Alan Rudolph (Los Ángeles, California, 18 de diciembre de 1943)
blog de cívico
Inventario: poemas, música, teatro, novela, imaginario. Inventory: Poems, music, novel, films, imaginary by J.G.Cívico (Valencia, 1969)
domingo, 19 de julio de 2026
lunes, 13 de julio de 2026
Adios, Sam, ahora ya sabes cómo acaba la peli
martes, 7 de julio de 2026
presentación colección Conceptos en El Imperio
Presentando la colección Conceptos de ensayo de Vincle Editorial con el editor Manolo Gil, los autores Susana Gisbert Grifo Jesús García Cívico Carmen Amoraga Toledo y la bailarina Susan Mompó Gisbert.
Gracias Librería El Imperio. Gracias Mamen Monsoriu Melero y a todos los que nos habéis acompañado en una tarde tan calurosa.
sábado, 13 de junio de 2026
más nubes
En japonés, nube se dice kumo, 雲, aunque en algunas palabras compuestas se transforma en gumo. Dos películas de Mikio Naruse que he podido ver en la Filmoteca de Valencia hace poco llevan esa materia en el título original, Ukigumo, Nubes flotantes, e Iwashigumo, Nubes de verano. En ellas la nube es una forma de reorientación en el mundo. Cuando escribí La condición despistada, pensé muchas veces en las nubes de Constable, masas cambiantes para el estudio científico de la atmósfera y la ensoñación, la pérdida de atención y la fuga de lo perentorio. También pensé en otras nubes más terribles, las nubes negras de los campos de exterminio. Las nubes de Naruse son delicadas y crueles, íntimas e históricas. En Nubes flotantes, Yukiko avanza como alguien que hubiera perdido el suelo al volver de la guerra y del imperio derrumbado. No vive solo un amor desgraciado. Vive dentro de una nube de promesas incumplidas, ruinas, deseo y humillación. En Nubes de verano, Reiko tampoco camina sobre una tierra firme. La familia, el campo, la obligación y el amor forman alrededor de ella una intemperie inmóvil, una suerte de solar.
Y es que la condición nefelibata, ese andar por las nubes, no siempre tiene algo risueño. A veces es el último abrigo del ser, una manera de protegerse cuando nada resulta reconocible salvo las nubes. En Naruse, estar despistado no es distraerse de lo importante, sino intuir que no sabemos recordar dónde lo dejamos.
viernes, 12 de junio de 2026
me hicistéis mal: un ensayo para la colección conceptos de vincle editorial
Todo el mundo anda a la gresca, ofendido, rencoroso, inclinado a exagerar sus heridas y a enzarzarse por cualquier cosa. Abundan los agraviados crónicos, las susceptibilidades infladas y esa paciencia hostil con la que tantos aguardan su revancha, a un tiempo intempestiva y teatrera, como en una película de terror. En ese paisaje social, culpar a los líderes resulta demasiado fácil.
Al fin y al cabo, a ellos también los ponemos nosotros. En Me hicisteis mal, García Cívico compone una fisiología, un retrato de tipos morales de la época y sus «defectos de fábrica». Entre el ensayo de ideas, la crítica cultural y una ironía sombría, este libro «enfadado» defiende el conocimiento, la belleza, la solidaridad y una idea de cultura entendida como cultivo de sí, en un nuevo siglo que ha hecho del victimismo, el antiintelectualismo, la crueldad ostentosa, la frivolidad narcisista y el mal gusto una inquietante forma de vida.
