sábado, 26 de mayo de 2012

aforismos en word VII (la selección flotsam)


(1) nota aclaratoria:


incluida en la siempre arriesgada sección "aforismos en word" (intermitente, irregular, prescindible espacio, falsa excepción en el cansino tono con espíritu, que no rostro, de narciso que define este egotista lugar-red afortunadamente poco transitado) la selección VII, también conocida como selección "flotsam", se caracteriza tanto por la forma inesperada (algunos han insinuado que traicionera) con que prorrumpe en el sexto aforismo el ya cansino prurito de hablar de sí mismo por parte del autor, como por la emergencia oceánica, tras el naufragio de otro día en la pradera holandesa, del iris propio del sujeto-objeto del usual pensamiento del bloguero, afinidad cromática de tal iris con el verdoso tono salsa pesto de cierta playa de la costa irlandesa transitada de forma fangosa, amorosa, nocturna, irresponsable tras una cena de pescado sin espinas, oscura pernocta en bed & breakfast, trasunto en irlanda de un modo de paterna, viento helado al otro lado de la isla, sexual accident, and so on


Orlando Osorio, adjunto de bloguería, Nijmegen, pradera holandesa, 2012

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Mascullar del hombre de la limpieza: Se nota que son otros quienes friegan los restos de vuestros sueños

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Nuestras vidas son los niños que van a nadar en el mar ¿pero son nuestras vidas los niños que van a nadar en el mar?
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A menudo hablan de esa posibilidad, de estas inquietudes que en un momento de debilidad les compartimos como de un camino que hubieran transitado ya y luego desechado. Nos provocan así (no es posible saber si conscientemente) la frustración más demoledora
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La naturaleza aún no ha reparado en la dignidad intrínseca del hombre: le quema, le sepulta, le ahoga, se lo come, le pica
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En el amplio imaginario del poder, el glamour sólo es un apéndice grosero
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Me gustan las calles empedradas, las farolas encendidas intempestivamente (de madrugada o a mediodía por descuido) las chicas cojas. Y si un día me siento agradecido, ostentosamente feliz o poco desdichado me miro a mí mismo con envidia y no me aguanto. Tampoco me soporto cuando he hablado demasiado. Es cierto que envidiamos sobre todo a los felices, pero a veces también… a los callados. No es menos cierto que ser feliz es, como hablar, sólo una facultad, en el mejor de los casos una posibilidad. Ser feliz no es divertirse y callarse, por supuesto, no es lo mismo que callar.


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No ya no, sino ya nunca poder salir de viaje con los Bowles



aforismos en word (2), poemas con autorreverse, "selección flotsam", GARCÍA CÍVICO, Jesús , Valencia, 2012





playa irlandesa o playa salsa pesto, ver nota (1) (arriba)




(2) nota general (nota de la sección): aclaración, flexible-aforismo-prólogo o meta-aforismo (de los aforismos que se deshinchan):
leerá un improbable lector que aquí se dice “aforismos en word” y creo que debe darse una explicación ¿una justificación? Dejemos de entrada algo claro: que el aforismo sea en word no apunta nada bueno (el tipo de aforismo que acaso habrán leído aquí no presume de ser en word, qué va). Señala de éste en todo caso una falla, una merma, un menoscabo, el tono huidizo del texto al acabado (lo contrario del aforismo pensado de modo más ortodoxo): la imposibilidad de atrapar perfectamente y para siempre un pensamiento, un estado de ánimo. Aquí el aforismo acepta, quizás mejor confiesa, haber sido editado o procesado mecánicamente, como word o como suele decirse en “word”
el propio editor de textos, hospitalario como sabrá el lector y el usuario, a la continua revisión, a la sustracción, pero también a la adicción, al cambio en definitiva y hasta la nausea, es su fisura. Dicho de otra forma ¡por ahí pierde aire! ¿Qué aire? Su aire de aforismo. Es precisamente por ahí que pierde su aire de aforismo
Jesús García Cívico, Valencia, 2011


domingo, 20 de mayo de 2012

sendak: hermoso cuento sin moraleja


esta mañana de domingo holandés buscando en "hoy empieza todo" el programa de ángel carmona en rne radio 3, una antigua playlist sobre beach house versus cocteau twins y al gato flaubert por la ventana y entre los libros y por razones que no vienen al caso, buscando el libro sobre apogeo y fin de los estudios culturales de carlos reynoso, me he encontrado con que hace semanas murió Maurice Sendak



además de pensar (otra vez) que los nacidos en diciembre (decemberist o diciembristas) iremos siempre por detrás del mundo y de las cosas, que iremos como epimeteo comprendiendo tarde (cuando ya es tarde) el mundo y las cosas, además de pensar digo en el retardante significado de nacer en diciembre y en epimeteo, en el mundo y en las cosas y en el gran aliento que para nosotros (decemberist o diciembristas) supone tener la radio "a la carta", me ha dado pena y he pensado que lo de Sendak, que la muerte de Sendak, merece una entrada doble, aqui como "sendak: hermoso cuento sin moraleja" y allá en "la norma y la imagen" como "sendak: imprescindible imagen sin norma" lanormaylaimagen


Ilustración Sendak: Where the Wild Things Are, 1963

¿por qué? porque Maurice Sendak, un personaje fascinante, un escritor de la talla de Carroll, tuvo tres virtudes que aquí apreciamos mucho. En esa literatura a menudo descalificada como literatura “infantil", Sendak:
1) escribió para gustar a los niños y no para gustar a los adultos
2) trató a sus lectores como personas sensibles e inteligentes
y lo que resulta realmente impagable, una lección de Sendak que aún no han aprendido tantos críticos de Sendak y tantos adultos que no tienen ni idea, ni dicho sea al pasar, tienen gana alguna de saber quién es Sendak: en la imaginativa obra de Sendak y como sucede con la vida...
3) los cuentos no tienen moraleja


digna y poética versión para el cine where the wild things are, spike jonze, 2009

los cuentos sin moraleja o cuentos-sendak, la belleza de los cuentos sin moraleja que fascinan a los niños la conocí de niño cuando Joseph Conrad ("el confidente secreto") y Henry James ("otra vuelta de tuerca") asaltaron mi bibloteca infantil: fascinación por los relatos sin norma, sin enseñanza moral ni moraleja con los que, sin embargo, se conoce un poco mejor el mundo, las cosas y las personas que lo habitan 


de The New York Times, 8 de mayo de 2012 (edición digital)

"Maurice Sendak was widely considered the most important children’s book artist of the 20th century, whose works wrenched the picture book out of the safe, sanitized world of the nursery and plunged it into the dark, terrifying and hauntingly beautiful recesses of the human psyche. He died on May, 8, 20121, at the age of 83.
Roundly praised, intermittently censored and occasionally eaten, Mr. Sendak’s books were essential ingredients of childhood for the generation born after 1960 or thereabouts, and in turn for their children. He was known in particular for more than a dozen picture books he wrote and illustrated himself, most famously “Where the Wild Things Are,” which was simultaneously genre-breaking and career-making when it was published by Harper & Row in 1963.
Among the other titles he wrote and illustrated, all from Harper & Row, are “In the Night Kitchen” (1970) and “Outside Over There” (1981), which together with “Where the Wild Things Are” form a trilogy; “The Sign on Rosie’s Door” (1960); “Higglety Pigglety Pop!” (1967); and “The Nutshell Library” (1962), a boxed set of four tiny volumes comprising “Alligators All Around,” “Chicken Soup With Rice,” “One Was Johnny” and “Pierre.”
In book after book, Mr. Sendak upended the staid, centuries-old tradition of American children’s literature, in which young heroes and heroines were typically well scrubbed and even better behaved; nothing really bad ever happened for very long; and everything was tied up at the end in a neat, moralistic bow.
Mr. Sendak’s characters, by contrast, are headstrong, bossy, even obnoxious. (In “Pierre,” “I don’t care!” is the response of the small eponymous hero to absolutely everything.) His pictures are often unsettling. His plots are fraught with rupture: children are kidnapped, parents disappear, a dog lights out from her comfortable home.

