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sábado, 28 de septiembre de 2013

solares: aforismos en Word




"Había yo contraído ese mal, ese gusto perverso por la reasunción indefinida y esa complacencia por el estado reversible de las obras"
Paul Valéry ,“Sobre El cementerio marino” 



“Sé breve en tus razonamientos, que ninguno es gustoso si es largo” 
Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha












Un solar es la fuente de mis sentimientos, de mis hallazgos y determinaciones.

*

Desprenderse de todas nuestras impurezas y no poder ya mantener los ojos en la grotesca aberración que nos devuelve el espejo.

*

Hasta la fecha ningún sentimiento me ha dado razones para desconfiar de él.

*

Percibir el mundo con objetividad debe ser como observar la partida de ajedrez de dos aficionados clamorosamente torpes.

*

Todos hemos acabado ahogando alguna vez a un bebé al otro lado de nuestra falsa pared con tal de evitar el llanto que podría delatarnos.

*

En lo que toca al gran cambio social y político resulta más subversivo un segundo de introspección que una semana de caceroladas.

*

Tuve la experiencia de todos los lugares, no la de cada uno de ellos.






Jesús García Cívico,  Una casa holandesa: aforismos en Word, micro-relatos, nanotextos, poemas con auto-reverse, Valencia, 2013.



lunes, 16 de septiembre de 2013

seven kinds of sin



"Esperando la lluvia en agosto, la cautela en el juicio, el aseo en la inteligencia, acaso la indulgencia, cierto cariño para empezar. Sin embargo, al parecer no puede dejar de amanecer. La naturaleza, como el filósofo, también sabe ponerse categórica."


"Inútil, inútil, inútil viajar a Holanda si se ha de pasar antes por Bélgica"



J. G.  Cívico, Una casa holandesa, Basten van Basten (ed.), Den Bosch, 2007.




1. Hablar a gritos
Guardo un improbable recuerdo de una época anterior a la pubertad:  mi pediatra me dice con gravedad que evite las drogas, las orgías, el plátano, las religiones, los nacionalismos, la berenjena, el tabaco, los huevos de insecto, los gritos, las convicciones políticas, la zoofilia, la necrofagia, los seres humanos, la comida picante.


Uno reza invariablemente a Atenea, a Zeus o a una deidad azteca por el mismo motivo por el que tuvo un coche checo, una medalla de Lenin, alquila películas en video-clubs, juega al bádminton, sigue comprando novelas de Henry Miller, busca obras de Freud sobre los sueños en las librerías de viejo, ve una y otra vez One from the heart (Coppola, 1982) y entra a comer en locales vulgares donde apenas entra nadie: la curiosa simpatía por el fracaso y en puridad por los dioses olvidados.



2. Imitar al imitador
La palabra μίμησις es posthomérica no aparece ni en Homero (en esa tradición polifónica que llamamos Homero sin que quepa decir que haya existido propiamente un poeta al que llamar así) ni en Hesíodo. Su etimología es oscura como agua de lago en la noche y es probable que se originará con los rituales y misterios del culto dionisiaco: en su primer significado (bastante diferente al actual) representaba los actos de culto de un sacerdote –baile, música y canto. Platón confirma esto, al igual que Estabrón. En el ámbito estético y siguiendo a Tatarkiewicz, la palabra que posteriormente habría de denotar el acto de reproducir la realidad en la escultura y en las artes teatrales y visuales, no significó, en un principio reproducir, la realidad externa, “sino expresar lo interior”.[1] Es muy probable que fuera debido a los siempre intrincados intereses personales de Aristóteles que la teoría de la imitación se preocupó durante siglos más de la poesía que de las artes visuales. Como resulta sabido, para Aristóteles la «imitación» fue, en primer lugar, la imitación de las actividades humanas; sin embargo, fue convirtiéndose gradualmente en la imitación de la naturaleza, de la que se suponía derivaba su perfección. En resumen y por volver al fenomenal trabajo de Tatarkiewicz, el período clásico del siglo IV a. de J. C. utilizó cuatro conceptos diferentes de imitación: el concepto ritualista (expresión), el concepto de Demócrito (imitación de los procesos naturales), el concepto platónico (copia de la realidad), y el aristotélico (la libre creación de una obra de arte basada en los elementos de la naturaleza). Mientras que, por un lado, el concepto original fue eclipsándose gradualmente, admitiéndose las ideas de Demócrito únicamente por unos cuantos pensadores (Hipócrates y Lucrecio, entre otros) , tanto el concepto platónico como el aristotélico demostraron ser conceptos básicos y duraderos en arte; se fusionaron a menudo perdiéndose frecuentemente la conciencia de que eran conceptos harto diferentes.



