lunes, 14 de diciembre de 2020

El tipo de crítica que me gusta escribir a mí

Creo que la diferencia entre aquellos que además de escribir otros géneros hacemos crítica literaria (sea de un ensayo, de una novela, o de un libro de filosofía) y aquellos que nunca se han planteado hacerla es, como todas, una cuestión de «egoísmo» (egoísmo entendido en un sentido muy distinto al que enseguida están pensando).

¿Qué tipo de crítica me gusta escribir a mí?

Yo siempre he tratado de trasladar a la medida de mi lengua, de mi formación y de mis posibilidades, con todo el entusiasmo infantil y la perspicacia madura de la que soy capaz —y creo que siempre con un rigor no exento de amor por la cultura o de amabilidad con el autor— aquella definición de crítica que defendía W. H. Auden (La mano del teñidor) cuyo párrafo que cito a continuación fue a su vez objeto de crítica en una de las tertulias casuales propuestas por Kowalski Bellas Artes, etc.:

«¿Cuál es la función del crítico? Acercarme a obras o autores con los que no estaba familiarizado hasta ahora; convencerme de que he menospreciado determinadas obras o autores porque no los he leído con la suficiente atención; mostrarme relaciones entre obras de distintas épocas y culturas que nunca habría podido descubrir por mi cuenta porque no tengo conocimientos suficientes y nunca los tendré; ofrecerme una lectura de la obra que acreciente mi comprensión de la misma; arrojar luz sobre el proceso de construcción artística, y arrojar luz sobre la relación entre el arte y la vida, la ciencia, la economía, la ética, la religión, etcétera. Los tres primeros exigen erudición, los tres siguientes un grado mayor de perspicacia, cuando las cuestiones que suscita el crítico son nuevas e importantes».

W. H. Auden





lunes, 26 de octubre de 2020

A veces me siento y pienso y a veces solo me siento

Me gusta mucho la cantante de rock australiana  Courtney Barnett, he bailado muchas veces solo en casa escuchando «Pedestrian at Best», la canción incluida en un álbum con un título brillante: Sometimes I Sit and Think and Sometimes I Just Think: «A veces me siento y pienso, y otras veces solo me siento». Es una pena que la RAE haya suprimido el acento, o mejor, la tilde diacrítica pues el título en castellano se presta a una engorrosa confusión. 


C. B.

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Formalmente está muy cuidada, pero yo creo que a pesar de toda la ambigüedad postmoderna de Sorrentino, el joven director napolitano no puede evitar que asome el hocico aquí y allá ese tufillo inconscientemente machista, levemente fascistoide, naturalmente católico que constituye desde el primer neorrealismo la fenomenal aportación del cine italiano al arte del siglo XX.


Toni Servillo en La grande bellezza (Sorrentino, 2013)

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Folie es locura en francés, pero era también, desde fines del XVIII, un quiosco campestre lleno de  coqueterías y formas curiosas, texturas que evocan imágenes desconcertantes y objetos bizarros. Y este es el sentido básico del título que proviene del crítico Sainte-Beuve, que habló de la Folie Baudelaire, lugar de caprichos y voluptuosidades como cualquier Folie del XVIII.



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Equivocarse es humano, pero eso no significa absolutamente nada. Zizek dijo que la pandemia traería el comunismo y ni siquiera él se ha despertado comiendo en un koljós. Lo importante ya no es cómo superamos los errores sino como gestionamos la impaciencia.


Z.


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Libro de ficción que más he disfrutado esta semana: La guerra de las salamandras (1936) de Karel Čapek.
Libro de no ficción que más he disfrutado esta semana: Bajo el signo de Saturno (1972) de Susan Sontag.
Película que más he disfrutado esta semana: Días sin huella (The Lost Weekend) (1945, Billy Wilder.
Disco que más he disfrutado esta semana: Dusk, el tercer disco del dúo de Londres Ultimate Painting.




viernes, 23 de octubre de 2020

Antonio Beneyto, hombre generoso

El País

Barcelona - 23 de octubre de 2020

Obituario 

Muere Antonio Beneyto, representante del surrealismo contemporáneo

El pintor, escultor y escritor era autor de una obra poblada de criaturas híbridas y monstruosas pero llenas de humor e ironía. El escritor, pintor y escultor Antonio Beneyto ha fallecido este jueves en Barcelona víctima del coronavirus a los 86 años, después de permanecer tres meses ingresado en una clínica por otra enfermedad. Este albacetense afincado en Barcelona desde 1967 fue uno de los máximos exponentes del llamado surrealismo contemporáneo.