Background: In 1963, a 34-year-old Mr. Sendak put together a small, handmade volume with which he had been struggling for eight years. Titled "Where the Wild Things Are" it used just 338 words and some occasionally disconcerting illustrations to tell the story of a boy named Max, who, sent to his room with no dinner, rebels by running away to a creature-infested island where he is named king of the beasts.
After a brief but exhausting adventure — “Let the wild rumpus start!” the book reads — Max returns to his bedroom, where he finds “his supper waiting for him.”
That much-honored book about childhood anger is the best-known work by Mr. Sendak, who had the gift of connecting with his childhood fears and pleasures in ways that made his most screwball concoctions feel perfectly plausible and universal.
He was a sickly child of protective parents, so fears tended to dominate. He was afraid of being kidnapped like the Lindbergh baby, who was taken from his parents in 1932, when Mr. Sendak was 4. He was scared by movies, by books, by the vacuum cleaner. He was afraid of his family, the Eastern European Jewish immigrants whom he transformed into the monsters in “Where the Wild Things Are.”
'‘I’m a typical ’30s kid,’' he said in a 1988 Times interview. '‘We had every disease. There was no penicillin, there were no sulfa drugs, and you almost died of any number of what now are considered trivial diseases. I have a memory of my childhood of often wondering about my mortality.’'
In the Sendak world, stories unfold like dreams, where images connect emotionally and serendipitously, not by the logic imposed by grown-ups when they are awake. In much of his work, beauty and sorrow walk hand in hand.
“That’s the tradition into which Sendak was born,” John Cech, author of “Angels and Wild Things: The Archetypal Poetics of Maurice Sendak,” and a professor of children’s literature at the University of Florida in Gainesville, told The Times in a 2005 interview. “His whole life’s work in some way is an attempt to understand and fathom the complexity of that heritage, with its almost unbearable legacy of loss.”
Mr. Sendak’s children’s books have often been greeted by controversy, specifically over their suitability for children. '‘Where the Wild Things Are’' was thought by some people to be too scary, and '‘In the Night Kitchen’' drew complaints because of its anatomically complete drawings.
His work became more melancholy as the Holocaust began emerging as a more powerful force — sometimes overtly, sometimes less so. The work gives children the power to conquer through art and ingenuity, reminding parents of the complicated responsibility that requires them to be hopeful but realistic about the terrible wild things out there.
He has written that what interests him most '‘is what children do at a particular moment in their lives where there are no rules, no laws, when emotionally they don’t know what is expected of them.’'
'‘Children make crucial decisions at that point,’' he said, '‘and it happens in the wink of an eye. It’s those crucial seconds when the mother and father can’t watch. This was so absolutely, beautifully, rendered for me when I was very young and I saw ‘The Wizard of Oz.’ There’s a scene that I think was a little bit St. Paul-on-the-road-to-Damascus for me. It was near the end of the movie, when Dorothy is imprisoned in the room with the Wicked Witch, and the witch takes the hourglass and turns it over and says: You see that? That’s how much longer you’ve got to be alive.
'‘And Dorothy says, I’m frightened, I’m frightened, and then the crystal ball shows Auntie Em, and Auntie Em is saying, Dorothy, Dorothy, where are you? and Dorothy hovers over it and says: I’m here in Oz, Auntie Em. I’m locked up in the witch’s castle. Don’t go away, I’m frightened. And I remember that when my sister took me I burst into tears. I knew just what it meant, which was that a mother and child can be in the same room and want to help each other, and they cannot. Even though they were face to face, the crystal ball separated them. Something separates people now and then. And I think it’s that moment that interests me, and compels me.’'




the decemberist: "the crane wife 3"


RNE Radio 3: Hoy empieza todo - Playlist: Maurice Sendak - 10/05/12

domingo, 13 de mayo de 2012

bajo "bajo el volcán"


Se me ocurrió traerme también una novela que había reservado para un tiempo especial, traer esa novela para tener algo con que evadirme en la noche de esta casa de invitados en caso de no poder conciliar el sueño. 

“En el sur, un inmenso arcángel, negro como trueno, se agitaba desde el Pacífico. Y sin embargo la tempestad contenía, a fin de cuentas, su propia alma secreta…                               
Su pasión por Ivonne (independientemente de que hubiera sido una buena actriz; él le había dicho la verdad al asegurarle que habría sido superior en cualquiera de sus propias películas) había evocado en su corazón, aunque de manera inexplicable, aquella primera vez en que solo, al atravesar las praderas de Saint Près –adormecida aldea francesa de remansos, canales y grises molinos abandonados en donde a la sazón se alojaba-, vio surgir lenta y maravillosamente con belleza infinita, por encima de los campos de rastrojo en los que abundaban las flores silvestres, surgir lentamente bajo los rayos de sol, al igual que siglos antes las habían visto erguirse los peregrinos que erraban por esos mismos campos, las flechas gemelas de la catedral de Chartres.”


Malcom Lowry, Bajo el volcán, (1947), trad. Raúl Ortiz y Ortiz, Barcelona Bruguera, 3º edición, 1984, p. 21.


"(...) No hay explicación para mi vida -no la había, por cierto, ni tampoco era esto lo que había querido expresar-. Por favor, que Yvonne logre aquello con lo que ha soñado... ¿soñado?... una nueva vida conmigo...permíteme creer, por favor que no todo es un abominable engaño de nosotros mismos... (...)
(...) la extraña verdad es que tenía otra curda. De hecho, había algo hermoso en los horrendos extremos de la condición en la que se encontraba ahora. Era una curda como la marejada de un océano inmenso y oscuro que finalmente se estrellaba contra un vapor a punto de naufragar, impelida por innumerables ventarrones a barlovento que desde hace mucho se habían extinguido. Y a todo esto no resultaba tan necesario librarse de la embriaguez cuanto despertar una vez más, cuanto despertar, tanto como para..."


Malcom Lowry, Bajo el volcán, (1947), trad. Raúl Ortiz y Ortiz, Barcelona Bruguera, 3º edición, 1984, p. 322, 327.



 ¿Y ahora, qué hago yo para dormir cuando no pueda dormir bajo la erupción trágica pero abusivamente hermosa de este libro, y me preguntó aún que hago yo con los resúmenes de working papers pendientes, con las fichas bibliográficas tan urgentes, con el enésimo proyecto por burocratizar y con el libro de sociología del derecho de Gregorio Robles que estaba tratando de resumir y de esquematizar para empezar a preparar el curso del año que viene, qué hago ahora con la ropa que había preparado para salir a correr por las tardes, qué hago con el mantel que tenía puesto para cenar?



M.. L. autor de la globetrotter "infierno", guia de viaje 
               

miércoles, 2 de mayo de 2012

agelastia



Photo: William Klein "Día del armisticio"
En Cours de Vincennes, celebración, el 11 de noviembre de 1968, del 50º Aniversario del armisticio entre Alemania y Francia

      "Mientras que los que afectan "gran seriedad" la ostentan por todas partes a su alrededor, el pastor Yorik, un personaje de Tristram Shandy, no ve en ello sino engaño, "Un manto que encubre la ignorancia o la sandez". La rebate cuando puede con comentarios "ingeniosos, llenos de humor". Esta "imprudente manera de mostrarse ingenioso" es peligrosa, "por cada diez chascarrillo se gana un centenar de enemigos", hasta tal punto que un día, ya sin ánimos de resistir a la venganza de los agelastos, "arroja la espada" y acaba muriendo "traspasado de dolor". Sí, así es como, mientras cuenta la historia de su Yorik, Laurence Sterne emplea la palabra "agelastos". Es el neologismo que creó Rabelais a partir del griego para designar a los que no saben reír. A Rabelais le horrorizaban los agelastos, por cuya culpa, según sus propias palabras, estuvo a punto "de no escribir ni jota". La historia de Yorik es un guiño fraternal que Sterne hace a través de los siglos a su maestro.

     Hay personas a quienes admiro por su inteligencia, a las que estimo por su honestidad, pero con quienes no me siento a gusto: censuro mis comentarios para no ser mal interpretado, para no parecer cínico, para no herirlas con una palabra demasiado atrevida. Ellas no viven en paz con lo cómico. No se lo reprocho: su agelastia está profundamente anclada en ellas y no lo pueden remediar. Pero yo tampoco puedo remediarlo y, aún sin odiarlas, las evito de lejos. No quiero acabar como el pastor Yorik.

