote dejando sólo el resto para los tiburones?!






Cronomoto 1 fue al principio –al decir de Vonnegut– una novela que no avanzaba, un atasco, un laberinto, un pez espada a merced de los tiburones (de los otros tiburones) ¿Qué hacer? ¿Dejar que lo devoren antes de alcanzar la costa (la otra costa, la costa de la muerte, la costa…oscura)? No, mucho mejor “filetear el pez y arrojar el resto”.

Filetear el pez y arrojar el resto, esto es, fragmentar y subir a bordo lo más sabroso de la historia, proteger las partes suculentas en la frescura de una particular aguanieve compuesta de vitalidad y melancolía, hilarlo todo con el hilo finísimo del desencanto, la compasión, la ironía y la burla. Solución estética a un trabajo arduo, ingrato, de muchos años, pero también solución sabia a una de las cuestiones fundamentales de la vida (el desajuste entre el deseo vivir haciendo muchas cosas y nuestra, al parecer innegociable, finitud), el Cronomoto que hemos podido leer en traducción de Carlos Gardini gracias la esmeradísima editorial catalana que ya publicó del mismo autor La cartera del cretino (Malpaso, 2013) o Que levante mi mano quien crea en la telequinesis y otros mandamientos para corromper a la juventud (Malpaso, 2014) es también la última novela de Vonnegut que aún permanecía inédita en castellano.


Cronomoto: novela fileteada o ensayo bromista-novelado, salvado, –gracias al contraejemploHemingway– de las mandíbulas del mundo y de la vida; texto restaurado, seccionado tierna y ácidamente por Vonnegut (tierno cronista de las carnicerías y de los mataderos de los hombres) en sesenta y tres solomillos alrededor de una perturbación en el tiempo... 







Marc Twain escribió que de adulto nunca quiso que ningún amigo liberado de ese peso regresara a la vida. Vonnegut cita también a Thoreau: “El grueso de los hombres lleva una vida de callada desesperación”. Envenenamos el agua, el aire y el suelo, construimos sofisticados artefactos de destrucción, armas de fuego baratas como tostadoras, manejables como encendedores, violencia, apatía y ganas de morir. ¡Y eso que la mayoría de esta gente no llegó a ver la gran carnicería del siglo XX, ni siquiera Twain!Regreso previsible, penoso por repetido, regreso minuto a minuto hasta 2001. Vidas abandonadas a la inercia, vidas al remolque de un discurrir ya determinado, vidas sin aliento, vidas vividas de forma mecánica hasta el momento en que se recupera el presente: ¡el repentino regreso del libre albedrío! ¿Libre albedrío? 


Ah, pero también en el libre albedrío mucha gente vive con desgana, apáticamente, al indolente modo del suicida. También en el libre albedrío la gente ¡tanta, tantísima gente! acepta el desvarío y la violencia. Pronto se dibuja pues, en el fondo, la cuestión humanista y vital que constituye el tema principal de Cronomoto (tema en un sentido novelesco, esto es, aceptando las tesis de Kundera y Bernhard, tema en un sentido… musical): ¿qué hace el hombre con su vida? ¿dónde nace esa tendencia a la dejadez y la apatía? ¿nadie más se apercibe de la plaga del tiempo, ese laborioso humanicida? ¿por qué sucede que la gente no se siente contenta de vivir? (...) 







"Tilín, tilín, hijo de puta", Jesús García Cívico, reseña de Cronomoto, Kurt Vonnegut, Malpaso, 2015 en Revista de Letras

lunes, 14 de diciembre de 2015

Microtextos de sádicos, gatos y estrellas: un adelanto






Mientras escarbo en el solar del barrio chino junto a otros gatos buscando todos un gato que tuve cuando niño, caigo en que detesto las bolsas de plástico y las pilas y los perros y no sólo la deyección de perro y el lacerante cristal de las bombillas rotas, sino también los círculos mentirosos de cartón con forma de moneda y el daño que se hace al cuerpo con el cristal y el fuego, y, en relación con esto último, los ojos sucios y la recurrente pericia de los sádicos. 

Es decir, indagando casualmente en los modos de las dichas de la infancia, olvido, de acuerdo con la poética que precisamente caracteriza a los solares, que lo que echa escombro y polvo en esos vericuetos oscuros de lo que llamamos por comodidad el mal, parece hallar su propio solaz regenerativo exactamente en lo que detestamos de los otros (no sólo de los sádicos, por supuesto). 

Pienso en esto, en eso y en aquello mientras todos elevamos el hocico a las estrellas a punto de darnos por vencidos. 