Detesto a los crueles, a los sádicos, al opresor, a los tiranos, a los que disfrutan rebajando al otro, a los que degustan el patetismo, a los que utilizan la cultura para humillar. Odio el lenguaje técnico de los abogados: esa jerga rebuscada sólo para epatar. Detesto a los que son fuertes con el débil y débiles con el fuerte. Detesto a quienes no devuelven los libros, a los hombres que llaman a las mujeres con diminutivos y a sus semejantes de “don”. Detesto las escenas, la pólvora y el olor a azufre. Detesto a los que gritan, a los bonachones, a los que nunca hablan, a los que se envanecen de no haber viajado, de no haber caído o de no haber leído a Lovecraft. Detesto a los que piensan que los pobres se merecen de alguna forma su desgracia. Detesto a los que entierran la colilla del cigarrillo en la arena de la playa lo cual resume bien, creo, todo lo anterior. Photo: Sonic Youth



3. El futbolismo
Hay una insufrible pijería en el terrorismo, en su afán por recrearse y someterse a la puerilidad de una jerarquía sostenida desde una estética vacua, una jerarquía de la misma naturaleza que el resto de deportes de equipo… Hay una insufrible pijería en el terrorismo, en su afán por recrearse en la puerilidad (…) típica de los deportes de equipo… paradigmáticamente del futbol. Además de compartir embrutecedora omnipresencia catódica ambos se presentan rodeados cuando no estructurados en torno a la más banal de las cursilerías.
Cursilerías, si fuera políticamente correcto decirlo así, afeminadas.



En lo que a mí respecta, trato de hablar en todo momento de una persona como si su madre estuviera delante. Relacionarme con él o con ella de acuerdo a ese hipotético escenario materno, cálido, vulnerable apéndice de un mundo helado, anhelante nervio de un breve, benévolo y seguramente injusto reconocimiento, una cierta indulgencia incluso con lo más canalla de la progenie.



4. Basar películas o novelas en hechos reales pensando que son más interesantes por ello
Tanto desgraciado en el talego por un quí-ta-me-de-a-hí--e-sas pa-jas tanta tinieblista emparedada entre libros de Bernhard y aún por tipificar el exceso de rayos uva, hablar en voz alta, el chandalismo, la mezquindad, el realismo, los jersey rosas, las máquinas tragaperras de los bares, las confesiones que no vienen a cuento, verídicas, verdaderas o mal escritas, el panegrismo, la muy española (oscura, retrógrada, sucia, violenta, primitiva, tribal)  costumbre de dar grima queriendo dar grima.
La mayoría de la gente se inventa una versión de sí misma demasiado veraz.



Abro al azar un libro de Wim Wenders mientras escucho a The Kinks, el maravilloso grupo de Ray y Dave Davies y doy con esta perla del director de Paris-Texas: “Es cierto que el rock and roll ha sacado a toda una generación de la soledad, y no sólo la ha sacado de algo, sino que también la ha llevado a algo: a la realización de la propia creatividad. Eso fue lo verdaderamente fantástico (…) del auge sobre todo de la música rock inglesa: que transmitió alegría a las posibilidades de la propia fantasía”: Transmitir alegría a las posibilidades de la propia fantasía. Prometo hacerme un decálogo con cosas como ésa si un día me convierto de repente en padre. 



5. Construir aeropuertos
Muchos de nosotros repetimos en el aeropuerto la espontánea reacción de Jacob, cuando visionó en sueños la escalera que alcanzaba el Cielo y por la cual los ángeles subían y bajaban atravesando la morada del Dios de Abraham.
La puerta de los Cielos. Los aeropuertos. Zonas de tránsito entre el cielo y la Tierra.
Antes de tomar la piedra que le servía de almohada leemos en el Génesis que exclamó: “¡Qué terrible es este lugar!”




La mujer nos espetará al menos en una ocasión todo el rencor acumulado en la historia en tanto que género esclavizado y preterido. Y tendrá razón, al menos en esa ocasión.