     Todo concepto estético (y la agelastia lo es) plantea una problemática sin fin. A aquellos que antaño lanzaban contra Rabelais anatemas ideológicos (teológicos) los incitaba algo todavía más profundo: el desacuerdo visceral con lo no serio; la indignación contra el escándalo de una risa desplazada:. Si los agelastos tienden a ver en toda broma un sacrilegio es porque, en efecto, toda broma es un sacrilegio. Hay una incompatibilidad irremediable enre lo cómico y lo sagrado, y sólo nos queda preguntarnos dónde empieza y dónde acaba lo sagrado. ¿Estará confinado sólo en el templo o, al extender más allá su dominio, también hace suyos los llamados grandes valores laicos, la maternidad, el amor, el patrotismo, la dignidad humana? Aquellos para quienes la vida es, por entero, sin restricciones, sagrada reaccionan ante cualquier broma con irritación, encubierta o no, porque en toda broma aparece lo cómico, que, en sí, es un ultraje al carácter sagrado de la vida.

     No se entenderá lo cómico sin entender a los agelastos. Su existencia otorga a lo cómico su plena dimensión, lo señala como un desafío, un riesgo, revela su esencia dramática"

Kundera, M., El telón, trad, Beatriz de Moura, Barcelona, Tusquets, 2010, pp. 131-133

Photo: Milan Kundera
Pues, por aquí de regreso a España, siempre a mediodía, siempre con viento, sorteando los escupitajos que medio país lanza al otro medio, una tierra cainita, mezquina y miserable donde las víctimas escupen a las víctimas y todos fuman muy nerviosos negando sin mirar a los ojos que volverían a matarse a mordiscos si pudieran, salvándome la tarde una visita a la red, un comentario naïf sobre alf ross, un tema poco facebook, descubrir en el estante un librito de gombrowicz por leer, una página marcada de kundera, si respondo a la pregunta, ¿dónde? pues en los nuevos lindes de un templo enorme, sobre un terreno antiguamente rústico, hoy, por supuesto, ya recalificado. ¿A qué viene todo esto? Cansado por el viaje y seguramente por ello de un humor peor del que hubiera sido capaz de reconocer, se me ocurre provocar con lo de los escupitajos de medio país contra el otro por la red dibujando la imagen de un experto (en realidad de un técnico) en derecho laboral como otro herido en romería, código sobre el hombro, gesto atroz de semana santa marinera y un señor muy serio me ha llamado "equidistante", "cretino contumaz" y luego "idiota", me consuela que quizás para el pastor Yorik todo esto pudiera haber principado en algo ligeramente cómico, ligeramente gracioso.

Photo: Frank Horvat "La Brasserie Lip en 1969"

jueves, 26 de abril de 2012

ginebra

"Vas al mismo sitio pero por distinto motivo: si te fijas bien también el camino es enteramente distinto"
Aforismos en word, poemas con autoreverse