La obra de Beneyto está llena de figuras enfrentadas, con rostros desdoblados como si fueran el Ying y Yang; criaturas híbridas y monstruosas que ofrecen al espectador una perspectiva fantasmagórica, donde todo lo humano no es más que un recuerdo. Maestro de lo onírico, como buen continuador de lo surrealista, desarrolló un arte imaginativo, lleno de ironía y sarcasmo. Una amplia visión de su trayectoria pictórica y escultórica se encuentra en el libro Beneyto, creador postista (2002). Su obra forma parte de museos y colecciones privadas, como la Fundació Vila Casas, que cuenta, al menos, con cuatro obras. Fue designado por Carlos Edmundo de Ory, Chicharro y Sernesí como el mejor valedor de los principios fundacionales del movimiento postista -primera corriente de vanguardia de postguerra en la península que crearon estos tres artistas-, que se pueden desglosar en cinco constantes: libertad, calle, inconsciente, amor loco y euritmia.

Beneyto comenzó su carrera artística a finales de los años sesenta en Palma de Mallorca, en torno a la revista Papeles de Son Armadans, donde conoció a Robert Graves, Camilo José Cela, A. F. Molina, Cristóbal Serra, y Antoni Serra. Una vez instalado en Barcelona dirigió la colección La Esquina, en la que editan Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Ax Aub, Juan Eduardo Cirlot y Joan Brossa.

En 1987 protagonizó en la Galeria Maeght una hazaña digna del libro Guinness: pintó un dibujo de 30,5 metros de largo realizados sobre dos rollos de pianola enganchados; en el que el artista había pintado, una vez más, sus personajes: monstruos, hombres y vegetales híbridos a base de gouache y tinta china. «No tiene principio ni fin, entrada ni salida; la gente me pregunta que dónde empieza, pero el caso es que no hay secuencialidad en él; tampoco cuenta ninguna historia, es una obra absolutamente abierta a todas las lecturas», dijo el artista sobre su obra.

Autor de numerosos libros entre los que destacan los de narrativa y ensayo como Los chicos salvajes (1971), Cartas Apócrifas (1987), Eneri, desdoblándose (1998), Tiempo de Quimera (2001), El otro viaje (2003), Còdols en New York (2004), Un Bárbaro en Barcelona (2009), Escritos caóticos (2009) y Dentro de un espejo morado (2010). Fue redactor jefe de la revista de creación literaria Barcarola. También es autor de libros autobiográficos como Diario del artista suicida y textos políticos como Censura y política en los escritores españoles y críticos como Escritos caóticos. Entre sus poemas en prosa o verso destaca «Textos dentro de un espejo morado», «Un bárbaro en Barcelona» o «Tiempo de quimera, poema cinematográfico», reeditado por In-verso.


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Antonio Beneyto acompañando generosamente la presentación de Una casa holandesa de García Cívico (Canibaal, 2014) y de ediciones Canibaal en Barcelona con Jesús García Cívico y Ximo Rochera.


martes, 25 de agosto de 2020

«Lindes del arte casual y gramática de los solares» mi colaboración en Arte Casual de Francisco Ferrer Lerín (fragmento)


«Lindes del arte casual y gramática de los solares» mi colaboración en Arte Casual de Francisco Ferrer Lerín (fragmento)



Arte Casual 

FRANCISCO FERRER LERÍN

(Athenaica, 2019)


Con las colaboraciones de:


Ignasi Aballí ∙ Frederic Amat ∙ Félix de Azúa ∙ Juan Buil ∙ Francesc Cornadó ∙ Ignacio Echevarría ∙ Jesús García Cívico ∙ Jordi Ibáñez ∙ Enrique Juncosa ∙ Tecla Lumbreras ∙ Jesús Martínez Clarà ∙ Luis Martínez Montiel ∙ Joël Mestre ∙ Margot Molina ∙ Jesús Palomino ∙ Elena Ruiz Sastre ∙ Fernando del Val ∙ Antonio Viñuales ∙ Pedro G. Romero