Y sin embargo, me dice de repente el más bigotudo de mis acompañantes (foto de mi gato repartida a todos los gatos que me ayudan) me dice ese gato, cuando, qué raro, siempre pensé que era de todos el más tonto, me dice, señalando con su patita de goma allá abajo en el pasado no sé qué: «he oído un fragmento profundo de miau».




*




Me asombra por el igual la voluntad de desollar a un ser humano vivo que la luz de las estrellas, las mareas o el proceso por el cual el agua se supera por efecto de la Luna, incluso cuando, como en el caso de la tortura del cuerpo, lo provoque alguien que tiene la misma forma que yo.



*




Y como no es precisamente cortesía del hombre frente al gato dejarle pasar delante, sino que parece que éste siempre se lo exige (aunque luego se detenga de golpe el gato en el pasillo como a reflexionar un segundo irresponsable y loco acerca de esto haciéndonos algunas veces trastabillarnos y caer) tampoco definimos siempre lo que queremos pensar como cayendo en que resulta complicado resolver aquello sin subestimar lo que las palabras, el término analizado, puedan referir. 

Dicho de otra forma, para evitar tropiezos al andar con estos animales es prioritario clarificar conceptualmente poética, pasillo y gato.




*





Para el niño el pasillo es un océano. Un piélago si de mayor se hace poeta.




*



Han vuelto a enviar a un grupo de ancianas a descoyuntarse de mí y de mi gato. No sólo quieren burlarse de nosotros, quieren que encima nos sintamos raros, culpables y mal.



*




La música pero también el gato como experiencia particularísima de la vida: repentina y avasalladora.




*



El idioma de los gatos como el lenguaje de los sueños: el sobrentendido. 

En ellos (en los sueños) tanto la escena más bizarra como la circunstancia nunca vista suceden la primera vez exactamente como solían hacerlo.










miércoles, 7 de octubre de 2015

He estado buscando a alguien



El año pasado pedimos al director de unos céntricos cines de nuestra ciudad que proyectaran algunas películas (al menos algunos pases de esas películas) en versión original con subtítulos. 





Con unos niveles aceptables de alfabetización, el hecho de seguir doblando al castellano todas las películas rodadas en inglés, japonés o alemán nos parecía injustificable. 






Uno se pierde el trabajo de la actriz o del actor, la modulación de su voz, su risa, su temblor o su llanto: una parte importante de su trabajo actoral.




Además, siempre me ha parecido que el doblaje es un desatino que guarda un desagradable aire de familia con las religiones. 






Aunque lo que a mí me parezca, por supuesto, da igual, bueno, en realidad todo da igual.





Efectivamente, todo da igual. Al final nos hicieron caso. Fuimos corriendo a los primeros pases en versión original. Estaba la película y su idioma original, las butacas, todo eso y nadie más.





Robert Foster (ex- Go-Between): I´ve been looking for somebody 



domingo, 20 de septiembre de 2015

Escuchando pensamientos: Sobre Adrian Levi y My hidden pockets



Hace tiempo tuve el honor de que mi amigo Jordi y el músico Adrian Levi me acompañaran en la presentación de Una casa holandesa; luego ambos, que en realidad son la misma persona, quisieron contar conmigo en el generoso concierto que Levi ofreció en la galería de arte Mr. Pink. 






Preparé entonces un breve texto que pudiera servir, aunque nadie, ni siquiera él mismo lo necesitara, para decir algo a propósito de su estupendo disco y comprometido proyecto "My hidden pockets". 

Era este:





Escuchando pensamientos: Sobre Adrian Levi y My hidden pockets



"Que las canciones son pensamientos que paran el tiempo, lo dejó dicho Dylan. Además, de acuerdo con el poliédrico autor de Highway 61 Revisited, escuchar una canción es (o quizás mejor es también) escuchar pensamientos. 

Que la intención de hacernos pensar está contenida en el más específico afán de hacernos disfrutar con unas estupendas canciones queda patente en el discurso de fondo que Adrian Levi ha escogido para iniciar su disco de debut. Un disco destinado a una escucha emocionante, atenta y pausada, esto es, un disco consignado a detener con canciones llenas de pensamientos el tiempo: «I have a dream».

Efectivamente, el sonido tras bastidores que abre los primeros compases de My hidden pockets es el inconfundible «Yo tengo un sueño», el discurso que el 28 de agosto de 1963 pronunciaba Martin Luther King en las escalinatas del Monumento a Lincoln durante la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad, esto es, el jalón más conocido en el arduo (y habría que añadir que todavía inacabado) trecho del Movimiento por los Derechos Civiles en EEUU.