cali, 27 de abril de 2012


viajes: foto de grupo
voy hacia Ginebra (Suiza) viniendo de Londres; Oxford, Stratford-upon-Avon, (Warwickshire, Inglaterra, Reino Unido); y Moscú (URSS), Leningrado (URSS) (estamos en 1987)... vengo de Colonia (Köln, Alemania) y Koblenz (Alemania); llego con el coche a Ginebra demasiado tarde para cenar, subo el lunes temprano hacia Zürich (Suiza), de ahí a Stuttgart (Alemania), giro hacia Frankfurt (Alemania), regreso a Colonia (Alemania) (2),  a la izquierda hasta Bruselas (Bélgica),  subo a Rotterdam (Holanda), a Barendrecht (Holanda), por Dordrecht (Holanda), hasta Amsterdam (Holanda); de ahí salto a Salisbury, paso por su High Street Gate, Essex y Londres  (Inglaterra, Reino Unido) (2); tengo que dar la vuelta hasta  Ventimiglia (Ventimiglia Imperia, Liguria, Italia), giro a la derecha hacia Albenga (Italia), sigo hasta Génova (Italia), paso por Milán (Italia), subo a Bérgamo (Italia), y a Brescia (Italia), llego a Verona (Italia), de ahí a Vicenza (Italia), paso por Pádova (Italia), subo de nuevo hasta Venecia (Italia) , salgo a Ferrara (Italia), regreso a Modena (Italia), y a Bologna (Italia), hasta Rávena (Italia), por Cesena (Italia), sigo a Rimini (Italia), tuerzo a Pesaro (Italia), voy a Ancona (Italia); regreso por Perpignan (Francia) (2), llego a Montpellier (Francia) (2), subo a Lyon (Francia), y a Dijon (Francia), giro a la izquierda hacia Paris (Francia); bajo hasta Casablanca (Marruecos), y tomo un tren a Rabat (Marruecos), regreso en tren a Casablanca (Marruecos) (2); subo corriendo a Copenhage (Dinamarca), me detengo en Christiania, y en Valby (Copenhage, Dinamarca), subo el coche en barco de Helsingor (Dinamarca); hasta Helsinborg (Suecia), paso por Malmo (Suecia), vuelvo por Goteborg (Suecia), llego a Estocolmo (Suecia); giro a Oslo (Noruega); bajo verticalmente hasta Lisboa, (Portugal), subo a Oporto (Portugal), me detengo en Obidos (Portugal), de nuevo conduzco hasta Jilhava (República Checa), entro en Praga (República Checa); me esfuerzo en llegar a Budapest (Hungría); regreso a Montpellier (Francia) (2), vuelvo a subir a Lyon (Francia), me detengo en París (Francia); otra vez en Ginebra (Suiza) (2); de nuevo subo a Zürich (Suiza) (2); paro esta vez en Basel (Suiza); en Estrasburgo (Alsacia, Francia); almuerzo en Mulhouse (Alsacia, Francia), giro a Stuttgart (Alemania) (2); busco a Jünger Habermas en Frankfurt (2); de nuevo voy a Colonia (2), y Koblenz (2), paro ahora en Manheim, (Alemania), y en Friburg im Breisgau (Baden-Württemberg, Alemania), Baden-Baden, me detengo en Ulm (Alemania), y hago noche en Munich (Alemania), aparco en Augsburg (Alemania), giro a Chemnitz (Alemania), continuo hasta Berlín (Alemania); salgo de Berlín y duermo en las afueras, madruga en dirección a Hamburgo (Alemania); y Bremen (Alemania) me detengo en Amsterdam (Holanda) (2); y en Harleem, (Holanda), voy varias veces al mismo hotel en Alkmaar Holanda), bajo a Rotterdam (Holanda) (2); regreso por Barendrecht (Holanda) (2), y Dordrecht (2); esta vez hasta la La Haya (Holanda), aparco en Delft (Holanda); y en Amberes (Bélgica); bajo por Mechelen (Bélgica), hasta Bruselas (Bélgica) (2); vertical de nuevo hasta Charleroi (Francia); y Lille (Francia); giro por Amiens (Francia); hasta Rennes (Francia), y Nantes (Francia); llego a Burdeos (Francia); paso por San Sebastián (España); subo a Liverpool (Inglaterra) y bajo a Bristol y a Southhamton (Inglaterra), olvido algo en Manchester (Inglaterra), aparco en Birmingham, bajo de nuevo a Casablanca (Marruecos) (2); desde allí tren hasta Rabat (Marruecos); y hago noche en Casablanca (Marruecos) (2), he de regresar hasta Lisboa, (Portugal) (2), esta vez en Sintra (Portugal), y en Mafra, (Portugal), por Torres Vedras (Portugal), y Caldas da Rainha (Portugal), giro hasta Alcobaça (Portugal), desde ahí a Coimbra (Portugal), y a Oporto (Portugal) (2), conduzo todo recto hasta Viena (Austria) y de repente subo a Aarhus (Dinamarca), de nuevo a Copenhage (Dinamarca) (2) Christiania (2), en tren y barco hasta Tampere (Finlandia), tuerzo a Helsinki (Finlandia), repentinamente estoy en Ventimiglia (Italia) (2), a la derecha hasta Albenga (Italia) (2), paso por Génova (Italia) (2), aparco en Turín (Italia), giro hasta Alessandria (Italia), subo a Bolzano (Italia), a la derecha a Verona (Italia) (2), de nuevo hasta Venecia (Italia) (3), bajo por Siena (Italia), todo recto hasta Roma (Italia), hago noche en Bellagio (Italia), bajo por Pompeya (Italia), subo a Bologna (Italia) (2), me detengo en San Gimignano (Italia), paro también en Pisa (italia), en Florencia (Italia), a la izquierda dando un salto en metro a Londres (Inglaterra, Reino Unido) (3), subo a Liverpool (Inglaterra, Reino Unido), Manchester, (Inglaterra, Reino Unido); todo a la izquierda hasta Kiev (Ucrania), bajo a Odesa (Ucrania), en avión esta vez hasta Sidney (Australia), con escala en Singapore, a la izquierda hacia Nueva Dehli (India), incidente en la Old Dehli, noche en Bangalore (India), a la derecha hasta Bombay (India), siguiendo hacia el oriente hasta Ho Chi Minh (Vietnam), noche en Bali (Tailandia), bajo a Puhket (Tailandia), subo a Tokyo (Japón), bajo a Kyoto (Japón), todo a la derecha hacia Londres (Inglaterra, Reino Unido), y a la izquierda hacia Berlín (Alemania) (2), por Hamburgo (Alemania) (2), bajo a Praga (República Checa) (4), aparco en Brno (República Checa), regreso varias veces a Uherzse Hradiste (República Checa), conduzco hasta Bratislava (Eslovaquia), paro en Olomouc (República Checa), conduzco toda la noche pasando por Cracovia (Polonia), hasta llegar a Varsovia (Polonia), me deportan de Kiev (Ucrania) (2), vuelvo por Odesa (Ucrania) (2), llego a Zagreb (Croacia), bajo por Karlovac (Croacia), hasta Rijeka (Croacia); de nuevo conduciendo hasta Amsterdam, (Holanda) (4), noche en Brujas (Bélgica) (2), todo a la derecha a Budapest (Hungría) (2), Linz (Austria), Belfast (Irlanda del norte), Plimouth (Inglaterra), tengo un accidente de tráfico en Gyor (Hungría); llego en avión hasta Dublín (Irlanda), conduzco ahora hacia Cork (Irlanda), paro en Galway (Irlanda), voy a Waterford (Irlanda), hasta Wexford (Irlanda), a la derecha hasta Cork (Irlanda); salto a Luxemburgo (Luxemburgo), bajo por Viena (Austria), subo de nuevo hacia Munich (3), a la izquierda hasta Praga (3), paso por Plezn (República Checa), Bratislava (Eslovaquia), a la derecha por Hamelin y Düsseldorf (Alemania) (3); regreso a Dublín (Irlanda) (2), el mismo camino por Galway (Irlanda) (2), Cork (Irlanda) (2), Nenagh (Irlanda), y Kildera (Irlanda); (2), en avión hasta Londres (Inglaterra, Reino Unido) (5); y doy la vuelta hasta  San José (Costa Rica), sin parar en Nueva York llego a Antigua (Guatemala), subo a México DF (México), bajo a Quito (Ecuador), llego a Caracas (Venezuela), y a Bogotá, (Colombia), paso por Calí (Colombia), todo a la izquierda a Bucarest (Rumanía), conduzco de nuevo en coche hasta Constanza (Rumanía), llego a Sofía (Bulgaria), aparco en Plovdiv (Bulgaria), giro a la izquierda hasta Varna (Bulgaria) tengo un accidente en Burgas (Bulgaria), entro en coche sin problemas en Varsovia (Polonia), paro a llamar en Sebastopol (Crimea, Ucrania); aparco en Sinferopol (Crimea, Ucrania), subo de nuevo hasta Helsinki (Finlandia) bajo a Johannesburgo (Sudáfrica) (2), y aún más abajo hasta  Cape Town (Sudáfrica) (2), a la izquierda a  Durban (Sudáfrica) (2),vuelo varias veces a  Seúl (Corea del Sur) aparco unos días en Taipéi (Taiwán), de nuevo en coche hasta Talín (Estonia), bajo en Riga (Letonia), llego a Kaunas (Lituania), paso por Vilnius (Lituania), en avión hasta La Habana (Cuba), en avión hacia San Juan (Puerto Rico), paro y conduzco un poco en Santo Domingo (República Dominicana); andando hasta Tel-Aviv (Israel), regreso unos días a Bolonia (Italia) (3), pierdo la cuenta de las veces que regreso a Londres (Inglaterra, Reino Unido) (6), puntualmente en Düsseldorf (Alemania), seguramente de nuevo en Londres (Inglaterra, Reino Unido) (7), un par de meses por Lausana (Suiza), medio mes en Heidelberg (Alemania) (3), paseo por Friburgo (Suiza), una semana en Palermo (Sicilia, Italia), andando por Buenos Aires (Argentina), Cali (Colombia) (2), Florencia (Italia) (2), unas horas de nuevo en Pisa (Italia) (2), y un paseo de minutos por Bolonia (Italia) (4), me instalo cuatro meses en Nijmegen (Holanda), unas horas en Ámsterdam (Holanda), para dormir vuelvo a Nijmegen (Holanda) (2), regreso 15 años después a Hertogenbosh (Holanda) (2), descubro Eindhoven (Holanda), de nuevo haciendo noche en Nijmegen (Holanda) (3) doblo con cuidado el mapa en Cali (Colombia) (3)

martes, 10 de abril de 2012

pecios

Esto no es agradable para mí, pero menos agradable resultaba verlas agonizar. Mejor aquí como pecios que fumando como locas en el limbo de los borradores. ¿De qué iban?


En una quería defender que “Control” (Anton Corbijn, 2007) es la mejor película del siglo, en la segunda proponer un epigrama sobre la forma en que la ciudad de Ginebra te hace sentir solo, en la tercera desarrollar la idea de que es más difícil sobreponerse a la felicidad que a la desdicha, una cuarta hubiera tenido forma de diario y contaba con un apunte: “deambulaciones vespertinas: inspecciones indisimuladas al interior de viviendas holandesas", culminaría la entrada un poema sobre la exposición de uno mismo en las redes sociales ¿el título? “soy una casa holandesa” ¿otros temas? la soledad nocturna, las cristaleras, la ausencia de cortinas y de calefacción humana, los textos sobre el asilo, la emigración, el refugio o el exilio, el candor, las liliáceas, el museo kroller-múller, los usos de un flâneur periférico, en la cabeza un verso: “ya no traspaso errante el himen de las ciudades”.
fotograma de "control" (anton corbijn, 2007) pobre, pobre curtis

La quinta malograda parecía una de esas personas tristes que desde que se prohibió fumar en los bares no saben dónde acodarse, pretendía llamar a una foto arbocielos y hacerla parecer unos pulmones ¿tenía pie de foto la foto? Sí: “(…) por encima del arbocielo, luego, titilantes estrellas devoradas de húmedolandesa fruta azul nocturna”.
Photo: "Arbocielos" García Cívico, J., Nijmegen, 2012
“(…) por encima del arbocielo, luego, titilantes estrellas devoradas de húmedolandesa fruta azul nocturna”
Una sexta entrada hubiera versado sobre un recuerdo improbable de mi infancia: el suelo constelado de monedas de 25 pesetas asomando su aleta de plata entre la grava en el solar de la casa de mi abuela (entonces simplemente el solar).  ¿Que qué pretendía la séptimaª? recordar los tres conocidos tipos de temperamento: a) político; b) científico; c) artístico; quizás habría completado tres columnas con nombres de personas que creo conocer bien. Una entrada (la octava) disfrutaba de título: "Eclipses de la razón: de Luckacs a de Guindos", foto de Hannibal Lecter y explicación desde las tesis menos complejas de Niklas Luhman acerca de cómo el subsistema es el único capaz de arreglar el subsistema (igual que un asesino sirve para dar caza a otro asesino). En una novena entrada se hubiera referido el bloguero a "El loro de Flaubert" el libro de Julian Barnes, a la música de Mazzy Star, a por qué guardó en su día sin leer "El idiota" de Dostievski en una caja de plomo del trastero a salvo de la juventud, la humedad y el polvo, al aterrador, por profético, argumento de "El testamento del doctor Mabuse" la estupenda película de Fritz Lang, a lo difícil que resulta decidir quién fue más dulce si la voz de Wendy Morgan la cantante de los popguns al final de "where do you go" o Alex Taylor la cantante de the shop asistants en la versión de "will you love me tomorrow'", al lóbulo frontal como inhibidor de respuestas inadecuadas.