«A mediados de los ochenta, la práctica intensiva de la ornitología de campo —o de la variante lúdica que los anglosajones llaman bird-watching— llevó a Francisco Ferrer Lerín a recorrer escenarios periurbanos donde medran especies de clara antropofilia como el gorrión común, el estornino pinto o la abubilla. En esos escenarios —pequeños cultivos, ejidos, yermos, vertederos— el escritor descubrió, al tiempo que observaba las aves, manifestaciones espontáneas de arte contemporáneo, desprovistas de intencionalidad y fruto de actividades humanas de carácter funcional. A resultas de su hallazgo redactó, en 1984, un Manifiesto donde acuñaba el término Arte Casual (A.C.) e iniciaba un proceso de captación de muestras de dicho «género» mediante la cámara fotográfica, durante un periodo de gran efervescencia creativa en el que también abordó las primeras Acciones y proyectó los primeros Táctiles. Obra colectiva de prestigiosos autores y especialistas, entre ellos Félix de Azúa, Ignacio Echevarría, Jordi Ibáñez o Pedro G. Romero, el presente volumen evalúa desde diferentes perspectivas, que van del ensayo más académico al texto de creación, el trasfondo teórico de la propuesta de Ferrer Lerín y sus resultados —necesariamente efímeros, pero transmitidos por las instantáneas de las que se ofrece una muestra—, así como las muchas cuestiones derivadas de un planteamiento que, como leemos en el Manifiesto, no es sarcástico ni revanchista ni crítico ni iconoclasta, sino en definitiva «deudor del arte último porque éste nos ha enseñado a ver, a apreciar la descontextualización, las series, los nuevos agrupamientos de objetos, los acotamientos del espacio, los empaquetamientos, los apilamientos, el azar como fuente de placer estético».


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Lindes del arte casual y gramática de los solares

Jesús García Cívico

 

Cuando en 1984 el poeta, o quizás ya, el artista total Francisco Ferrer Lerín, acuñaba la expresión «Arte casual» (AC), yo todavía frecuentaba los solares. Eran regiones del extrarradio en procesos de cambio de su uso, superficies heterogéneas en los límites de la ciudad, territorios poco industrializados en los márgenes cambiantes que unen o separan la ciudad del campo. Eran descampados excepcionalmente ocupados por muebles viejos, jirones de revista y objetos insólitos donde al levantar la cabeza de los cardos, las espiguillas y las achicorias amarillas uno distinguía primero el suave zumbido y luego el latigazo del tránsito fugaz de un tramo de autopista justo a la entrada de la ciudad en cuyas cunetas, al igual que en los lindes de otras infraestructuras, según es mi recuerdo, crecían amapolas viarias entre las grietas de alquitrán del nuevo asfalto. Lugares aparentemente sin vivencias, lugares de tránsito (de cierto tránsito), lugares de flujos dignos de olvido o que no impregnan y a la vez no-lugares en los términos del antropólogo Marc Augé que se caracterizaban, según ya sabía, tanto por cierta desafección en términos de sociabilidad humana como por la posibilidad de encontrar entre escombros y plantas ruderales (del latín rude-ris, escombro) objetos y olores muy distintos. Se distinguían también, según yo ignoraba —y si recurro a la prolepsis (en la doctrina estoica y epicúrea, conocimiento anticipado de una cosa), es decir, si recurro a aquello que solo pude saber mucho tiempo después, diría que se distinguían por la posibilidad de hallar en él una obra de arte casual, esto es, de acuerdo con la meditada definición del Manifiesto: «objetos o grupo de ellos, materiales sin vocación artística, que por su ubicación, colocación o combinación producen en el observador un placer visual sin haberlo pretendido el responsable de la situación».