6. Dar codazos
El uso psicológico del codazo del uno-tras la herencia y del otro-con-la-clase detrás-hasta-la-herencia tal como se propone aquí, en tanto que un tipo de pecado (a kind of sin) no es lo mismo que el análisis psicológico del uso del mérito personal. Ejemplo del primero es el núcleo de la prescripción elitista. Son clásicos los estudios de Erich Fromm, Wilhem Reich o Theodor W. Adorno sobre los aspectos psicológicos de la adhesión del individuo a los fascismos, y en concreto a la figura del caudillo, del Führer, del Duce o de Salazar, como conocedor del Destino, depositario de los más altos méritos y encarnación infalible de las virtudes de la raza, de la patria y el por donde tira hoy Dios.  La progresiva identificación del líder fascista como el mejor hombre, encarnación de la más alta aptitud, epítome de una íntima relación con el padre del crucificado, tanto por compartir su oscura infalibilidad como por el metafísico origen de su poder y de su espada (así en España los sujetos aún considerados como “grandes” de la patria y pro-hombres reconocidos por distintas “órdenes del mérito”), la descripción del enemigo como feo, con o sin gafas, incapaz, inferior o no apto dan cuenta de la peculiar forma de entender la jxgraaaaarrrgh como piedra angular del discurso del dominio de los mejores en el fascismo; por último, el enfrentamiento del mérito de la fuerza, o del vigor frente al talento –gráficamente visible en la quema de museos y bibliotecas y en el decir conozco a tal persona por la forma en que da la mano o cómo lleva de limpios los zapatos- adelantan también el carácter ideológico, histórico y cultural tanto de la idea del codazo del uno-tras-la-herencia y del unocomoclaseenlocolectivo como de las posibilidades de transvaloración de lo meritorio. Se puede hablar así sin excesiva violencia de justificación “meritocrática” en sentido orgánico o estático –la axia o el axioma griego- o de distopía suicida de Michel Young (The Rise of Meritocracy)- un sistema de dominio y de estratificación rígido basado en la mejor aptitud de una cultura –en el colonialismo- o de una raza –en el racismo- o de un pueblo (Volk) en el fascismo. Este fenómeno resulta visible sobre todo en el campo cultural, así en Europa el auge de la base meritoria, por decirlo así, concretada en el talento certificado por el título académico significará no sólo la exclusión de otros saberes no sancionados por la razón, sino también el mirar mal o muy mal a toda actitud refractaria a la noción de progreso como pulsión escatológica y a la política de depuración del pensar y del pensarse, o por utilizar el lema de la Real Academia Española de la Lengua, de “limpieza” y del limpiarse, del quitarse y alejarse de todo resto de “saber” o de “cultura” no funcional a las gafas, las últimas obras de M. M., al porte serio, al hablar como lento y afectado o a la idea mesiánica de progreso. Por ejemplo en la situación de minorías “autóctonas” (los gitanos) o en los denominados “problemas lingüísticos”. El mérito del origen geográfico, de una raza o de un género es una constante cansina en cada intento de justificación del dominio (o del exterminio). Así por el ático frente a otras polis, por el español frente al “indio”, por el catalán frente al sevillano, por el sevillano frente al gaditano, por el gaditano frente al mundo, por el europeo frente al bárbaro, por el imperio frente a la colonia, por el ario frente al judío, por el nacional y el ciudadano de la Unión frente al nacional de terceros países hoy Third Country Nationals o de forma abreviada, inmigrante o TCN.

El aburrimiento, ese provincianismo del espíritu demasiado orgullo de sí.





Aburren soberanamente las distopías. 
Todas las distopías. De George Orwell a Aldous Huxley. Compartimos con la ética laboral calvinista el desdén por lo el trabajo fácil: imaginar un futuro dañado no requiere ningún esfuerzo.





 7. Presumir de saber mucha historia o de no saber nada de historia
Podríamos convenir, recurriendo a la conocida imagen nemonística de Vladimir Nabokov, en que la cuna que mecía al siglo XXI se balanceaba ya sobre un doble abismo: de un lado la historia que Hegel definió como “ese inmenso matadero”. Absorbida el alma de las ruinas de la granja orwelliana por las cámaras fotográficas de los cerdos que quedaron vivos; del inconveniente de haber nacido ya en el burdel de lirios que no llegó a ver Emil Cioran, el siglo XXI no supo aprender del siglo XX -ese reptil totalitario y póstumo- alguna manera en que no quería ser. De otro lado la predicción de Max Weber de “la jaula de hierro”, un horizonte férreo y carcelario, un cul de sac hiperracional informado por la misma gestell heidegeriana como dispositivo que generaba, y no era probable dejar de verlo así, la sistemática demolición de la tarde, remitiendo como única pauta de verdad a la eficacia. El abismo observado por ese historiógrafo del futuro al que recurría Helmut Dubiel le hubiera, podemos imaginarlo así, inspirado a notar lo paradójico de una situación histórica que en su vertiente liberal había producido ya suficientes síntomas para dudar de conceptos y categorías tradicionales, pero que al mismo tiempo era demasiado oscuro para poder fijar “lo nuevo” en una conceptualización propia. Roto el equilibrio antagónico -conseguido no tanto por la preexistencia de un consenso sobre el valor del respeto como por el reconocimiento resignado de las fuerzas de su mutua incapacidad de desollarse vivos- la celebración del triunfo, como radicalización de ideario, era tan fea como precipitada. Sí, el “efecto frontón” fue tan considerable que habría repercutido trágicamente en los aparentes vencedores. Esto es, la pretendida pérdida de sentido de las ideologías de izquierda habría terminado a su vez por influir en las de la derecha que en definitiva, como siempre, no tenían otra razón de ser que la de refutar aquellas. De nuevo, la misma idea que expresara Nietzsche a modo de aforismo, “en situaciones de paz el hombre belicoso se abalanza sobre sí mismo”. Y mientras la cabeza vacía que sostenía la manzana insolidaria se paseaba por la sociedad samuelsoniana de los dos tercios sorteando las diatribas como flechas neopuritanas del tipo de las de Gilles Lipovetsky y todos añorábamos la comprometida puntería de Guillermo Tell, estábamos sí, como vio el sociólogo Gil Calvo, como asnos de Buridán atrapados entre dos tentaciones, “la nostalgia de la teocracia”, respuesta reaccionaria que reclamaría el retorno de los dioses que enterraron Nietzsche y Dostoievski o la atracción del abismo nihilista desertor de toda voluntad de conocimiento y de cambio. Puritanamente, se consiguió, al menos uno siempre lo ha creído así, no caer en ninguna de ellas, o mejor aún, no caer en nada, no caer sobre ningún lugar, no caer en lado alguno, no caer ni siquiera hacia abajo, simplemente dejar de hacer pie.