lunes, 13 de abril de 2026
lunes, 9 de marzo de 2026
sobre la publicación de Cinematografía del espíritu
domingo, 8 de febrero de 2026
recuperando reseñas literarias: La última vez que fue ayer
viernes, 2 de enero de 2026
Mis películas favoritas de 2025 entre las mejores
1. Resurrección, Bi Gan
2. Una batalla tras otra, Paul Thomas Anderson
3. Alpha, Julia Ducornau / Eddington, Ari Aster
4. Bugonia, Yorgos Lanthimos
5. Father, Mother, Sister, Brother, Jim Jarmusch
6. Un simple accidente, Jafar Panahi
7. A la deriva, Jia Zhangke
8. Sirat, Oliver Laxe
9. Monkey, Osgood Perkins
10. Valor sentimental, Joachim Trier
11. Misericordia, Alain Guiraudie
12. After the Hunt / Queer, Luca Guadagnino
13. The Mastermind, Kelly Reichardt
14. Abril, Dea Kulumbegashvili.
15. Grand Tour, Miguel Gomes
16. Kontinental ’25, Radu Jude
17. El extranjero, François Ozon
18. La acompañante, Drew Hancock
19. Romería, Carla Simón
20. A complete unknown, James Mangold
21. Aún estoy aquí, Walter Salles
22. Maria Callas, Pablo larraín
23. Mi amiga Eva, Cesc Gay
24. Good Boy, Ben Leonberg
25. Los sudarios, David Cronenberg
miércoles, 31 de diciembre de 2025
martes, 19 de agosto de 2025
domingo, 10 de agosto de 2025
dias de cine en agosto
Dias de cine:
Ayer en Geldo Ayuntamiento de Geldo en la clausura del meritorio y ya muy querido festival Fast Film Geldo y Acción en su séptima edición conducida por Dani Orviz (Deslenguados) con David Trashumante (Lalenta - Invernadero cultural y creativo) y David Quiles el alcalde de este oasis cultural.
Gracias por la amabilidad y sobre todo por organizar cosas como esta.
Hoy: uno de mis planes veraniegos preferidos es ir al cine de verano del Parque de la Bombilla en Madrid tras cenar pollo y beber sidra en Casa Mingo (restaurante popular fundado en 1888) y que a mí me trae a la cabeza el disco de los maravillosos y no suficientemente reconocidos (salvo por críticos musicales y otras grandes bandas ) Miracle Legion que contiene canciones como All for the best o Mr. Mingo.
jueves, 29 de mayo de 2025
Fanny y Alexander en modo Skinamarink
Más allá de la bella emoción que sentí anoche al terminar el quinto capítulo de Fanny y Alexander (1982), la obra maestra de Ingmar Bergman que vi por primera vez a muy tierna edad, una cosa que me ocurrió desde la escena inicial en la que Alexander, que se cree solo en casa, ve moverse la escultura del salón es que la vinculé a la singularísima Skinamarink, la poco recomendable pero muy querida para mí, película de Kyle Edward Bal.
jueves, 22 de mayo de 2025
reina del grito
Con Desirée de Fez en Fundación Cañada Blanch (Valencia)
Qué lujo que Solar maldito (Estefania, 2025) de Esteban Rey (del que actúo como testaferro) esté en manos de la autora de Reina del grito y de tantas inteligentes críticas y reflexiones sobre cine de miedo.
Estupenda su charla sobre el terror con David Perfumme que sabe mucho de este género.
jueves, 15 de mayo de 2025
Habitada de Cristina Sánchez-Andrade: un extracto de El Hype
lunes, 3 de febrero de 2025
Las 24 mejores películas de 2024
Mis preferidas por orden:
1. Bird (Andrea Arnold, 2024)
2. Anora (Sean Baker, 2024)
3. Disco Boy (Giacomo Abbruzzese, 2023) / ex aqequo con Cuando acecha la maldad (Damien Rugna, 2023)
4. La quimera (Alice Rohrwacher, 2024) ex aquo con Love Lies Bleeding (Rose Glass, 2024)
5. La semilla de la higuera sagrada (Mohammad Rasouslof, 2024)
6. The Beast (Bertrand Bonello, 2024)
7. El mal no existe (Ryûsuke Hamaguchi, 2023)
8. Nosferatu (Robert Eggers, 2024)
9. Cuando cae el otoño (François Ozon, 2024)
9. No esperes demasiado del fin del mundo (Radu Jude, 2023) /
10. Emilia Pérez (Audiard, 2024) /
ex aqeuo I Saw the TV Glow (Jane Schoenbrun, 2024)
11. Animalia (Sofía Alaoui, 2023)
12. In a violent nature (Chris Nash, 2024)
13. Kinds of Kindness (Lanthimos, 2024)
14. El último late night (Cameron Cairnes, Colin Cairnes, 2023)
15. No Other Land (Basel Adra, Hamdan Ballal, Yuval Abraham and Rachel Szo, 2024)
17 All We Imagine as Light (Payal Kapadia, 2024)
19. Casa en flames (Dani de la Orden, 2024)
20. Dune Part II (Villeneuve, 2024)
21. Civil War (Alex Garland, 2024)
22. Segundo premio (Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, 2024)
23. Volveréis (Jonas Trueba, 2024)
24. Descansa en paz (Thea Hvistendahl, 2024)
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| Mikey Madison en Anora (Baker, 2024) |
jueves, 23 de enero de 2025
Solar maldito en el Ubik
Incluso en las épocas más tenebrosas del espíritu...