En 1984, un artista de paseos y paisajes, Richard Long, rechazaba el Premio Turner en su primera edición. En lo que se refiere a las grandes coordenadas teóricas del arte, la década de los ochenta se resistía a definirse por una concreta oscilación entre la autonomía y el compromiso o por una determinada posición del péndulo entre la abstracción y lo figurativo y en su acelerado transcurrir quedaba el surco de una particular expresión del posmodernismo y una recurrente sensación de acabamiento. Más específicamente, como recuerda Benjamin H. D. Buchloh, en los años ochenta, cuando el concepto de postmodernidad estaba en auge, artistas como Georg Baselitz, Miguel Barceló o Mimo Paladino escarbaban en los predios del pasado, retomaban ciertas representaciones tradicionales y sorteaban de formas muy distintas la politización del arte y el compromiso con la realidad social. El panorama artístico en la época de las primeras Acciones y los primeros Táctiles de Ferrer Lerín se caracterizaba, en gran medida, por el abandono de algunos excesos teorizantes de tipo interdisciplinar, por la emergencia de nuevas políticas culturales como espacio de resistencia en un cruce de caminos (o de descampados) entre la vieja teoría de la desigualdad de clases y los nuevos temas de la diferencia de raza o género, de la ecología y la exclusión. Los años de la propuesta teórica de Ferrer Lerín se distinguían por distintas corrientes englobables bajo el rótulo de una posmodernidad plástica híbrida y ecléctica, por el retorno a distintas formas de pintura alegórica en gran medida aligeradas de la carga meta estética precedente y que ya apuntaban tanto a la reinterpretación y la mezcolanza de estilos y texturas como a instantes fugaces de una felicidad individual apasionada (o quizás, mejor de un placer solipsista), tanto al nomadismo fragmentario como a la ironía y la crítica corrosiva de los sistemas políticos, económicos pero también «culturales». Son los casos de Marlen Dumas («El mal es banal», 1984) que tomaba ese año como referente temático la provocativa y lúcida expresión de Hannah Arendt, de la remodelación de la historia de la fotografía de la artista y terapeuta Jo Spece, de la inspiración en la naturaleza de Miquel Barceló, del bad painting de Basquiat, del neoexpresionismo de Anselm Kiefer cuya primera exposición individual en España, «El viento, el tiempo, el silencio», tenía lugar en el Centro de Arte Reina Sofía en 1985 y cuya Vía Láctea semeja, de acuerdo con la interpretación más personal que aquí hago de los ecos del arte leriniano, tanto un campo quemado como una mirada a las estrellas, tanto un solar como un instante en la gran gramática de la creación.

Recuerdo perfectamente la cualidad insólita de los reflejos de un trozo enorme de cristal tintado empujado por las raíces de una higuera junto a una serie de plafones de amianto blancos señalizando caprichosamente otras zonas irregulares de un descampado anexo al terreno —llamado grandilocuentemente «Bulevar de las Avenidas»— donde iban a levantarse nuevos edificios para jóvenes cargados de un pesado paquete de esperanzas y una desventurada entidad bancaria dispuesta a financiarlas. Sobre la llana superficie del solar se aparece en la memoria el resto de un sillón desbaratado a la manera del arte destructivo de Kenneth Kemble. Hay noches todavía en que me aterra el espectral aspecto de un perchero equilibrado sobre un montículo de escombros; de alguna pálida forma aún distingo los pardos matices de una serie de hojas de metal dispuestas en una hilera casual y la espuma amarilla contorsionada (que esos días llamábamos «espuma pica-pica») como una de esas enormes —así me parecen ahora y no entonces— serpentinas sometidas a la oxidación de acuerdo con la menos casual voluntad de Richard Serra. ¿Y no invitaban, según entiendo ahora, también las obras de Jackson Pollock a ser leídas en todo el planeta y no solo en aquella autopista que dividía simétricamente los grandes descampados de Valencia como mapas aéreos de megalópolis con solares? Si en el futuro Ferrer Lerín iba a tener razón aquellas disposiciones casuales llevaban escritos en su lomo polvoriento el sello del arte [...] .


Un fragmento de:

Jesús García Cívico, «Lindes del arte casual y gramática de los solares», en Francisco Ferrer Lerín, Arte Casual, Sevilla: Athenaica, 2019, pp. 73-75.

miércoles, 3 de junio de 2020

En Radio Malva con Alfonso Moreira (de la página de HardCuore)

HardCuore#202. Mis mejores casetes | Jesús García Cívico

Por Hardcuore - 3 junio, 2020 11 0


Hard Cuore el programa de Radio Malva, dedicado al mundo de la canción y a todo lo que la rodea. Cuenta con Santiago en el apartado técnico y con Alfonso Moreira al micrófono. Se emite todos los martes de siete a 8 de la tarde con repeticiones los jueves de madrugada y el domingo de 10 a 11 horas.


Jesús García Cívico es licenciado en filosofía, doctor en derecho y máster en literatura comparada y crítica cultural (Universidad de Valencia). Es profesor titular de Filosofía del derecho en la Universitat Jaume I donde dirige un proyecto sobre iconografía y cultura legal. Es miembro de la Asociación Española de la Prensa Cinematográfica y autor de dos libros de ficción, Una casa holandesa (Canibaal, 2014) y la novela breve Singular (Che Books, 2018).