Canciones como pensamientos y pensamientos que paran el tiempo, habría pronto que aclarar que la inclusión de un referente fundamental en la estimulación de la conciencia civil por parte del músico Adrian Levi no es una cuestión gratuita ni un ejercicio ornamental: desde la primera a la última de las nueve hermosas canciones de este músico elegante y concienciado se caracteriza por añadir a la belleza propia de su melodía un impulso crítico, o como se dice ahora, un impulso social, un impulso que además, me parece sumamente acertado en su contenido. ¿Por qué?





My hidden pockets (Nevada Musirecords, 2015) abre con «Draw the line», una interpelación tan directa como actual, tan vigente como necesaria, no a la homilía abstracta que, buscando un objeto lejano, se reconforta a sí misma, sino una reflexión muy concreta acerca de la comodidad de nuestras convicciones. Todos somos virtuosos, se podría decir, incluso cuando se pone a prueba nuestra virtud… exhibimos entonces la virtud de la imperturbabilidad y del aplazamiento. Narcisismo de la bondad como impostura moral (it´s so bold speak about the other´s cold / sitting in the fire), la canción de Adrian Levi es toda una instancia a pensar sobre nosotros mismos. Nuestro país, es preciso recordarlo, no ha superado el test de su racismo más cercano: el de la minoría étnica gitana, portadora de esa «inquietante diferencia», por decirlo con la antropóloga Teresa San Román.


It´s so nice when we say we accept another skin
It´s so nice when we say we defend diversity
It´s so brave to geta long behind the wire
That makes our prejudice
It´s so bold to speak about the other´s cold
Sitting by the fire


Inmediatamente después, cuando uno empieza a percibir que está no sólo ante un disco bello o de una primera escucha muy agradable sino ante algo más… aparece la canción que acaso justifica la presencia de uno aquí (tan diletante en cuestiones musicales): «Dead Kisses». La adaptación de Los besos muertos, un poema que compuse hace tiempo, evidencia que ha sido Adrian Levi quien ha sabido encontrar y aún más, extraer belleza de esa suerte de hojas muertas que caen una noche alevosa, inopinada, sorpresivamente danzando sobre el catre. The ghost inside your steps / the poems from your past /  were riddles of my pain no son versos de E. E. Cummings (podrían serlo), son la expresión personal de un compositor sensible y sobresaliente.

Insistía Dylan –frente al ánimo explícito, por ejemplo de Lou Reed por aportar una sensibilidad literaria al rock and roll– en que sus canciones no tenían mensaje sino que se limitaba a cantar lo que pensaba, lo que incidentalmente podía evocar algo en los demás. Yo creo que este matiz se puede afortunadamente predicar no sólo del single «Dead Kisses», sino, en general, de todo My hidden pockets, temas folk-pop cantados ásperamente en un estupendo inglés con una tan crítica como sugestiva capacidad de evocación… 


Sí, en general caracteriza a esta álbum la extraña capacidad de evocar propia de la música. Estupenda prueba de ellos son «Make me smile» con una cadencia destinada a recordarse: through the snow, and the rain, / and the sun when you´re falling o I´m so sorry, quizás el tema más introspectivo del disco: I never felt the earth beneath my feet begin tu crumble and fall, se dice. Folk de tono confesional pero también de una lucidez universal: por dentro todo está lleno de bichos.





«Cuando supe que él era totalmente impermeable a Dostoievsky y a la Música –escribe en un célebre aforismo, Emil Cioran–, me negué, a pesar de sus grandes méritos a conocerlo». A contrario, la música suscita afinidades y en algún punto fraternidades. Es así que en la oscuridad de la sala podemos sentirnos pasajeramente tan cercanos a aquellos con quienes compartimos un concierto de Micah P. Hinson o de Sun Kill Moon. Y al revés, todo se nubla de extrañeza cuando alguien nos confiesa que nada le dicen los Ramones, Marianne Faithfull o Tom Waits. Sintiendo y deteniéndose a pensar canciones como «President» (una suerte de plegaria invertida) uno cae en que la boutade del autor de Ese maldito yo no es (para aquellos a los que nos interesa por igual la música y la filosofía) sino la advertencia honesta de un melómano al que no es difícil imaginar escuchando, tras otra lúcida noche de insomnio, las Variaciones Goldberg con el puño apretado entre los dientes: 


When I hear what you say
I would cut off your voice
When I see what you´ve done
I would give you on choice
I would send you there
Where the mothers cry
With the widows you´ve make
With your guns and your lies