esas que uno se empeña inútilmente en enterrar, suele haber momentos, rostros y atmósferas que debemos retener en nombre de la completitud de nuestro ser. Esto es lo que me ocurrió con el autor de este aterrador relato que se disponen a leer. Conocí a Esteban Rey en la sala de espera de una Unidad de Conductas Adictivas de la Avenida del Puerto. Yo acudía regularmente allí como consecuencia de una recaída politoxicómana sufrida al terminar mis estudios de Filosofía y Letras. Él, sombrío y solitario, parecía adicto a la desaparición y la huida. Ambos bebíamos de más. Ambos sufríamos sueños con símbolos y significados, ambos padecíamos raptos de auto decepción, un temperamento fatídico y una lamentable propensión a olvidar. Nuestra subjetividad era todavía literaria y en cierta manera refractaria a la densidad de imagen del capital. En la conocida clasificación de Josep Pla, no éramos «amigos», no éramos «conocidos», apenas éramos «saludados» pero sus «holas» proferidos de canto, sus «malos días» y «malas noches» al despedirse y aparecerse en su triciclo, acompañados siempre de una vertiginosa contorsión venían tentativamente rodeados de signos que por una recóndita razón yo creí entender bien.
Había algo en aquella complicidad misteriosa afín a ciertas e incomunicables pérdidas, a depresiones periódicas y a ignotas ciencias ancestrales. Algo había en nuestra episódica connivencia de una naturaleza tal que no me extrañó que el día que definitivamente desapareció me escribiera una carta convirtiéndome en albacea de sus aterradores relatos. Quizás porque nuestros cruces acontecían en espacios poco transitados, en solares del extrarradio, en locales sin horario, en los sótanos de algunas librerías de lance de Ruzafa, en franjas de costa desolada, dunas vacías y gasolineras de la autopista a Carcaixent (los no-lugares de Marc Augé), cuando se presentó, con su imponente altura, su sobrepeso y su aspecto hindú, y caí en la cuenta de la traducción al ingles de su nombre ambos repetimos de memoria el mismo fragmento de Salems Lot y él debió interpretar aquello como un «sí» ¿Fue esa la razón?
Es posible que ya no importe el por qué. Donde quiera que se marchara Esteban Rey aprobaría que el lector de Estefanía comenzara a recorrer con este título el Solar maldito, el frío descampado de su tenebrosa ficción.
Jesús García Cívico, Valencia, 27 de marzo de 2024
Rey, Esteban, Solar maldito, con prólogo de Jesús García Cívico (testaferro), Proyecto Estefanía. Colección Bloody Moon, 2024.
Heme Brazo (editor)
Solar Maldito
GolemFest Fiesta de la lectura
Stephen King
Esteban Rey
Fotos: Kowalski Bellas Artes Etc y Mrs. Pinkington
miércoles, 15 de enero de 2025
Hoy ha muerto el tío Lynch
La muerte de Lynch me ha dejado noqueado como a muchos de vosotros.
En casa lo queríamos como a un familiar, como a un tío extravagante de esos que en la infancia te traen regalos misteriosos, siempre son simpáticos, excéntricos y buenos contigo y encima te entienden cuando te portas mal y hacen que te sientas especial.
Fotos: Lynch en nuestra pequeña chimenea para que el fuego camine con él y Lynch a la entrada como artista genial del hogar.
Las obras con el motivo Lynch son de nuestros queridos Kowalski Cosas Bellas Artes Etc. y Marie-Lou Desmeules
jueves, 21 de marzo de 2024
Tu barrio es mi barrio: sobre la última vez que fue ayer
Barrio*
Agustín Márquez, La última vez que fue ayer, (Candaya, 2018)
Jesús García Cívico
La primera vez que vi una televisión en el color fue en casa de una vecina de mi abuela.