Tras el éxtasis, después de una gran fiesta, a continuación de un regocijo inenarrable debe suceder como al intentar articular de nuevo un reloj que hemos desmontado sin pericia.
Transito de lo amorfo a lo formal, siempre hay alguna pieza que nos sobra o que no termina de encajar.





[1] TATARKIEWICZ, W., “Mimesis: historia de la relación del arte con la realidad”, Historia de seis ideas, Trad. Francisco Rodríguez Martín, Madrid, Tecnos, 2007, p. 301.



sábado, 20 de abril de 2013

2997, escape del planeta de los vivos




"Creo que cuando cae la noche siempre hay alguien tentado a hablar precisamente de las tres cosas que Wittgenstein envió al mundo de lo inefable (aquello que no se deja expresar con palabras): la extrañeza por la existencia del mundo, la sensación de hallarse protegido, el sentimiento de culpa".

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Una temporada con Antabuse", en Solares, Sigur Ros (Ed.), Reikiavik, 2014. 


"Pasamos el Tiempo sobre todo muertos o por nacer".

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "El acomodador" en El acomodador y otros cuentos de risa, Thomas Pynchon (Coord.), Boston Massachussets,  1969.


"Oh, resumirse sin reducirse, justificar la vida entera por un manso, humilde, precioso gesto, un detalle tierno pergeñado con ocasión de algo intrascendente carente de importancia y de sentido".

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Ginebra" en Una casa holandesa, Frankfurt, Shurkamp, 2007.

photo: sigur ros



(joven respirando con dificultad)
- ¡Corra doctor Matloff! ¡Tenemos que escapar! ¡Ya veo la nave! ¡Corra, corra, doctor Matloff! ¿Doctor Matloff? Doctor Matloff...

(Doctor Matloff susurrando)
-Corre tú joven, alcanza tú la nave. Yo estoy harto de correr. Llevo cuarenta y tres años en este planeta. Llevo cuarenta y tres años corriendo con la misma confusión en la cabeza y hoy, justo cuando corría contigo, justo cuando, como tantas tardes, corría a tu lado, justo cuando quería sobre todo correr, mientras corría pensando, equivocado, que mañana, como ayer y como hoy, que mañana también correría contigo, mientras avanzábamos, corriendo, hacia la nave, conforme la nave se recortaba contra la otra nave, me ha sido dado resolverla. Sí, corre tú joven, alcanza tú la nave. Súbete tú a la nave, a la nuestra. ¡A LA NUESTRA! Ja, ja, sigue corriendo, joven. Todo ha quedado, al fin, desvelado: 

Joven: siempre y en todo lugar se ha presentado una guerra. Una batalla entre el espacio y el tiempo. El universo es el resultado. El universo es… el campo de batalla. Hijos de la fricción entre la eternidad y el infinito, nuestro estatuto no alcanza el de la víctima. No somos víctimas, no: somos los muertos. El universo ni siquiera nos es hostil y la eternidad es, en todo caso, indiferente.
Somos muertos que viven un instante. Muertos que viven durante un tiempo. Muertos que ahora estamos vivos. Zombies que caminan apenas unos metros. En la tensión entre el infinito y la eternidad nosotros, joven que corres, joven que alcanzas ya la nave, nosotros somos, sobre todo, los muertos.

- Doctor Matloff, ¡adiós! ¡Adiós, Doctor Matloff! ¡Adiós, adiós!




  


miércoles, 27 de febrero de 2013

una casa holandesa: aforismos





“It is one thing to mortify curiosity, another to conquer it” 
Robert Louis Stevenson, The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde 


“Sé breve en tus razonamientos, que ninguno es gustoso si es largo” 
Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha 



Padre, me dice usted que dé testimonio, algún tipo de testimonio. ¿Testimonio de qué? Todo lo que he vivido es falso o es mentira (la diferencia, como sabe por San Agustín, está en función de la intención). Todo lo que he vivido, le decía, o es falso o es mentira, o parece falso o parece mentira. “Eso que dices es falso” contesta él con los ojos llenos de lágrimas. “No entiendo cómo eres capaz de hablar así. Parece mentira”. 

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Una casa holandesa" en Cívico, J. G., Aforismos en Word, poemas con Auto-reverse, 2012.

                                                                                     
Desde joven he simpatizado con el comunismo a pesar de, o precisamente por, su empeño en tratarme fatal. Luego durante mucho tiempo simplemente me avine con aquellos y con aquellas que sobre todo, me procuraban dolor. 
No soy completamente idiota y entiendo que ambas filias pueden explicarse por mi temprana formación moral cristiana de la que ya jamás podré desprenderme. ¿Por qué hice esto? ¿Por qué hiciste eso? ¿Por qué hicimos aquello? 
Manejarse, ¡manejarnos! ay, con el psicoanálisis primero torpe, luego obsesiva y al final mecánicamente como con el cubo de Rubik. 

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Pecios" en Cívico, J. G., Aforismos en Word, poemas con Auto-reverse, 2012.