Sentimiento hesiódicos de justicia, plegaria del inocente mirando de reojo a los verdugos: «President». Dicen los neurobiólogos (profesión sin desempleo en el futuro) que la música se almacena en el cerebro allá donde uno guardaría las joyas más preciadas. Uno no sabe, no puede saber, por qué hay momentos, por ejemplo cuando escucha los hermosos heptasílabos de «Your shame» o las interrogaciones retóricas como las de «Winter Ashes» (would you say I´m ready to ambrace your sin?) en que la analogía del lugar donde almacenamos las melodías escuchadas del pasado con una caja fuerte parece cargada de sentido. Uno también se ha preguntado por qué razón a mitad de escucha de este disco tan emotivo ha recordado que sus pensadores favoritos, sus filósofos de guardia, por así decir (de Hume a la Escuela de Frankfurt pasando por Nietzsche o Kierkegaard) han dedicado sus mejores líneas a las emociones o a ese arte que Hegel definió como Kunst des Gemüts (arte del ánimo): la música no es solo expresión de sentimientos particulares, sino de algo más amplio situado incomparablemente arriba de cualquier otro lenguaje. Es por ello (porque la música trasciende la emoción particular) que no falta en el disco el más universal (y más enigmático) de los sentimientos: el amor sobre el que han cantado en medio de la noche desde los grillos del Jurásico a la Sharon van Etten de Love more o Your love is killing me. Con todos ustedes, «Love is». 


we are in the candles in the rain
love is shear
we are crowds without a name
you have walls you can defend
love is fear


«Sarajevo», el tema que cierra el disco, es una cuestión aún de actualidad. La capital de Bosnia-Herzegovina no es sólo la ciudad donde se inició la Primera Guerra Mundial (una de las primeras vergüenzas del siglo XX, ese réptil totalitario) o la ciudad que sufrió a mitad de los años noventa uno de los más atroces asedios de la historia, Sarajevo es también la Jerusalén de Europa, un concepto lleno de peligros, quizás también, como los temas de Levi, lleno de esperanza o, parafraseando el conocido verso de Hölderlin, lleno de salvación.




Disco de escucha atenta y pausada, más luminosa que sombría, disco de música y de letras que, como esas personas empeñadas en medio de la acera en recordar, invitan a desacelerarnos también en nuestro andar y detenernos a pensar en el camino. Creador, mucho antes de My hidden pockets, de fantásticas melodías como Possible o Marshmallows, Adrian Levi no es deudor sin embargo del pasado y menos aún de sí mismo porque los que tenemos la enorme fortuna de conocer a su autor sabemos que es un músico pero también una persona llena de talento de esos que siempre miran adelante, la postura más vertical y más honesta de crecer.

Estrofas de arte mayor, himnos hipnóticos, apelaciones irrebatibles, poemas musicales, estribillos lisérgicos, melodías luminosas, sintaxis fulguradas de repente de una umbría melancólica (como las fotografías entre sombras del magnífico libreto que acompaña el disco) sirven a Adrian Levi, de manera afín a la cita de Dylan con la que comenzábamos, para detener el tiempo y escribir, en los márgenes más nebulosos del CD, descripciones críticas del mundo y de las cosas, textos meditativos cargados de razón.






Cierren los ojos y busquen, lectores de pensamientos musicales, entre los pliegues de los bolsillos de este trabajo de Adrian Levi, advertirán hermosas melodías y pensamientos resplandecientes, pero también al revés, clarividentes armonias y bellos pensamientos; llamadas a la conciencia, risas de niño, ecos de Andreas Johnson, Joseph Arthur, Barzin o… the boss, latidos de corazón. Por si fuera poco, prueba del sincero compromiso y del ánimo con el que Adrian Levi ha concebido este proyecto, una importante parte de su venta será destinada a causas sociales: predicando con el ejemplo o espíritu draw de line.

Cada época tiene sus aberraciones y sólo el lento ocurrir del tiempo permite –en el mejor de los casos– apreciarlas en toda su vergüenza y magnitud. Ocurrió en el pasado, por ejemplo, con la esclavitud o la exclusión política de la mujer. Cuestiones ambas defendidas por gente con traje serio y voz engolada. Nada hay escrito en el mapa de las estrellas acerca de que nuestra época se libre de extravíos de semejante envergadura. Apuntada la encantadora perfección pero también la sensibilidad y la inteligencia de nueve temas que invitan a pensar, queda fuera del disco el mundo con sus bestias. El mundo embrutecido, con toda su miseria y su injusticia pidiendo a gritos que algo transforme el lodazal. Corresponde a los músicos y a los poetas dirigirse a la bestia con el única arma que, como conocemos por el clásico cuento de Beaumont, resulta frente a ella poderosa: la belleza.

Pero de eso sabe Adrian Levi mucho más que yo."





viernes, 18 de septiembre de 2015