Aquella tarde, la señora P. había dispuesto varias filas de sillas para que los niños de la finca pudiéramos ver los dibujos en color. Como ejemplo de una obsesión inconsciente y profunda relativa a la salida de una suerte de blanco y negro vital, recuerdo también los pollitos de colores que mi abuela nos compraba a mis primos y a mí en el cruel mercado de Ruzafa, recuerdo que la hija de la carnicera se quedó embarazada con trece años y un día dejó de despachar. Embarazada de Q., según dijeron. Recuerdo que mi abuela tenía un gallinero en la esquina de una terraza que daba a un solar y a un cine de reestreno: el Lido. Recuerdo cada uno de los programas triples que pusieron.
Recuerdo que en el barrio me llamaban Gigi, o mejor, el Gigi y que gritaban mi nombre por el balcón para que fuera a cenar. Mis tíos trabajaban en un taller de chapa y pintura, justo debajo del balcón de mi abuela, mi tía una droguería casi en la esquina, los vecinos de arriba enviaban a su hijo con nosotros cuando se emborrachaban, se pegaban (por ese orden) hasta que cesaban los gritos del deslunado. No olvido, no puedo, no me resulta posible olvidar, lo que sentíamos al devolverle de la mano a aquella casa, recuerdo que en la pequeña panadería me solía encontrar con Don E., un profesor de los Salesianos que solía golpearnos en el cráneo con una campanilla de metal. Un día, de camino al colegio, escuchamos un sonido fuero y seco: era el cuerpo de la portera que el día anterior nos había regañado. Cuando su familia trató de despegar su cuerpo de la gravilla algunos chicos se rieron. Nunca había visto un muerto hasta ese día. Luego vi el cuerpo de mi abuelo: lo llevaban entre varios de mis tíos, aún no se habían quitado del hombro las escopetas.
Eso era un barrio, un tejido denso de relaciones, identidad, anhelos y brutalidad del tipo del que el joven escritor Agustín Márquez (Madrid, 1979) ha sabido describir en La última vez que fue ayer (Candaya, 2018).
Narrada en primera persona y estructurada a partir de dos episodios temporales (finales de los ochenta/ principios de los noventa), la acertadísima novela breve de Márquez me parece, básicamente (y no es poco) una emotiva descripción de las temperaturas y de los estados de ánimo que habrían de darse en la coincidencia psíquica, moral y material de dos tipos de crecimiento muy distintos: la pubertad- adolescencia (un lapso interno entre la patria eterna de la infancia —Rilke—, el crecimiento imparable y confuso o las imprecisas promesas del yo-para-con-uno) y el otro crecimiento, el exterior: cierto boom económico, el bling bling de los préstamos personales, el ensueño de una bonanza entrelazado sutilmente en la densa tela simbólica, ficcional y familiar del Un, dos tres… la luz verde, «el futuro orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros» y los incontestables (no tan optimistas) datos de la movilidad social vertical.
De ser así, La última vez que fue ayer no trataría tanto, según lo veo, de las falsas promesas de prosperidad de los barrios periféricos en las primeras décadas de la democracia, tal como ha insistido en distintos lugares el autor, sino de algo más hondo y universal: ese material emocional denso en cuyo lomo el tiempo escribe con plomo la crónica irreversible del pasado.
Narrada en primera persona y con ciertos ecos formales del clásico de Georges Perec, La vida instrucciones de uso, (alguien diría que de 13, Rue del Percebe) la composición de La última vez que fue ayer es en realidad polifónica (de acuerdo con ciertos patrones de la composición magistralmente ensayada por Cela en La colmena) y en un sentido muy lúcido, animista, de acuerdo con la comprensión de que tanto los útiles de uso cotidiano como cualquier elemento del mundo social están dotados de movimiento, vida, alma o consciencia propia.
