viernes, 17 de febrero de 2012

¿hablan los correos de felicidad en la bandeja de trash?

"Podemos sobreponernos una y otra vez al infortunio pero me temo que no a la felicidad".
               
Jesús G. Cívico, aforismos en "word",  poemas con auto-reverse, 2011


Ayer pasé por la vieja cuenta de correo que aún tengo en hotmail buscando algunas fotos. Después de varios años eran legión los correos que llamamos, en un exceso de criterio, "basura". Olían raro, por haberse pasado de fecha, sobre todo unos cuantos anuncios de libros de autoayuda. Abrí uno de esos correos al azar: su lectura, decía el autor, es una guía infalible "para alcanzar la felicidad". Muchos correos parecidos. Apenas nadie real, apenas nada con sentido, apenas algo legible, al parecer ningún afecto o interés sincero habría dejado allí, en medio de un mundo feliz, delirante y virtualmente en venta, su infeliz huella de humano. Umh... la felicidad ¿está ahí fuera o dentro de nosotros mismos? oí que discutían pedante y ensordecedoramente los correos de hotmail ya en la bandeja de trash. ¡Y yo que sé! ¡dejadme en paz! les dije con urgencia, porque hace tiempo que no me dirijo a nada humano. Se habla tanto de la felicidad de lo cercana que se halla, de lo fácil que resulta alcanzarla, adquirirla,  comprarla, recetarla, incluso aplicarse en el estudio de la misma, que uno no puede sino considerarse...  un inepto, un desmañado ejemplo de pereza, un torpe, un indigente, un sin coaching, un... una,  una excepción culposa, les dije luego, un poco con voz trémula, arrepentida por el grito pero digna. ¿Es que no os parece la felicidad un estado un tanto esquivo? ¿Uno de esos que sólo se alcanza precisamente cuando no se busca? añadí luego socrática y paternalmente mientras de forma aleatoria volvía a hotmail a correos aún más antiguos pulsando una fecha y el primer nombre que me venía a la cabeza. Y allí estaban las fotos que buscaba bajo la cita de Walter Benjamin (¡sobre el inconsciente de las fotos!) en el frontispicio de un antiguo cruce de correos, la vieja exposición fotográfica de un amigo, el recorte de la reseña que me atreví a publicar en un diario: "passava per allí" y un ir y venir de jazzísticos, casuales afectos que en su día quisieron dejar también constancia de que habían pasado por allí, igual que Carles que se había empeñado aquel año en echar luz sobre las cosas, en imprimir su mirada en el pasar del tiempo, por decirlo así, como intuyendo que pronto su correo también sería sepultado (igual que todo lo demás ahí fuera) por enormes montañas de bonos-correos basura, se había animado Carles, quizás también comprometido, Gisbert, en dejar enmarcada en un instante la impronta modesta de algo real y sin embargo feliz que sucedía.





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