LISTA DE CANCIONES

1. Airscape, por Robyn Hitchcock, The Egyptians | Element of Light, 1986

2. Strange Fruit, por Billie Holiday | Strange Fruit, 1939

3. Second Skin, por The Chameleons | Script of the Bridge, 1983

4. Back to the Old House (John Peel Session), por The Smiths | Hatful of Hollow, 1984

5. Close to Me, por John Maus | We must become in the pitiless censors of ourselves, 2011

6. I Walked with a Zombie, por Roky Erickson | The Evil One, 2013

7. Centro Di Gravità Permanente, por Franco Battiato | La voce del padrone, 1981

8. Chinatown, por Wild Nothing | Gemini, 2010

9. Rückert-Lieder: Ich bin der Welt abhanden gekommen, de Gustav Mahler, por Anne Sofie von Otter & Orquesta NDR de la Filarmónica del Elba, John Eliot Gardiner | Lieder Mahler · Zemlinsky, de la Deutsche Grammophon, 1996

10. All My Happiness is Gone, por Purple Mountains | Purple Mountains, 2019.


Audio aquí 






lunes, 30 de diciembre de 2019

mis películas favoritas del año y las mejores películas de 2018



1. “A rainy day in New York” Woody Allen, 2019
2. “Hotel by the River” Hong Sang-soo , 2018 / "El hilo invisible" Thomas Anderson, 2017
3. “Dogman” Mateo Garrone, 2018
4. “Roma” Alfonso Cuarón, 2018
5. “Burning” Lee Chang-Dong, 2018
6. “Zama” Lucrecia Martel, 2017 / "Thelma" Joachim Trier, 2017
7. "Un asunto de familia" Kore-eda, 2018/ “Genèse” Philippe Lesage , 2018
8. “24 frames” Abbas Kiarostami, 2017
9. “The Florida Project", Sean Baker, 2018/ "Diamantino” Gabriel Abrantes, Daniel Schmidt, 2018
10. “Cold War” Pawel Pawlikowski, 2018
11. "Under the silver Lake", Robert Mitchell, 2018 / "Hereditary", Ari Aster, 2018
12. "Custodia compartida", Xavier Legrand, 2017
13. "Border", Alia Abbasi, 2018
14. "El Cairo confidencial", Tarik Saleh, 2017
15. "Isla de perros" Wes Anderson, 2017
16. "Un lugar tranquilo", Krasinski, 2018
17. "The Rider", Chloe Zhao, 2018
18. "Call me by your name", Guadagnino, 2017 / "Suspiria" Guadagnino, 2018.



lunes, 21 de octubre de 2019

Kaspar Hauser

Kaspar Hauser
Ejemplo de un crimen contra la vida interior del hombre
Paul Johann Anselm von Feuerbach

Epílogo de Julio Monteverde

Durante la tarde del 26 de mayo de 1828, en la localidad alemana de Núremberg, apareció, sin que nadie supiera nada de su procedencia o paradero, un adolescente con una carta en la mano. En ella, un desconocido solicitaba que se hicieran cargo del muchacho y lo incluyeran en un regimiento de caballería. Ante las preguntas de los que rápidamente se congregaron a su alrededor, su única respuesta fue: «Quiero ser jinete como lo fue mi padre».



Así dio comienzo la historia de Kaspar Hauser, una historia cuya rareza y singularidad han hecho que casi doscientos años más tarde continúe martilleando en la conciencia de Europa. Y es que pronto se descubrió que aquel adolescente había pasado toda su infancia encerrado en una habitación oscura y sin ninguna relación con el mundo exterior. A pesar de ello, parecía estar en contacto con una inocencia primordial sobre el mundo y con algunos «poderes» que poco a poco fue perdiendo con su progresiva entrada en el mundo civilizado.