«La carretera que atraviesa el barrio es una recta de kilómetro y medio. El pavimento está repleto de manchas de aceite, huellas de frenazos y calcomanías de animales. El asfalto cuarteado dibuja una raspa de pescado deforme, donde decenas de socavones esperan hambrientos llantas y guardabarros. Hace unos años, un tipo de fuera con más visión que la que le proporcionan sus gafas de culo de vaso, montó un taller junto a la carretera. Tiene a varios del barrio trabajando en el taller, y él solo va al final del día a hacer caja».
En este párrafo inicial quedan al descubierto las estrategias formales, la «voz» de la novela —por decirlo con el historiador de la literatura argentino, ya fallecido, Óscar Tacca— así como el tono y ritmo escogidos: evocación más o menos distanciada, frases cortas, ciertos estilemas (me temo que aquí no del todo pertinentes) propios de la novela negra clásica: cinismo, tendencia a la frase ocurrente, impudencia, guiños de clase, barriocentrismo. Se revela también la descripción prosopopéyica, no solo como recurso estilístico dominante (junto a la elipsis), sino como marca literaria de toda la historia, una historia donde el descampado, el quiosco, la calle misma evolucionan como un personaje más, con la particularidad de que nos resultan tan familiares como algunos de los secundarios más explícitos: chico B., el «camello» aficionado a los canarios, el chico obsesionado con el fuego o el chucho Mázinger.
Hay elementos narrativos conductores, básicamente, los atropellos en la autopista, que funcionan tanto como detonantes como mojones de un itinerario de un tipo de derecho público urbanístico que tiene que ver, eso sí, con la concepción tecnofílica y líneal del tiempo moderno, la idea de flecha (frente a la circularidad grecolatina), el sueño del progreso. Otro elemento es ese punto de vista interno, el del barrio, que marca tanto la perspectiva como las prioridades emocionales: etimológicamente, «barrio» (una palabra de origen árabe) apunta a lo exterior, a lo que queda fuera y aquí otro indudable mérito de Agustín Márquez es haber reintroducido o recentralizado en el guion de una historia más general, más inter-barrial, una serie de voces y estados de ánimo tradicionalmente silenciados o demasiado periféricos en nuestra literatura más reciente.
Hay un deterioro nugatorio, una pérdida, una traición en el hecho de crecer que Márquez ha sabido captar y contar perfectamente. El tono, ora etnográfico ora confesional, capta sutilmente la desorientación, la vulnerabilidad de los planes de futuro, la debilidad de los presupuestos de la meritocracia contemporánea (descritos científicamente por Bowles y Gintis, por Paul Willis: Aprendiendo a trabajar. Cómo los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera, o por el sociólogo francés Pierre Bourdieu).
Confusión, obsesiones, círculos, orgullo de barrio, guiños generacionales (esta novela o novelita la entenderán, o mejor, la sentirán sobre todo aquellos nacidos a finales de los 60 o principios de los 70), símbolos de pertenencia compartida, registro de la vulnerabilidad social, recuerdos de clase, no-lugares (Marc Augé). Sorprende gratamente la contención del estilo, aunque en algún momento puede que se haya abusado de la sordidez. Agrada, sobre todo, la fluidez del fraseo y el perfecto equilibrio entre violencia y ternura, crónica íntima y agenda personal, Agustín Márquez muestra una voz propia, auténtica que huye inteligentemente tanto de cierta pornografía miserabilista y de la cristiana «angelización» del pobre (la machacada en algunas cintas del dúo Ken Loach-Paul Laverty, o con menor originalidad, por González Iñárritu), como del realismo social más transitado.
Por acabar con otro referente cinematográfico, La última vez que fue ayer, apunta donde ya dio Barrio ((1998), el filme de Fernando Leon de Aranoa, y algunas de las magníficas estampas costumbristas de esta novela que no quiere ser social —las conversaciones alrededor del quiosco, el atardecer de las jergas marginales, las concentraciones vecinales— recuerdan el estupendo hallazgo visual del director madrileño: aquella moto acuática inútilmente enganchada a una farola en las calles de La Elipa.
En el corazón de todos los barrios —de la Avenida de la Plata a San Blas, de la periferia extremeña a Carabanchel— ocurrieron cosas raras, hermosas o dolorosas como las que cuenta este prometedor autor que ha sabido sortear con curiosa sensatez y oportunos cambios de registro tanto los excesos de la nostalgia como la hipocresía de una hipotética, superficial, posmoderna asepsia valorativa: lo hermoso y lo trágico del pasado es que sucedió antes de que averiguáramos el ambiguo registro de lo real.