En el célebre cuento “Hills like White Elephants” una pareja de la que apenas sabemos nada, habla sin mencionarlo (y sin dramatismo) del aborto. Unas décadas después, Raymond Carver da una vuelta de tuerca a la intención estética de Hemingway porque ¿de qué habla Raymond Carver cuando habla del amor? 

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Ginebra" en Cívico, J. G., Aforismos en Word, poemas con Auto-reverse, 2012.





¿Cuándo suena exactamente Vinteuil? ¿Mientras leemos a Proust o cuando dejamos de leer a Proust?

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Flotsam" en Cívico, J. G., Aforismos en Word, poemas con Auto-reverse, 2012.






Tengo un hombro más alto que el otro y la columna vertebral torcida. En cuanto bebo me pongo a largar de mí. 
Desequilibrado, transparente. 
Soy… una casa holandesa. 

GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Una casa holandesa" en Cívico, J. G., Aforismos en Word, poemas con Auto-reverse, 2012.







domingo, 23 de diciembre de 2012

el largo adiós



"Volveré con huesos firmes de tejidos duros (óseos) y osteocitos, componentes extracelulares calcificados.
Volveré con tejidos blandos, mieloide hematopoyético y adiposo.
Volveré con miembro de acero y de grasa, pues."
 


GARCÍA CÍVICO, Jesús, "Aforismos en Word, poemas con auto-reverse", Europe is living a celebration (Eds.), Brussels, 2012.
 
 
 
 
Photo: El largo adiós, Robert Altman, 1973.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

topless (poema sobre suplementos culturales)


"Ay, qué razón tenía el bueno de Faulkner al escribir que entre la pena y la nada, se elegiría la pena. "Señora, ¿qué elegiría usted entre la pena y la nada?" "¿y que elegiría usted entre la pena y la nada, caballero?" Podían haberse espetado al conocerse tantas parejas que aún dicen sin sonrojo que se aman".


García Cívico, Jesús, aforismos en word, poemas con auto-reverse, valencia, 2012

"Sí. Todo es sociología de la religión, pues no es sabido que exista otra materia".


García Cívico, Jesús, aforismos en word, poemas con auto-reverse, valencia, 2012




topless

tumbados ambos en la playa
acariciados por embates de sol equitativos
leyendo un benéfico suplemento literario
allá donde nada discrimina
tú vigilas que el niño no se funda en el océano
yo observo distante de hito en hito
entre elogio vacuo, bruma de olas, dilatación del horizonte y aceite alimonado
la parte sin bronce de tu cuerpo


García Cívico, Jesús "topless" en García Cívico, Jesús, aforismos en word, poemas con auto-reverse, valencia, 2012










la bardot by corbin, 1960

jueves, 2 de agosto de 2012

hipótesis de "noruega"

Hipótesis de “Noruega”
por Orlando Osorio (adjunto de bloguería)

“Suelo llevarme un libro al supermercado por la misma razón que cojo una chaqueta las tardes de verano: no me resulta posible dejar de entrever la potencial hostilidad de los lugares comunes, esos territorios sólo aparentemente pacíficos”, así escribe Cívico en julio de 2012 el único de los aforismos de la denominada “selección noruega” en el que resulta posible rastrear una ligera huella personal. Efectivamente, el bloguero parece liberado aquí de esa absurda pompa retórica de insufrible carga egotista que habría castigado (y cómo) los aforismos juveniles, suprime Cívico de la escasa superficie del texto toda la ganga esteticista, las blanduras andylucasistas de los oropeles ajenos y de los manierismos de otros y lo primero que llama la atención de esta selección  es su blancura, la carencia de afección ¿dónde están las acostumbradas imágenes de mal gusto con las que el bloguero castiga a su tres lectores?

“Descubrir que todos los conceptos tienen “carga” es una señal de lucidez, la chifladura viene al atribuirles intencionalidad” escribe el autor de “No te asustes, es el espíritu de Max Weber que viene a visitarme” como desdiciéndose de exiguas técnicas ajenas y posiblemente abandonando también la forma inteligente en que esos días ha apreciado más los reparos que los elogios de algunos colegas a su personal visión de la implantación del programa de Bolonia en la universidad española. ¿Pero por qué “noruega”?

Si Coyná está en lo cierto (1) , precisamente la elección de “noruega” tiene que ver con las connotaciones positivas, blancas, desarrolladas, pacíficas de ese país que otorga cada año con despreocupada incoherencia el premio nobel de la paz. Como es sabido, precisamente en 2011, año de producción de estos curiosos aforismos, el Reino de Noruega se clasificaba como el país con más alto índice de desarrollo humano del mundo (0.943). A pesar de su claridad semántica y sus acostumbrados préstamos inconscientes, como el resto de aforismos en Word, tampoco estos parecen sometidos a una severa depuración ni siquiera a una mínima recomposición como sugiere (puede que con tan excesiva como falsa insistencia) la nota preliminar o meta-aforismo (aforismos que se deshinchan). No hay aquí ni felices invenciones sintácticas, ni aparece el color naranja, ni palabras informes, ni da el bloguero el coñazo con Wendy Morgan, ni cansan sus reversiones de frases, ni desfila inopinadamente su conocido cariño por los libros de Bohumil Hrabal, ni hay pleonasmos, ni G., ni coloquialismos hollywoodienses como los que aparecían (así sobre todo en la sección III, o sección “oh, Gene Terney”) apareados con promiscuas concordancias verbales junto a altivos, obsesivos enclícitos y espaciamientos cívicos de intención obviamente lírica. ¿Hubo de escoger el bloguero el título de la selección debido precisamente a una carencia? ¿Estamos ante una tan consciente como exagerada falta de suciedad, artificial ausencia de lo deforme y de lo estrafalario, lo alto, lo sano, lo limpio, profiláctico estandarte de este nórdico país…?