Su historia recorrió toda Europa, llamando la atención de los más variopintos personajes, y acabó trágicamente cuando, sin que se sepa a ciencia cierta el autor ni la razón, fue asesinado vilmente el 14 de diciembre de 1833. Desde entonces las especulaciones sobre su origen y el significado real de su leyenda no han dejado de sucederse. El relato de su vida influyó poderosamente en la generación de románticos alemanes de la época y fue recogido posteriormente por poetas como Paul Verlaine o Georges Trakl, novelistas como Octave Aubry o Jacob Wassermann, cineastas como Werner Herzog o Peter Sehr, dramaturgos como Peter Handke o músicos como Suzanne Vega.


miércoles, 9 de octubre de 2019

Singular contra la banalidad del bien

«Singular y la banalidad del bien»

Tras Una casa holandesa, Jesús García Cívico vuelve a la ficción con Singular(Che Books), donde trata temas clásicos de la literatura: el amor y la muerte, el tiempo y la embriaguez, adentrándose con la misma soltura en el mundo de los sueños y en el de sus propios fetiches culturales y filosóficos.
La filóloga y psicoanalista Rosa Durá Celma dialoga con el autor del blog Hermosos y Malditas, a propósito de su nueva obra.


ROSA DURÁ CELMA: He advertido en Singular dos momentos en los que nos facilitas una clave de lectura de la novela, el primero de ellos es cuando el narrador, haciendo suyas palabras de Kahlil, afirma: la mitad de lo que digo carece de sentido, pero lo digo para que la otra mitad pueda llegarte. El otro momento es casi al final, cuando un segundo narrador toma la palabra.

JESÚS GARCÍA CÍVICO: Tienes razón, es la clave principal, si no de lo que he querido contar, sí de cómo lo he querido contar. Singular es una historia rara y sensible, llena de digresiones que no son delirantes, aunque el protagonista, desde luego, sí lo sea. Ese fragmento del poeta libanés da pistas sobre porqué se ha elegido un determinado estilo y me parece, en un sentido más general, una clave de la literatura que me gusta a mí: la que asume el campo inagotable de formas a las que la imaginación puede recurrir para contar.
Por ejemplo, el bebé toma mucha droga, pero lo hace como un estudiante que sacrifica el sueño en nombre del estudio, el rencor que el protagonista siente hacia Superman es ontológico: la relación que el ser mantiene con el tiempo, por último, la orgía del protagonista con cientos de mujeres nórdicas, pretende llamar la atención sobre los tics más rancios de la pornografía neoliberal. El segundo momento al que te refieres es muy importante porque en él hay una primera claudicación –la idea está presente en toda la novela–: al integrar en un momento de mucha tensión una nueva voz, se reconoce a la protagonista femenina de Singular la competencia para la crítica literaria de una historia, en la que ella misma ha participado. ¡Ni siquiera Superman ha sido capaz de hipnotizarla!

Manuel Turégano, Jesús García Cívico, Bárbara Blasco: Feria del Libro, Valencia, 2019.

ROSA DURÁ CELMA: Me han llamado la atención las dos citas que sirven de introducción a la novela. La primera está extraída de una obra de Sebald y habla sobre la angustia de un personaje que se siente atraído por el abismo y piensa en precipitarse por encima de una barandilla. La segunda es la fórmula de la Ley de la gravitación universal. Bien, no puedo dejar de preguntarme sobre la tensión entre ambas, el empuje a la caída y la ley que hace que los objetos permanezcan en tierra.

JESÚS GARCÍA CÍVICO: Elegí con mucho cuidado los dos frontispicios. Uno es de Austerlitz, la novela del escritor de finales del siglo pasado que más admiro, W. G. Sebald y el otro es del científico más importante de todos los tiempos, Isaac Newton. Ambos se refieren a la caída. El escritor expresa la atracción por la idea de lanzarse al vacío en el patio de una escalera; el otro describe cómo los cuerpos son atraídos a la tierra por la fuerza de la gravedad. Singular es la tensión entre dos discursos como formas de entender el mundo y manejarse en él: el literario y el científico. En esa tensión entre la ciencia y la literatura, el personaje aspira a resolver el problema de la naturaleza de su poder, es decir, la posibilidad de subir a golpes con el hombro una fachada solo le permite, aparentemente, atisbar en el horizonte de la historia, cada vez más lejos, cada vez más antiguo, el origen del mal.