elijo wendy morgan
El décimo borrador, un concurso: buscar foto del escritor egipcio aceitunado como yo, igual mano temblorosa y de nariz parecida a la que gasto, ese, ese que dijo aquello de que cuando uno es capaz de reírse de lo que le pasa ningún hombre tiene poder sobre él. En la undécima una expresión, esta: “es impresentable por ausencia de corporeidad”; un sueño: la estatua de Tomás de Aquino en la Thomas van Aquinostraat de la Universidad de Radboud tiene algo urgente que decirme pero no le consigo oír. La duodécima entrada se hubiera llamado “agón” (escrito en letras griegas). Debía responderse “No” o “¡Una vez pero nunca más!” a la pregunta "¿Has atrapado alguna vez una Weltanschauung con la mano?" En la decimotercera me ofrecía como “pedagogo agnóstico, pobre, pagano y plebeyo” y adjuntaba un comentario de texto en pdf como carta de presentación: “Dilthey, W. (1914): Einleitung in die Geisteswissenschaften. Versuch einer Grundlegung für das Studium der Gesellschaft und der Geschichte.” ¿La decimocuarta? Distintos epitomes del curso de las cosas. La decimoquinta, una nota en mi mesita de noche afín a la cuarta entrada (la soledad nocturna) y sobre todo a la segunda (la soledad ginebrina): “mi mujer tiene gestos hermosos”. En la decimosexta un título difícil, “hesitación, pléyades” auguraba un desarrollo pedante y complicado. Decimoséptima, otra nota: aforizar llovió de tal manera que todos nos quedamos aturdidos. El décimo octavo borrador: recordar el nombre que le dan los florentinos al cementerio de los ingleses, aquel donde está enterrada Barret Browning, se frontispiciaba con el conocido (y desafortunado) comentario de Orlando Osorio sobre el cuadro de Bocklin. La decimonovena hubiera relatado la última tarde lluviosa que fui a visitarla y la forma en que me perdí y luego recordé el camino desde la casita en el garaje donde dormía y al regresar escribí acerca de si se podía decir que Florencia era un enorme parque temático. La vigésima iba dirigida al blog sobre “la norma y la imagen” y se coló por distracción, hubiera versado sobre la sentencia contra el juez garzón y la concepción realista del derecho (el camino inverso del razonamiento jurídico, la apariencia de juridicidad “ex post”, etc.) habría mencionado las incursiones psicoanalíticas que Jerome Frank apuntó (quizás pasándose de rosca) en “Law and the Modern Mind”: la freudiana búsqueda de un padre en la figura del juez y por ende en la (poco dúctil) efigie de la justicia. Desde la vigésimo primera a la vigésimo séptima se podían ver fotografías de portales holandeses con el bloguero desplazándose en un hipotético círculo danzina, dextrógina, monotonamente de acuerdo con la numeración de la casa, el movimiento del sol allá en lo alto, la temperatura en celsius y el orden de la entrada encallada en su momento rescatada aqui y ahora como pecio. He colocado una, una de esas fotos (la que hacía 27) en la columna a mi izquierda abajo del todo como ejemplo (1).  
en el sueño no oigo al aquinate

Quizás el lector conozca gran alivio. Yo más.



(1)
Abajo del todo no aqui sino en la columna de la derecha (la de las fotos en 9,98cm x 0, 98cm)

sábado, 7 de abril de 2012

el día que muera woody allen (poema)


  




  
En directo con Javier Tolentino: El séptimo vicio






     El día que muera Woody Allen

El día que muera Woody Allen
yo no estaré para bromas
estaré
llorando en la cama de espaldas a la puerta
en la terraza regando las plantas con mis llantos
llorando de forma interminable.
El día que muera Woody Allen
estaré muy quieto sentado en una silla.
No me conectaré a facebook ese día
estaré llorando en la plaza sin sombra de un garaje,
lloraré con el modo de la lluvia,
lloveré por la calle, como una fuente, seré un aspersor de llantos
lloraré como un niño y no creo que nadie pueda consolarme
no cogeré mi valen bisi
ni pasearé esa noche por el carmen, ni comeré ese día tampoco cenaré
estaré
llorando en un cine de restreno
seguramente el Dor
llorando en la perfumería del corte inglés yo estaré
poniéndome colonia cacharel del frasco de muestra
y ay de la dependienta que venga ese día a molestarme,
el día en que muera Woody Allen.
Porque el día que muera Woody Allen
yo estaré muy triste, estaré blandito y tendré los ojos rojos todo el día
ni se podrá hablar conmigo porque romperé a llorar como un bebé
ese día
el día que muera Woody Allen
mi mujer me dirá que dónde voy
¿dónde vas Jesús hoy que muerto Woody Allen?
hoy quiero estar sólo Greta le diré y
me encerrare a llorar en la oscuridad de un cine de restreno
ya digo, posiblemente el Dor
quizás pongan una suya en homenaje, no justo ese día, más adelante digo
(el día que muera Woody Allen me dará igual cuál sea la que pongan)
yo compraré mi entrada, cruzaré el pasillo, me sentaré
y murmuraré algo entre los dientes, susurraré alguna cosa allí
donde empieza una película y todo se enmudece, se silencia todo, todos dicen
I love you

GARCÍA CÍVICO, J., aforismos en word, poemas con autoreverse, final feliz con un relato (2012)

the whitest boy alive, "golden cage", bbc 2 londres





jueves, 29 de marzo de 2012

ruido de veleta

Abstract
"ruido de veleta": kilométrica, rocosa y seguramente arriesgada sobreexposición de uno mismo con el hilo conductor de la relación del bloguero con una cita de Ferlosio, malentendidos sociales pero también vitales y quizás la inmadurez como trasfondo 
Palabras clave: ruido, veleta


Llevo muchos días sin salir de la gesthouse y de la biblioteca de la Universidad de Radboud y es cierto que este apartamento se ha convertido en un universo cálida, meticulosamente ordenado: en una mesa extendidos los diferentes textos sobre refugiados, extranjeros, gitanos, apátridas y otras minorías con los que trabajo; en otra un par de ordenadores portátiles con los que resuelvo cuestiones administrativas, docentes, respondo correos, preparo clases, escribo. Un vez por semana bajo a la ciudad a ver a los cisnes negros que no son una banda holandesa de rock gótico sino un par de anátidas, oscuras, anseriformes aves con las que he trabado si no una amistad sí una cierta complicidad muy relacionada con su afán por buscar el sol en la parte más cálida del lago donde se hallan confinadas.

Me permito al caer la noche leer "Diaro de Invierno" de Paul Auster. Estoy contento porque he encontrado al fin tiempo para hacer cosas que normalmente no puedo hacer en casa, por ejemplo escuchar hasta bien entrada la noche a Leos Janácek, ver RTVE a la carta, poner una y otra vez el programa "Carne cruda" de Radio 3 o leer el excelente blog de Clément Cadou.
A la vez madrugo mucho, y quizás por ese sin fin de actos excesivamente conscientes en la soledad de este universo armónico he creído detectar por omisión (o por reducción de la extensión) un cierto malestar por parte de algunos compañeros del lugar donde trabajo y me pongo a pensar a qué se ha podido deber. En fin, en fin, serán imaginaciones mías, me digo, aunque a veces envuelto en complicados malentendidos algo se ha interpretado contra mi intención y desde la nebulosa cena del pasado ha regresado a mis oídos fuera de contexto una boutade de pésimo gusto en la que no me reconozco. Me siento fatal cuando pasan esas cosas. ¿Da todo esto para una entrada en el blog?