Sabemos que Cívico estuvo en Noruega a principios de los noventa. El autor hubo de visitar el país conduciendo desde la costa levantina el Peugeot 106 de su hermana, trasbordado, registrado, cacheado tantas veces como tuvo que cambiar moneda (cabe recordar que en las fechas en las que el bloguero llega al puerto de Oslo, ni la moneda común ni la telefonía móvil habían asolado todavía Europa) el autor de los aforismos visitaba anonadado, el corazón abierto como un plato, los mercados hortofrutícolas del viejo continente. No, no se nos oculta que Cívico comenzaba a trabajar por entonces en el departamento de publicidad de una revista valenciana especializada en frutas y verduras. El periódico, con oficina junto al desaparecido cine “metropol” y letras times new roman despidiendo el hermoso intento de ilustrar a la burguesía agrícola valenciana, comenzaba a mandar con asiduidad a un joven bien educado, piel cetrina y mirada aniñada a recoger inserciones publicitarias al norte de Europa. La llegada de Cívico a la costa noruega coincidió, y reseñamos este dato sin malicia, con el enésimo robo de la histriónica y sobrevalorada pieza de Munch. Por lo demás, sabemos también por Coynà que no fue precisamente el nervioso trazo del expresionista sino más bien el enérgico acabado de la obra de Adolf Gustav Vigeland lo que le hubo de cautivar para siempre. En efecto, la contemplación fría y nocturna del trabajo del escultor de Mandal en el interior del Frognerparken, afectó emocionalmente al bloguero al punto de conocerse todavía hoy su incomprendido afán de pedir a los taxistas valencianos esos días de fallas: “corra, lléveme rápido al parque de Vigeland”.

Escultura en el Parque de Vigeland, Oslo, Noruega



Pero la pregunta sigue siendo pertinente ¿por qué Noruega? ¿por qué una selección noruega?

La redacción apresurada de estos aforismos permite suponer que al menos algunos de ellos surgen como una reacción. Precisamente en las fechas de la concepción de estos aforismos Cívico confiesa en la polémica entrevista con Conyà, la profunda (deep), desasosegante, perturbadora impresión que le causó aquella profesora limpia, alta, altiva y exitosa que hubo de conocer en la Universidad Católica de Malta, Clara Zerda Lightmore. Seguidora, hasta la beatitud del cine de Mel Gibson, del AC Milán, de la escuela económica de Chicago y de la mili brava, Zerda, hija de un iusnaturalista gaditano de acento cerrado profundo admirador de la generación perdida, traductor aficionado de Scott Fitzgerald y de una madre aparentemente sorda, Zerda, decía, exponía ante un seminario maltés de hombres tan maduros como entregados las claves de una particular hermeneútica de lo oscuro, exponía Zerda la solución de los secretos del texto, mientras el bloguero ahora dormitaba, se colocaba ahora inadvertidamente unos ligerísimos auriculares recuerdo del tren de Helsinbor a Helsingor y escuchaba con expresión alelada, la cabecita y los pies yéndose de varas, “the house that heavens built” el potentísimo tema de los Japandroids, clamaba Zerda mientras tanto contra el peligro de la socialdemocracia y en general del derecho, de los derechos, afirmaba Zerda la bondad intrínseca del ser humano, la belleza de Mel, el inmoral activismo de la ONU, dejaba entrever la investigadora el desconocimiento del documentalista alemán Werner Herzog y de la novela de Gustave Flaubert, manifestaba Zerda entre aplausos, nudillos gopeando rítmicamente la mesa, haber tenido siempre entre sus manos la verdad, no tu verdad, daba a conocer al auditorio Zerda el por qué de enchironar precisamente al yonki, leer la verdad del texto y enchironar a continuación a esa mujer en concreto, al extranjero malo sobre todo, y de nuevo, tras consultar, leer, interpretar y sacar la verdad del texto, volver nuevamente a la oscuridad de la glosa y sobre el yonki, concentrarse, observar, presionar, detener, enchironar de nuevo al yonki y a la mujer pobre, extranjera, mala y yonki, confesaba Zerda sus dudas sobre la redondez del globo terraqueo y la existencia mamífera del delfín, dudaba Zerda de la necesidad del impuesto, de la gravedad y del número 56, dudaba que fuera cierto que la gente sube fotos de su propia cena a facebook, que se digan entre ellos, los unos a los otros, "grande", "figura", "crack" o "eres un crack" y "en relación a" (en lugar de "en relación con" o "con relación a") o que haya personas que entierran las colillas de sus cigarros en la playa, relativizaba Zerda la miseria, la influencia de la vida en la obra de Dostoievski y la legibilidad de la filosofía de Hume. Ya en el terreno propiamente jurídico ponía en cuestión la investigadora la misma existencia física, real, histórica y no meramente hipotética de alguien que habría escrito bajo el nombre de Kelsen, concluía Zerda diciendo que concluía, que estaba ya concluyendo, afirmaba Zerda la existencia del porvenir, lo buenos que están los pescaitos y que Sevilla tiene un sabor especial, que era un placer escucharse a sí misma. Ovación. Zerda había cautivado a todos.
Al parecer cuando finalmente el bloguero se vio obligado a quitarse los cascos y dirigirle algún comentario gracioso a modo de saludo o de despedida ésta aún tuvo tablas, el organizador ya tomándola del brazo, para rebatirle a Cívico con relampagueante virulencia la conveniencia de dejar fumar en los afters, el genocidio armenio, la posibilidad del que el pasado estuviera en continuo movimiento, el misterio de la música, el principio de progresividad fiscal, el caracter voluble del amor, el devenir vertiginoso del tiempo.