La entrevista completa aquí
Miguel Blasco y Jesús García Cívico en la caseta de Bibliocafé, Jardín de los Viveros, Valencia


sábado, 1 de septiembre de 2018

«Singular»



«Un bebé que se lanza al vacío para fumar tranquilo bajo los coches aparcados en una oscura avenida, un superhéroe con complejo de Edipo y puño americano circunvalando la Tierra para marchar el tiempo hacia atrás, un club literario de mujeres con giba de camello amantes del sexo y la literatura de W.G. Sebald; un narrador improbable entre Phillip Marlowe y Víctor de Aveyron, el pequeño salvaje de Truffaut …  En realidad, Singular, con todos sus lamentos sobre el destino trágico del hombre, con todo el escándalo alrededor de la tortura  –de los textos clásicos de Foucault y Améry a la prisión de Abu Ghraib-, con todo su delirio pornográfico y su universo surrealista de babosos escaladores de edificios, trata temas clásicos de la literatura: el amor y la muerte, el tiempo y la embriaguez, unido todo con el material del que está hecha la misteriosa saliva con la que se adentra uno en el mundo de los sueños».






domingo, 30 de julio de 2017

Lectura con micro de Celan




«Corona»
Paul Celan

En mi mano el otoño come su hoja: somos amigos.
Extraemos el tiempo de las nueces y le enseñamos a caminar:
regresa el tiempo a la nuez.

En el espejo es domingo,
en el sueño se duerme,
la boca dice la verdad.

Mi ojo asciende al sexo de la amada:
nos miramos,
nos decimos palabras oscuras,
nos amamos como se aman amapola y memoria,
nos dormimos como el vino en los cuencos,
como el mar en el rayo sangriento de la luna.

Nos mantenemos abrazados en la ventana, nos ven desde la calle:
tiempo es de que se sepa,
tiempo es de que la piedra pueda florecer,
de que en la inquietud palpite un corazón.
Tiempo es de que sea tiempo.

Es tiempo.

De «La arena de las urnas» (1948). Versión de José Ángel Valente



sábado, 28 de enero de 2017

Gilbert Kane, el primer pasajero



John Hurt, que murió ayer, era, probablemente, mi actor favorito.



Mis 5 películas preferidas de Hurt fueron: El expreso de medianoche (Alan Parker, 1978) Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), El hombre elefante (Lynch, 1980) , 1984 (Radford, 1984) y un filme muy maltratado por sus productores, que resultó ser la última obra de Sam Peckimpah, que tenía un plantel inmenso, ecos de Perros de paja, un guión potente y una traducción pésima ("Clave omega"), que en su concepción original se llamó The Osterman Weekend, 1983.







En Alien, el octavo pasajero Hurt interpretaba a Gilbert Kane, un tipo simpático, de trato fácil, que no causaba problemas y que moría por culpa de un monstruo que había anidado repentinamente en él.

Le dedique a Hurt (concretamente a su personaje de Gilbert Kane) y a Harry Dean Stanton un poema a propósito del estupor, Donald Rumsfeld, Alien, el mal, los monstruos que anidan en el interior de nosotros, Max Weber y el problema filosófico de la teodicea que se incluyó en la versión revisitada de Una casa holandesa. Aforismos en Word, poemas con auto-reverse (Valencia, Ediciones Canibaal, 2016).






domingo, 31 de julio de 2016

música del pasado que sólo se puede componer en el futuro








Las últimas películas que he visto (tras 15 días de vida monacal en Bilbao, sin cine ni TV) tienen mucho en común.






El duque de Burgundy (Strickland, 2014) no es una película de lesbianas sadomasoquistas orinándose unas a otras como Todos quieren algo (Linklater, 2016) no es una película de jóvenes machistas, baseball y testosterona. Son dos películas que tratan sobre el lugar que el pasado (y el amor) ocupan en la marcha del tiempo.






Hay una cosa que ocurre con el tiempo, lo descubrieron los grandes poetas y algunos directores de cine: avanzar en la descripción del futuro es la única forma de comprender el pasado. 

¡El cuadro del pasado sólo se dibuja en el futuro!

2046, la película de Wong Kar Wai, trata, entre otras cosas, de un escritor que escribe sobre el futuro porque sabe que hay un vagón en ese tren que esconde la música de sus recuerdos.