La lectura del libro de Auster me ha hecho evocar mis propios recuerdos. A su vez, cuando leo el blog de mi amigo Clément Cadou recuerdo que su autor me regaló una vez una novela, creo que una de Thomas Bernhard que me había dedicado frontispiciándola con un selecto extracto de un texto de Sánchez Ferlosio. Venía a retratar (no lo tengo delante) a alguien que preocupado porque la veleta se había quedado atrapada por la herrumbre se molesta en subir y desatascarla siendo acusado por la gente de querer manejar el viento a su antojo.

De todo lo que sigue, no cabe deducirse, por supuesto, que ese sea yo, que se refiriera mi amigo a mí o que yo mismo me identifique con ese personaje del que apenas nos dice Ferlosio nada más, seria muy inmodesto por mi parte atribuirme gestos liberadores, heroicos, desatascadores, animados por el deseo de permitir acaso la posibilidad de pensar, no sería posible, digo, salvo si reduzco todo esto a pequeños, insignificantes gestos donde apenas, bienintencionadamente es posible rastrear una analogía y de los que sólo me he acordado leyendo esas memorias de Auster.

Ah, para el segundo sentido en que las cosas pueden ser tomadas, Orlando Osorio (O. O.) me pidió por favor incluir unas preguntas para su monumental obra "Prometo no leerte: la blogosfera se expande. Del tiempo finito y de la roca". He conservado las preguntas pero la respuesta a sus impertinencias y comentarios de dudoso gusto quedará sólo entre él y yo.


1. 1982. Voy al colegio. Es un colegio católico. Tengo 11 años. Es el año del Mundial de Fútbol que se celebra en España. El colegio participa en lo que llaman "mundialito cultural". Una competición entre colegios valencianos televisada. Quiero ver mi imagen en televisión. A ese mundial cultural sólo pueden ir los estudiantes con mejores notas. Hay que sacar muchos sobresalientes. Yo nunca lo he hecho pero me esfuerzo tanto esos meses (quiero realmente participar en ese mundialito cultural para salir por televisión) que finalmente consigo que por notas me corresponda ir. Soy el primero y espero la llamada del profesor pero el profesor (el padre salesiano) salta mi nombre y hace que vaya el que está por debajo de mí. Dice que él es mejor estudiante. Soy muy pequeño, aún no sé de los peligros de esa ontología de lo cotidiano. No digo nada pero me entristece tanto que no admito que me entristece. Meses más tarde el colegio inaugura un sistema para que opinemos sobre nuestros profesores y sobre el centro (con la perspectiva del tiempo entenderé que hacía entonces 7 años que había muerto Franco y todos estaban despistados). La opinión se debe dar de forma sincera y nos dicen que estemos tranquilos porque es algo anónimo. Anoto sólo que me parece injusto que los que hemos renunciado a recibir el sacramento de la confirmación no podamos tener ya sobresaliente en religión y es que de alguna forma desde el asunto del "mundialito" sigo obsesionado por las calificaciones (paradójicamante luego atravesaré fases de profundo escepticismo meritocrático alternadas por añoranzas de mérito en entornos de proximidad). No quiero que acusen a otro de opinar así, ni veo nada malo en firmar la carta. No lo hago sólo por mí, lo hago porque ya me he vuelto pronta, decidida, irreversiblemente crítico con los sistemas de evaluación y de enseñanza. Cuando llega la siguiente clase de religión todo está a oscuras. El ambiente es muy frío. Más frío que de costumbre. El profesor (Don Vicent) ha apagado todas las luces salvo una que alumbra una silla. Todos tenemos miedo y permanecemos callados. Con voz grave dice que ahí va a sentarse "el que se cree más listo", "el que sabe cómo hacer las cosas", "el que se cree más justo", "el que se cree merecerlo todo" ese, dice "¡ese va a ser examinado!". Sólo yo sé que es a mí a quien se refiere. Soy yo quien va a ser examinado. Tengo 11 años y no puedo tragar saliva. Antes de que coja un grueso, cueriforrado y negro ejemplar de la Biblia y esta vuele por el aire en la oscuridad lanzando intermitentes destellos dorados y él, su rostro ya manifestándose bajo la luz, empiece a gritar pasajes del antiguo testamento presa de un rapto cuya naturaleza nunca he llegado del todo a comprender algo dentro de mí sabe que siempre habré de acordarme de todo eso.

O. O. ¿Cuál fue el acto desinteresado, o por decirlo de la forma simbólica arriba señalada el "quitar la herrumbre a la veleta"? ¿Qué elementos contrarios a sus intenciones iniciales fueron sobre todo subrayados por parte del afantasmado docente en su epatante, oscurecida, vociferante epifanía?

2. 1998. Tengo 27 años. Estoy asistiendo a los últimos cursos de doctorado en la universidad. He escogido uno de alemán jurídico. Soy puntual y me esfuerzo. El curso es muy minoritario, apenas somos cuatro estudiantes distribuidos en una amplia mesa de madera. Una compañera (a la que nunca más he vuelto a ver) me pregunta una tarde si me va bien ese horario tan malo (las clases son a mediodía y dejan mucho hueco entre el final y el siguiente curso). Yo le contesto que me da igual que me llevo unos libros y aprovecho para leer. Ella insiste en que sería mejor cambiar los días que qué me parece. Le contesto lo mismo. ¿Pero no te vendría mejor? Le digo que sí. A la semana siguiente antes de entrar a clase el profesor me aborda en la puerta impidiéndome la entrada con el dedo levantado. Me dice que si no me gusta el horario no debía haber escogido ese curso que él no lo va a cambiar, que en Alemania mi actitud sería inadmisible. Mi compañera (ella ya está dentro, ella sí ha podido pasar) le ha dicho que algunos de sus compañeros no estaban de acuerdo con el horario. En ningún momento se me pasa por la cabeza decir que no había sido idea mía (me parece una bajeza, una falta de... estilo). Me callo igual que ella permanece callada (aunque ella dentro de la sala). Del profesor recuerdo su largo dedo frente a mi cara, la expresión "zu Rechnung halten" y sus implicaciones epistemológicas en los ámbitos civil y mercantil, recuerdo también su mirada (tenía, tiene aún, un marcado estrabismo). Al acabar el curso me calificó por debajo de mi rendimiento y de mi esfuerzo. Fue la única asignatura en la que no obtuve sobresaliente. Me acuerdo de él (más que de ella) por no conocerme, por no reconocerme y aún hoy no saludarme, por esa desviación del alineamiento de un ojo en relación con el otro, una desviación que siempre he asociado con el temperamento germanófilo.

O. O. ¿Por qué el cambio en su respuesta ante la femenina insistencia? ¿Qué clave gnoseólógica o de simple teoría del conocimiento ha conservado de la expresión alemana mencionada en relación con los usos del comercio en los territorios europeos de la entonces Prusia y la polémica más general entorno a la codificación alemana, hablo por supuesto de Savigny y Thibaut? ¿Está forzando la semántica, subordinando, por decirlo así, al ritmo el significado?