Yo mismo, Osorio, querría pues aportar esta escueta pero creo que profunda entrevista con la hermenéutica señora Lightmore a fin de clarificar o al menos lanzar algunas hipótesis de indudable interés sobre el noruego título de la sección. La entrevista forma parte de un proyecto europeo de la propia Zerda: ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación theo-der I+D+i+th y asimismo se beneficia de un estancia de investigación de la investigadora, valga la redundancia, en la Universidad de verano de la Playa de Rio de Janeiro a cuyo personal quiere agradecer Zerda desde aquí su más profunda gratitud y de paso saludar ¡ey a ver si nos vemos la próxima vez!

Orlando Osorio: (incorporándose levemente de la silla) Hola Zerda (pedo)

Zerda Lightmore: (risas) (otro pedo) (más risas)

Orlando Osorio: ¿Qué coño es eso que llevas entre los brazos?

Zerda Lightmore: ¿El qué? ¿Esto? Un gato que se ha colado en mi keli.

Orlando Osorio: umh, ajá… “Vivir la vida como un proceso de extranjerización como habitando un lunar en vuestra menguante superficie de piel sin tatuaje” ¿qué te parece?

Zerda Lightmore: ¡Joder! Me ha arañado. Puto cabrón. Me dan asco los gatos. Qué tatu tan guapo.

Orlando Osorio. ¿Te mola? Me lo he hecho en la pantorrilla, ahora me toca acortar todos los pantacas y eso que empieza a hacer algo de rasca.

Zerda Lightmore: Descarao. ¿Y eso? ¿Qué es eso que llevas en la mano? ¿Es un gato?

Orlando Osorio: ¿El qué? ¿Esto? Esto no es un gato Zerda, esto es un libro.

Zerda Lightmore: ¿Lo qué?

Orlanda Osorio: Un libro Zerda pero achanta el mirlo un momentito que le voy a preguntar al gatito (risas): Gatito, ¿qué semejanzas puede haber entre Noruega y Cívico, el bloguero?

Gato: La valoración del bienestar social, haber llorado ambos por los que mueren solos y de repente en una isla (los noruegos por los asesinatos de Utuya el verano de 2011, el bloguero por el último capítulo de Lost), la familiaridad con el aire glacial, el propósito que subyace al nynorsk ("nuevo noruego") esa suerte de lengua artificial que quiere reunir, armonizar la mayoría de las formas dialectales del país, la participación activa/pasiva en "La cosa", la excelente película de John Carpenter, de nuevo el afán conciliador, unidor, armonizador, felicitante, la valoración de la paz hasta el punto de premiarla, la infantil afición exploradora, el propósito de ir muy lejos, la curiosa marcha que tenían Amundsen, Nansen y Heyerdahl, soñar a menudo con el agua muy negra y la luna muy blanca sobre la playa de Bryggen, reclamar con insistencia un territorio en la Antártida: Noruega la Dronning Maud Land (Tierra de la Reina Maud) el bloguero, un terreno, cualquier terreno, a ser posible lejos de todo, lejos de todos, también de los noruegos.




(1)
COYNÁ, Che, “A light in a Norwegian Wood”, in A Word on the words: on Civico´s aforismus, Fondo de Incultura Económica, trad. C. Z. Lightborne, México, 2012, p. 47 y ss.

(2)
El índice de desarrollo humano (IDH) es un indicador del desarrollo humano por país elaborado por el Programa de las naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Se basa en un indicador social sa en un indicador estadístico compuesto por tres parámetros: vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno.


lunes, 30 de julio de 2012

la selección noruega (aforismos en word VIII y IX): de «una casa holandesa»




Lo peor de la expresión “opinión pública”, como de la palabra “pueblo”, es su expresividad excesivamente metafórica

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Las drogas tienen un depurado sentido de la justicia restaurativa: te quitan exactamente en la misma medida en que antes te habían procurado
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ius limitum: como en el desagradable juicio del rey salomón, la auténtica madre de la constitución, de una Grundnorm no meramente hipotética, esto es, de la constitución como momento autopoiético, como “magma de significado” al confuso decir de Castoriadis, es, seguramente, el grupo social que más ha cedido en la consecución de un consenso (por supuesto más allá de la forma en que se hayan cohonestado posturas contradictorias)


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La justicia tiene que ver con el odio pero no necesariamente con el odio al adversario, al contrario, a la otra parte en el juicio…
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Las historias tristes nos hacen llorar, incluso si están escritas en inglés: so… have I been blind? have I been wrong all this time?