Me gusta de ella, sobre todo, la "Polonaise" de Shigeru Umebayashi pero he tratado de compensar mi absoluta falta de talento con el piano con mucha voluntad para sacar algo parecido al "Adagio" de Secret Garden y Rolf Løvland.




martes, 26 de abril de 2016

Tilín, tilín, hijo de puta: una reseña de Vonnegut


"Tilín, tilín, hijo de puta"
Jesús García Cívico
Reseña en Revista de Letras




"Creo que no hay mejor forma de describir la poética novelesca, pero también vital, que anima al última ficción de Kurt Vonnegut (Indianápolis, 1922 – Nueva York, 2007) graciosamente publicada por Malpaso que recordar la reflexión que hace el trasunto del conmovedor Kilgore Trout acerca de El viejo y el mar.

Efectivamente, Vonnegut cuestiona en el prólogo de Cronomoto (Malpaso, 2015) el desenlace del conocido relato de Hemingway: un pescador cubano que no había pescado nada en ochenta y cuatro días atrapa de repente un pez espada. Lo mata y ata a la embarcación pero los tiburones lo devoran antes de alcanzar la costa. Pero, ¡¿por qué no cortó los mejores trozos y los protegió en el fondo de bote dejando sólo el resto para los tiburones?!






Cronomoto 1 fue al principio –al decir de Vonnegut– una novela que no avanzaba, un atasco, un laberinto, un pez espada a merced de los tiburones (de los otros tiburones) ¿Qué hacer? ¿Dejar que lo devoren antes de alcanzar la costa (la otra costa, la costa de la muerte, la costa…oscura)? No, mucho mejor “filetear el pez y arrojar el resto”.

Filetear el pez y arrojar el resto, esto es, fragmentar y subir a bordo lo más sabroso de la historia, proteger las partes suculentas en la frescura de una particular aguanieve compuesta de vitalidad y melancolía, hilarlo todo con el hilo finísimo del desencanto, la compasión, la ironía y la burla. Solución estética a un trabajo arduo, ingrato, de muchos años, pero también solución sabia a una de las cuestiones fundamentales de la vida (el desajuste entre el deseo vivir haciendo muchas cosas y nuestra, al parecer innegociable, finitud), el Cronomoto que hemos podido leer en traducción de Carlos Gardini gracias la esmeradísima editorial catalana que ya publicó del mismo autor La cartera del cretino (Malpaso, 2013) o Que levante mi mano quien crea en la telequinesis y otros mandamientos para corromper a la juventud (Malpaso, 2014) es también la última novela de Vonnegut que aún permanecía inédita en castellano.


Cronomoto: novela fileteada o ensayo bromista-novelado, salvado, –gracias al contraejemploHemingway– de las mandíbulas del mundo y de la vida; texto restaurado, seccionado tierna y ácidamente por Vonnegut (tierno cronista de las carnicerías y de los mataderos de los hombres) en sesenta y tres solomillos alrededor de una perturbación en el tiempo... 







Marc Twain escribió que de adulto nunca quiso que ningún amigo liberado de ese peso regresara a la vida. Vonnegut cita también a Thoreau: “El grueso de los hombres lleva una vida de callada desesperación”. Envenenamos el agua, el aire y el suelo, construimos sofisticados artefactos de destrucción, armas de fuego baratas como tostadoras, manejables como encendedores, violencia, apatía y ganas de morir. ¡Y eso que la mayoría de esta gente no llegó a ver la gran carnicería del siglo XX, ni siquiera Twain!Regreso previsible, penoso por repetido, regreso minuto a minuto hasta 2001. Vidas abandonadas a la inercia, vidas al remolque de un discurrir ya determinado, vidas sin aliento, vidas vividas de forma mecánica hasta el momento en que se recupera el presente: ¡el repentino regreso del libre albedrío! ¿Libre albedrío? 


Ah, pero también en el libre albedrío mucha gente vive con desgana, apáticamente, al indolente modo del suicida. También en el libre albedrío la gente ¡tanta, tantísima gente! acepta el desvarío y la violencia. Pronto se dibuja pues, en el fondo, la cuestión humanista y vital que constituye el tema principal de Cronomoto (tema en un sentido novelesco, esto es, aceptando las tesis de Kundera y Bernhard, tema en un sentido… musical): ¿qué hace el hombre con su vida? ¿dónde nace esa tendencia a la dejadez y la apatía? ¿nadie más se apercibe de la plaga del tiempo, ese laborioso humanicida? ¿por qué sucede que la gente no se siente contenta de vivir? (...) 







"Tilín, tilín, hijo de puta", Jesús García Cívico, reseña de Cronomoto, Kurt Vonnegut, Malpaso, 2015 en Revista de Letras