3. Tengo 31 años. Llevo un año separado de mi primera mujer. Nos estamos divorciando. Ella solía guardarme notas entre los libros que ponían "te quiero". Las encontraba o caían por sorpresa al abrir una página al azar. Dostoievsky, Kafka, Joseph Conrad, Henry James guardaban inesperadas declaraciones de amor que me sorprendían en viajes de trabajo, ora en Lisboa, ora en Budapest . Es una época verdaderamente mala aunque mucho mejor que los meses que dieron lugar a la separación. Llevo ya tiempo tomando antabuse, un medicamento que le recetan a los alcohólicos para dejar de beber. Si bebes te pones tan enfermo que se te quitan las ganas de volver a saltarte la prohibición. De esa forma puedo concentrarme en una segunda licenciatura mientras trabajo y además doy clases los fines de semana y acabo un largo estudio sobre la obra de Scott Fitzgerald. Mi ex mujer se ha marchado a Italia definitivamente. Alquilo un ático en una buena finca de Valencia. Nada más me pongo a vivir comienzan a visitarme muchas amigas solteras pero yo aún no quiero estar con nadie. He estado tanto tiempo con ella que no entiendo la idea de acostarme tan pronto con una desconocida. Entre ellas una (V.) me resulta especialmente atractiva y muy inteligente. Me pide quedarse simplemente a dormir. Yo me paso la noche leyendo, buscando un poema en concreto en los estantes, en un mar de dudas hacia ella y acerca de lo que quiero hacer, dudas que escenifico deteniéndome ante la puerta sin saber si entrar a mi dormitorio, dudas que también traslado hacia los libros, no sé cuál escoger, la noche pasa sin hacer ruido. Cuando amanece me bajo a la calle a comprar el pan. Cuando subo ella me mira con extrañeza y me dice que no me entiende y que es un poco pronto para "ese sentimiento". Yo no sé a qué se refiere. Solamente al irse descubro que todo el suelo desde el dormitorio hasta el sofá donde estuve leyendo esa noche es una constelación de hojitas que ponen "te quiero" al parecer caídas en mis paseos nocturno. Hojas caídas de forma desapercibida para mí que andaba concentrado en amortiguar mis huesos, afantasmado en el silencio para no despertarla, buscando una lectura en particular, absorto, despistado, pensando en entrar al dormitorio, saliendo de éste sin entrar, reparando mentalmente algunos hechos del día que acababa, leyendo, tomando una taza de café, sentándome de nuevo con un libro, orinando, acaso aventurando en el futuro, la mirada fuera de la página, otra o muchas noches, estas sin luz. Nada pasó y nunca nos miramos a los ojos.

O. O. Perdone estaba despistado ¿Si le he entendido bien, pensó esa joven agraciada por su envoltorio físico y por constituir una excepción en la rutina sentimental de C. que las notas caídas por casualidad iban dirigidas a ella? ¿Barruntó que el suelo había sido alfombrado deliberadamente de "te quieros" por usted? ¿Dedujo ella, con un frío calambre en el cerebro y un ojo ya en la puerta, que pretendía usted empalagosa, almibaradamente sorprenderla en su confuso, matutino caminar? ¿En qué iba a consistir el desayuno?

4. Tengo 34 años. Estoy en Saigón (Ho Chi Minh) aterrizo antes de amanecer pero no me han llegado las maletas y a las 09:00 tengo programada una reunión en la oficina comercial de la embajada. Hay gente de otras empresas. a todos les ha pasado lo mismo. entre el brutal horario, el largo viaje y la imposibilidad de ir vestido de forma decente, optan por quedarse en el hotel y disculparse luego. Ha  llovido tan fuerte que todos hemos quedado aturdidos. He visitado casi todos los países del mundo pero siempre por trabajo. Nunca antes había estado en Vietnam. Cuento el dinero que tengo y me voy corriendo por la calle, la sensación es completamente onírica. Hay una pequeña neblina. Personas acunclilladas cocinando en las calles. Todo me parece... denso. No dejo de correr hasta llegar a una tienda donde compro unos zapatos y una camisa de manga corta (hay una humedad insoportable) y una corbata sobria. Me cambio en el probador ante la mirada oblicua de la familia del dependiente y llego justo a la cita. Un comerciante me ofrece un negocio turbio y dinero en metálico. Me niego. Antes de que acabe la jornada he cerrado un acuerdo bueno para quienes trabajo. A la tarde regreso derrotado al hotel. Todo ha ido tan bien. Estoy contento y me siento especial ya que mi comportamiento aunque llamativo a los ojos de la expedición ha resultado provechoso. Bajo a la calle y nunca he sentido un aire tan dulce. Calibro mentalmente la hora de España. Estoy tan exultante que no quiero disfrutar sólo ese momento, quiero compartirlo con alguien y envío un mensaje a una amiga a la que creo recordar que le gustaban estos paisajes asiáticos. Espero mucho tiempo su respuesta. Le hubiera contado lo bonito que era todo lo que estaba viendo. Nunca me contestó y luego nuestra incipiente amistad se enfrió para siempre. Años más tarde y sólo por una compleja casualidad me entero que cuando recibió aquel mensaje le dijo a la persona con la que se encontraba que Jesús era muy raro que a veces se creía que era de noche y que estaba en Vietnam.

O. O. ¿De qué naturaleza era el sentimiento que empujó el mensaje de oriente hacia occidente y a qué atribuyó en su momento la ausencia de respuesta desde occidente hasta el oriente? ¿Tiene usted aquí algo de comer?


5. Cumplo 37 años. He conocido a la mujer de mi vida (G.). Nuestro noviazgo transcurre en un local de jazz, entre mucho humo, aventuras, risas y canciones de Tom Waits. Nos creemos bendecidos. Pero casualmente, descubrimos que su mejor amigo resulta ser hermano de mi primera mujer. No tarda en recomendarle que huya. Cuando ella me cuenta por todo lo que está pasando le envío un correo electrónico romántico y por momentos subido de tono eróticamente hablando. No sé si esto se va a entender bien. Pero por error ¡se lo envío a mi exmujer en Italia! Al cabo de los días y con ese correo como prueba definitiva soy acusado ante ella por mi ex familia política como un ser maquiavélico y luciferino extremadamente perverso. A mí en ese momento me de igual. Yo sólo pienso en G. Cuando nos encontramos para darle una explicación no me atrevo a mirarle a la cara, silenciosa (no nos decimos nada), dulce, inesperadamente ella me lanza una sonrisa tan luminosa que, lo supe más tarde leyendo diagonalmente en la peluquería un ejemplar de la Optical & Space Review, sólo pudo captarse en su perfecta completud por el telescopio espacial al que diera nombre Edwin Hubble.

O.O. Ha conseguido usted llamar mi atención y empiezo a explicarme sus temores acerca de su especial tendencia al malentendido. Entiendo que ella le conocía a usted bien, a su despiste quiero decir. Esta vez me ha conmovido su historia y no tengo ninguna pregunta. Acérqueme ese pañuelo, por favor.

6. Estoy en Colombia. Tengo 40 años. Me han invitado a impartir un módulo en un Master de Filosofía Contemporánea de Derecho. La sesión aunque larga les ha gustado a todos y ha sido muy agradable. Unas semanas antes he comenzado un proyecto que se llama "la norma y la imagen" que además de mantener un blog del mismo nombre, consiste en la posibilidad de compartir imágenes, representaciones iconograficas, cuadros, novelas, etc. que tengan un trasfondo normativo y... bueno algo un poco más largo, entre otros canales las imágenes se comparten a través de la red social facebook (la pantalla preferida en la bibliotecas universitarias, al menos hace un par de años). El caso es que lo enseño en clase del máster para acabar de forma distendida. Uno de los asistentes, un joven e inteligente juez me pregunta si no tengo miedo de que alguien haga mal uso de la página o aproveche para insultarme a mí. Le digo que no quiero dejar de hacer nada en lo que creo por temor. Al llegar al hotel como no tengo permitido salir a la calle (cuestiones de seguridad, alguien mencionó a las FARC) me conecto a internet en el businesss room. Sólo supe que me había dejado la sesión abierta cuando mi mujer (mi segunda mujer) me llamó porque estaba poniendo cosas muy raras en facebook... Al parecer algún huésped o empleado del hotel se había pasado la noche lanzando obscenidades, casándome con un antiguo compañero de trabajo, iniciando diálogos provocativos que acababan invariablemente de forma ofensiva contra un conocido confiado o un interlocutor de buena fe, había pasado horas sumergido en un tipo de diversión que se me escapa, criticando en mi nombre al personal de todas las universidades con las que tenía contacto, insultando con mi cara (face) a los amigos que estuvieran conectados. Aún muchos de ellos no me dirigen la palabra.

O. O. Enumere en orden de gravedad decreciente los calificativos que vinieron a su cabeza tras la actuación de ese energúmeno suplantador de la personalidad, individual y genéricamente, esto es, de la forma en que se bastó a sí mismo y también en relación con el hombre en abstracto o en tanto que especie.