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Habitamos siempre un anacronismo

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Hay algo extremadamente peligroso en pensar que es más fácil seducir a una mujer fea que a una mujer muy hermosa

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La tragedia, pero también la comedia, se inicia con la primera constancia de nuestra incompletitud

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Homogenización contra hegemonía: la conjura de los orates frente al líder malogrado

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En lo que toca a la descripción de la avaricia, de la gran avaricia, la verdad siempre resulta demagógica

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Creo que Kundera tenía razón cuando escribió que los amores son como los imperios que cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también. Algo bueno tenía que tener, en fin, nuestra extraña, combatida, inquietante naturaleza de bárbaros



Jesús GARCÍA CÍVICO, Aforismos en word, poemas con autorreverse, Valencia, 2012








Flotar sin esfuerzo, innecesaria, inútil, elegantemente sobre la muerte como un buitre disidente
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Allá donde se conoce mejor la muerte que la ley el uso de la razón es otra forma de insensatez  

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Improbable verbalización de una matrona: hete ahí otro nacimiento desposeído, los primeros instantes de otro dassein
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A menudo buscando las llaves para salir de casa se encuentra uno otra cosa que había extraviado mucho, mucho, mucho tiempo atrás ¿o es que sucede al revés?
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Vivir la vida como un proceso de extranjerización como habitando un lunar en vuestra menguante superficie de piel sin tatuaje
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¿Cuántas reglas deben cambiar para que podamos decir que también el juego ha mutado?

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Cuando te acercas demasiado a una mentira, la ley de la gravedad también trata de engañarte


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Prometo que no es cierto que escuché en el velatorio de un de cuius hereditate agitur bastante adinerado el lapsus “los herederos hambrientos rodeaban la capilla al dente”

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El mio es un país lleno de ira y de envidia donde la gente dice redundantemente “hacer obras” y los que fuman lanzan, lamentablemente más con dejadez que con desprecio, todas las colillas al suelo


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Descubrir que todos los conceptos tienen “carga” es una señal de lucidez, la chifladura viene al atribuirles intencionalidad
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Sobre el dimorfismo sexual (sólo un apunte): en la mayoría de las especies de reptiles y de aves rapaces las hembras son más grandes que los machos. Es sabido que en el caso de los mamíferos suele ocurrir al revés, por lo demás y en lo que respecta al hombre (en tanto que individuo de la especie homo sapiens) al margen del lugar externo o interno donde se colocan sus órganos sexuales, parece ya demostrado que la codicia del macho es igual que la codicia de la hembra y que los individuos pelirrojos no actúan de manera sustancialmente distinta

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Suelo llevarme un libro al supermercado por la misma razón que cojo una chaqueta las tardes de verano, no me resulta posible dejar de entrever la potencial hostilidad de los lugares comunes, esos territorios sólo aparentemente pacíficos
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La petulancia de la clase dirigente no es nociva para la sociedad en su conjunto mientras ésta vigile su nivel y la primera no la combine con dosis excesivas de ignorancia
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Después de ver un documental sobre la situación de los enfermos mentales en África (los olvidados de los olvidados) he de vencer la tentación de ir a desafiar muy seriamente a las olas del mar (allá donde dicen que todo ha principiado): ¡como me salpiques te mato!


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Su currículo crece a medida que escribe currículos cuando en realidad debería suceder al revés. Debería suceder sólo al revés





Jesús GARCÍA CÍVICO, Aforismos en word, poemas con autorreverse, Valencia, 2012














nota general (nota de la sección "aforsimos en word"): aclaración, flexible-aforismo-prólogo o meta-aforismo (de los aforismos que se deshinchan):




leerá un improbable lector que aquí se dice “aforismos en word” y creo que debe darse una explicación ¿una justificación? Dejemos de entrada algo claro: que el aforismo sea en word no apunta nada bueno (el tipo de aforismo que acaso habrán leído aquí no presume de ser en word, qué va). Señala de éste en todo caso una falla, una merma, un menoscabo, el tono huidizo del texto al acabado (lo contrario del aforismo pensado de modo más ortodoxo): la imposibilidad de atrapar perfectamente y para siempre un pensamiento, un estado de ánimo. Aquí el aforismo acepta, quizás mejor confiesa, haber sido editado o procesado mecánicamente, como word o como suele decirse en “word”

el propio editor de textos, hospitalario como sabrá el lector y el usuario, a la continua revisión, a la sustracción, pero también a la adicción, al cambio en definitiva y hasta la nausea, es su fisura. Dicho de otra forma ¡por ahí pierde aire! ¿Qué aire? Su aire de aforismo. Es precisamente por ahí que pierde su aire de aforismo

Jesús García Cívico, Valencia, 2011