Mención especial merecen a mi juicio las páginas dedicadas a los solares. Lugares de muebles viejos, jirones de revista pornográfica, vidrios, letras oxidadas y objetos insólitos, lugares donde al levantar la cabeza de los cardos y las achicorias amarillas una encuentra el estruendo de la autopista, lugares que Agustín Márquez con una insólita madurez ha sabido dibujar como espacios de libertad lírica, una metáfora difícil de atrapar pues los barrios abren y constriñen y esos descampados sin vallas son, al fin y al cabo, la primera imagen de un tipo de horizonte vital: la falta de lindes del solar apunta el incierto lugar donde puedes llegar, pero también aquel de donde no podrás escapar jamás.
miércoles, 6 de marzo de 2024
Que levante mi mano quien crea en la telequinesis
Que levante mi mano quien crea en la telequinesis, Kurt Vonnegut.
Fotos: Discutiendo sobre la presencia de Heidegger, Emily Dikinson, Peter Sellers y los personajes del autor de Matadero 5 en La condición despistada.
Universidad de Valencia
martes, 2 de enero de 2024
Mis películas de 2023 (mis preferidas entre las mejores del año)
1. Godland, de Hlynur Palmason - Anatomía de una caída, de Justine Triet
2. Trenque Lauquen, de Laura Citarella
3. Decision to Leave, de Park Chan-wook
4. Háblame, de Danny Philippou y Michael Philippou
5. La hija eterna, de Joanna Hogg – Asteroid City, de Wes Anderson
6. Cerrar los ojos, de Víctor Erice - Los asesinos de la luna, de Martin Scorsese
7. Pearl, de Ti West - El triángulo de la tristeza, de Ruben Östlund
8. Barbie, de Greta Gerwig
9. La belleza y el dolor, de Laura Poitras - Samsara, de Lois Patiño
10. El sol del futuro, de Nani Moretti - Fallen Leaves, de Aki Kaurismäki
miércoles, 1 de noviembre de 2023
El regreso de dos títulos de cabecera: Trilling y Cristopher Lash
En 1979 se publicó La cultura del narcisismo, el ensayo del sociólogo norteamericano Christopher Lasch y también se estrenó Manhattan, el film de Woody Allen y ambas referencias culturales tienen el mérito, bajo cierta perspectiva, no solo de suponer ácidos retratos de la transición socio-emocional de una época sino de anticipar más específicamente una suerte de quiebra en las nuevas subjetividades –desde la neurosis al narcisismo– que tendría su particular reflejo político las décadas siguientes: crisis de la referencias, mutaciones profesionales como preludio de la precariedad estructural, fragmentación de la vida social, subjetivismo (el efecto del relativismo en la práctica del conocimiento), decadencia del superyó.
La metodología del ensayo es la crítica cultural de cuño psicoanalítico (el narcisismo primario que comienza con el nacimiento y la paulatina constatación de que ni la madre ni el mundo son extensiones de nuestra voluntad), por eso (por «ello») aunque la imagen del teléfono móvil en la cubierta del editorial madrileña sea oportuna y no del todo improcedente, esta ilustraría solo una de las aristas del fenómeno analizado por Lasch, un hecho multicausal presidido por un enfoque freudiano donde la categoría del narcisismo no refiere tanto el egoísmo ensimismado más actual o la vanidad del selfie, sino un síntoma más o menos patológico de las tendencias culturales que incidían en la negación de la separación público-privado, en el rechazo a la dependencia del vínculo social, y por tanto en cierta crisis de la economía política, la escuela y la familia norteamericana de finales de los años 70.
Leer artículo completo publicado en El Hype pinchando aquí
La sociedad es narcisista, no porque el individuo se haya convertido en un ser vanidoso sino porque el mundo se ha ido transformando en un espejo pulido. Otro de los regresos literarios del año (en lo que toca al género del ensayo) fue la reedición de La imaginación liberal. Ensayos sobre literatura y sociedad, el clásico de Lionel Trilling reeditado por Página Indómita en 2023.
viernes, 29 de septiembre de 2023
Presentando Uzumut con su autor, Eduardo Almiñana de Cózar en Monterrey, Valencia
jueves, 14 de septiembre de 2023
Los noventa, de Chuck Klosterman (una recomendación)
Lo que permite el paso del tiempo es la claridad de cierta perspectiva y en este punto, uno de los libros de 2023 será Los noventa de Chuck Klosterman editado por Península, con prólogo de Javier Aznar.