O.O. Bueno, Cívico, ha sido un placer platicar con usted. Responda finalmente, por favor, a ser posible de forma sucinta (hace tiempo que se hizo tarde) negativa o afirmativamente a esta última pregunta: ¿Subyace a alguno de los episodios enumerados como del 1 al 6 un propósito de enseñanza moral o moraleja en lo que tiene que ver con el sujeto-objeto de esta a su decir incompleta pero representativa relación de telúricas, hermenéuticas, humanas veleidades que no supieron ver el ahora cándido ahora honrado móvil que motivaba cada una de las pequeñas acciones referidas, llamémoslas un modesto quitar la herrumbre de la veleta, sino más bien, sospecharon, cuando no abrigaron directamente un fuerte, humano recelo hacia los vectores que impulsaban ese hacer frente a no hacer, ese actuar frente al mero omitir, llamémoslo ser acusado de querer manejar el viento a su antojo?

C. En absoluto.




sábado, 24 de marzo de 2012

noche sin luna


"¿Qué afinidades particulares le parecía que existían entre la luna y la mujer?

Su antigüedad al preceder y sobrevivir las generaciones telúricas; su predominio nocturno; su satélite dependencia; su luminosa reflexión; su constancia bajo todas las fases, levantándose y acostándose en las horas indicadas, creciendo y menguando; la obligada invariablidad de su aspecto; su respuesta indeterminada a las interrogaciones inafirmativas; su influjo sobre las aguas afluentes y refluentes; su poder para enamorar, para mortificar, para conferir belleza, para volver loco, para incitar y ayudar a la delincuencia; la tranquila impenetrabilidad de su rostro; lo terrible de su tétrica aislada dominante implacable esplendente proximidad; sus presagios de tempestad y de calma; la estimulación de su luz, sus movimientos y su presencia; la admonición de sus cráteres, sus mares petrificados, su silencio; su esplendor cuando visible; su atracción cuando invisible"

James Joyce, Ulises, (1922) trad. J. Salas Subirats, Rueda, Buenos Aires, 1972, p. 648.



miércoles, 21 de marzo de 2012

hablar con "nefando" y "alacena" o elegir una poesía

me invita un amigo (por ser hoy día de la poesía) a decir un poema preferido o que me guste especialmente ¡hay tantos y tan íntimos que esa ropa yo aqui no me la quito! le contesto por la red

orlando osorio me propuso, alternativamente, volver a hablar como el largo fin de semana aquel que pasamos en Jaén sólo con pleonasmos decimonónicos y palabras moribundas y usar éstas de forma cacofónica siempre que fuera posible. Así: "ese que lee a dostoievsky es otro joven rubicundo", "este o aquel hecho nefando", "vengo del orfebre", "epitalamio", "otro cadaver bajo el túmulo", "esa chica tiene un andar poco cristiano" o mejor ¡más mesmorización! y "la vi bajar de aquel bajel"
así lo hicimos y durante un tiempo fue como esforzarse por mantener con vida el cuerpo sin detalle de joe bonham a pesar de todo y sobre todo pese a él, algo que a mi manera de ver las cosas (notesé que aún tenía afectado el deje  fin de siècle) atentaba contra los más razonables principios eutanásicos y era desde el punto de vista social -incluso desde el punto de vista de la red social- algo arriesgado

dije, pues, finalmente que sí como salida si se me permitía, negocié,  abrir y cerrar pronto otro paréntesis. Este:

(por supuesto hay mucha bajeza en este mundo mucha mezquindad y mucha tontería, demasiada fealdad, una fealdad casi indecente, un ridículo flotante y un mal evanescente y por tanto inaprensible pero también se puede ver, si es que se quiere, en ciertas cosas mucha o un poco de poesía)

bueno, bueno, jesús... me responde haciendo como que limpia un trocito de cristal de la ventana, ojea un libro, mira el reloj y la punta de sus zapatos

en fin, termino por decirle que hace tiempo que suele acompañarme por las noches un verso del poeta de medellín juan manuel roca: "¿de manera que soy un trazo pintado con ceniza en el mapa del agua?" (que yo recordaba mal, y recitaba ya muy tarde tras la cena con amigos que dejaron de soportarme y de soportar el verso de juan manuel roca y que yo mezclaba sin ton ni son con fragmentos de El castillo en alemán puestos en difícil relación con versos de f. hölderlin y que también a menudo pensaba y recitaba ya sólo para mí bajo el agua de la ducha con el cuchicheo religioso y mántrico de e. e. cummings, una fórmula afín pero traicionada algo como "así que somos trazos de tiza entre las olas del tiempo" ¿por qué? no lo sé, me sucede con los poemas tipo es-tu-por-fren-te-a-la-fu-ga-ci-dad-del-ser que son muchos) y le digo también que últimamente me dibuja una sonrisa (no por ser bueno o menos malo sino como estupenda declaración de intenciones) este de dolan mor, poeta en aragón, nacido de cuba:

Arte poética

"No hables en tus poemas del ruiseñor
de Wilde, ni menciones amor, perfume, labio o rosa"
–me dice en los manuales Ariel Rivadeneira–
y yo evito poner en cada verso escrito
un ala,  algún jardín, la luna de Virgilio,
y hasta a veces me niego, sentado
en el alféizar, a mirar las heladas
del invierno en España, porque queman
las ramas de los árboles todos y la niebla
me invita a escribir con nostalgia
"y ese signo, nostalgia, –me dicen
los manuales– es señal del pasado,
y se debe escribir sin alma, con estilo,
igual que si torcieras el cuello
de una garza con desprecio en tus dedos".
"Habla de cibernética y de física cuántica,
menciona blog, pantalla, correos
electrónicos" –me aconsejan los críticos–.
Y yo sumo las cifras o despejo ecuaciones,
digo leyes, neones, sistemas invisibles
que arman genios, científicos.
También menciono genes, vídeos,
ordenadores, y hay instantes, incluso,
que hablo sin meditar y construyo asonantes
al decir aeropuertos, submarinos, aviones
y algún laboratorio (…), móviles, cines, clones.
Pero aunque logre versos posmodernos
siguiendo los consejos de sabios
que hablan de poesía como hablar
de la historia, de mercados, teoremas
que establecen los pliegues en las cuerdas
del tiempo, no he logrado escribir
el poema perfecto, e incluso
cuando leo alguna línea aislada
de Wilde entre las sábanas, y todos
mis maestros (con diplomas de masters
y perfil de doctores) se divierten
en bares o en los pubs de internet,
yo lloro como dama sin remedio
y me jode el viejo de Quevedo,
y me arriesgo, en la cama, a que digan
los críticos en los post o en revistas:
"¡qué anticuado y qué griego se volvió
Dolan Mor leyendo a los antiguos!,
si hasta le creció un día, encima
de las cejas, (en lugar de la gorra
ladeada sobre un piercing) un ramo
de laurel…
Pero logró dos cosas: pasar
imperceptible delante de los hombres,
como dijo Epicuro, y escribir con la espalda
inclinada en la hoja, sin cederle la mano
al influjo variable del tiempo y de las modas".


en la foto la pizarnik, poeta dolorida

sábado, 17 de marzo de 2012

el imperio no deja de contratacar


y ovillado bajo un edredón de pluma apretando el oído fuerte contra el catre para dormir contaba máquinas de guerra hundiendo sus largas patas en la nieve, recuerdos de Star Wars un helado día de invierno: “hace mucho frío en una galaxia muy muy lejana…”


GARCÍA CÍVICO, Jesús, El acomodador, 2007

domingo, 4 de marzo de 2012

renuncia a la de 5

"Era muy temprano por la mañana, las calles estaban limpias y vacías, yo iba a la estación. Al verificar la hora de mi reloj con la del reloj de una torre, vi que era mucho más tarde de lo que creyera, tenía que darme mucha prisa; el susto que me produjo este descubrimiento me hizo perder la tranquilidad, no me orientaba todavía muy bien en aquella ciudad. Felizmente había un policía en las cercanías, fuí hacia él y le pregunté, sin aliento, cuál era el camino. Sonrió y dijo:
- ¿Por mí quieres conocer el camino?
-Sí- dije-, ya que no puedo hallarlo por mí mismo.
- Renuncia, renuncia -dijo, y se volvió con gran ímpetu, como las gentes que quieren quedarse a solas con su risa."

KAFKA, Franz, "Renuncia" en La muralla china, traducción de Alejandro Ruiz Guiñazú, Alianza, Madrid, 1996, p.100