A pesar de que algunos capítulos pueden resultar excesivamente locales (huelgas en la liga de béisbol, programas televisivos que —afortunadamente— nunca llegaron aquí), lo cierto es que el análisis de la autenticidad al hilo de los estereotipos de la Generación X en films como Reality Bites, del descrédito grunge de los alicientes de ascenso social vertical y de lo mal visto que estaba venderse mantiene cierta validez cultural desde una conciencia universal de su caducidad. Los subtextos de Friends, Seinfeld y Cheers son una delicia. Y uno ha disfrutado mucho con la ironía desbordada de un Klosterman sensacional: la campaña de Bush con Irak (tras el episodio judicial que paralizó el recuento de papeletas que podría haber dado la victoria al más sensible ecológicamente hablando Al Gore) y la conocida tesis de Baudrillard; el mordisco de Tyson a Holyfield como capítulo de cierto distanciamiento de la realidad, el dispar destino de Kurt Cobain y Tupac Shakur o las letras de Alanis Morissette como anticipo del auge de la «nueva sinceridad».
Si es verdad aquel dicho atribuido (apócrifamente) a Napoleón, de que para entender al hombre hay que saber qué pasaba en el mundo cuando tenía 20 años, entonces la disección de la crítica cinematográfica de videoclub, la influencia del teléfono fijo en las relaciones sentimentales, el bueno de Fox Mulder (Expediente X) como normalización del futuro conspiranoico y, en general, el análisis de la década que empezó con la caída del muro de Berlín (1989) y terminó con el 11/S (2001) son recuerdos imprescindibles para entendernos a nosotros mismos (los que hoy rondamos los 50) desde un tiempo seminal lleno de presagios culturales sobre el auge de la imparable estupidez que vino después.
domingo, 13 de agosto de 2023
Algunos libros leídos en 2023
Siempre incluyo en mis reseñas y críticas literarias (no son lo mismo unas y otras) algún "pero", un elemento de disgusto, por así decir.
A lo mejor porque es verano o a lo peor por la razón anterior tampoco es que me sobren los espacios para continuar escribiéndolas.
Así que haré algún comentario brevísimo por aquí:
Obviando algún «eco» excesivo (de Hrabal y de Böll, de Remarque y del cine de Václav Marhoul o Elem Klimov), lo «peor» que puedo decir de "Morir en primavera", la novela del alemán Ralph Rothmann es que ES DEMASIADO HERMOSA.
Otro de los mejores libros que he leído en lo que llevamos de año
jueves, 19 de enero de 2023
Las mejores películas de 2022 (mis preferidas entre las mejores)
A falta de ver R. M. N. de Christian Mungiu, o Hasta los huesos de Luca Guadagnino que tienen una aspecto estupendo y seguramente entren ya en la lista de 2023 (a pesar de haber sido estrenadas en festivales en 2022), esta es la lista de mis películas preferidas (las mejores de mis preferidas, o, quizás mejor, mis preferidas entre las mejores).
Conviene reparar en que dos de las mejores películas estrenadas este año, como Memoria de Apichatpong Weerasethakulo Drive my car de Ryûsuke Hamaguchi ya estaban en la lista (la copio abajo) de 2021.
Bueno, incluyo abajo la del lustro entero y ya está.
1. Licorice Pizza, Paul Thomas Anderson
2. Pacification, Albert Serra
3. X, Ti West
4. Vortex, Gaspar Noé
5. Nop! Jordan Peele
6. Benediction, Terence Davies
7. Sobre la historia natural de la destrucción, Serge Loznitsa
8. Crimes of the Future, David Cronenberg
9. Alcarrás, Carla Simón
10. As Bestas, Rodrigo Sorogoyen
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Las listas son un entretenimiento, pero también algo más que un entretenimiento |












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