sábado, 5 de octubre de 2013

lecciones de anatomía del dr. sebald




"Parece que sólo en raras ocasiones uno de los pescadores entra en contacto con su vecino, pues a pesar de que todos ellos estén mirando fijamente hacia el este y vean ascender en el horizonte el crepúsculo vespertino y el alba, y a pesar de que, según creo, a todos les conmueven los mismos sentimientos inexplicables, cada uno de ellos está completamente solo y no confía más que en sí mismo y en sus pocos aparejos".


W. G, Sebald, Los anillos de Saturno. Una peregrinación inglesa, trad. Carmen Gómez y Georg Pcihler, Anagrama, Barcelona, 2008, p. 64.


"La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp", Rembrandt, 1632.

"Después de que se hubo repuesto un poco, me midió con una mirada de reprobación que por último se quedó suspendida en mi calzado polvoriento, y cuando le deseé buenas tardes, se me quedó mirando de nuevo a la cara completamente perpleja. Ya me ha llamado la atención varias veces que a la gente del campo, ante la presencia de un extranjero, el susto se le traspasa a los miembros y que, aun cuando domine bien su lengua, en muchos casos sólo le entienden con dificultad y en otros absolutamente nada".


W. G, Sebald, Los anillos de Saturno. Una peregrinación inglesa, trad. Carmen Gómez y Georg Pcihler, Anagrama, Barcelona, 2008, p. 196.




"Aquella noche, hasta la hora de cerrar el bar, seguimos conversando sobre el auge y la decadencia de ambas naciones así como sobre la relación extrañamente estrecha que existía entre la historia del azúcar y la historia del arte hasta bien entrado el siglo XX, porque una parte considerable de las ingentes ganancias que había producido el comercio azucarero y la plantación de la caña de azúcar en poder de unas pocas familias, fueron empleadas largo tiempo, como consecuencia de las pocas posibilidades de manifestar de otro modo la riqueza acumulada, en la construcción, decoración y mantenimiento de suntuosas residencias veraniegas y palacios en la ciudad. Fue Cornelius de Jong quien me hizo ver que el origen de muchos museos importantes, como el de Mauritshuis de La Haya o la Tate Gallery de Londres, se remonta a fundaciones de dinastías azucareras o de algún modo ligadas al comercio del azúcar. De Jong decía que el capital acumulado de diferentes formas de la economía esclavista en los siglos XVIII y XIX sigue estando en circulación, produce intereses e intereses de los intereses acumulados, aumenta y se multiplica, sin cesar un solo momento de rendir nuevos frutos...".


W. G, Sebald, Los anillos de Saturno. Una peregrinación inglesa, trad. Carmen Gómez y Georg Pcihler, Anagrama, Barcelona, 2008, p. 216.



Winfried Georg Maximilian Sebald (Wertach im Allgäu, Baviera, 18 de mayo de 1944 - 14 de diciembre de 2001, Norfolk, Reino Unido)

sábado, 28 de septiembre de 2013

solares: aforismos en Word




"Había yo contraído ese mal, ese gusto perverso por la reasunción indefinida y esa complacencia por el estado reversible de las obras"
Paul Valéry ,“Sobre El cementerio marino” 



“Sé breve en tus razonamientos, que ninguno es gustoso si es largo” 
Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha












Un solar es la fuente de mis sentimientos, de mis hallazgos y determinaciones.

*

Desprenderse de todas nuestras impurezas y no poder ya mantener los ojos en la grotesca aberración que nos devuelve el espejo.

*

Hasta la fecha ningún sentimiento me ha dado razones para desconfiar de él.

*

Percibir el mundo con objetividad debe ser como observar la partida de ajedrez de dos aficionados clamorosamente torpes.

*

Todos hemos acabado ahogando alguna vez a un bebé al otro lado de nuestra falsa pared con tal de evitar el llanto que podría delatarnos.

*

En lo que toca al gran cambio social y político resulta más subversivo un segundo de introspección que una semana de caceroladas.

*

Tuve la experiencia de todos los lugares, no la de cada uno de ellos.






Jesús García Cívico,  Una casa holandesa: aforismos en Word, micro-relatos, nanotextos, poemas con auto-reverse, Valencia, 2013.



lunes, 16 de septiembre de 2013

seven kinds of sin



"Esperando la lluvia en agosto, la cautela en el juicio, el aseo en la inteligencia, acaso la indulgencia, cierto cariño para empezar. Sin embargo, al parecer no puede dejar de amanecer. La naturaleza, como el filósofo, también sabe ponerse categórica."


"Inútil, inútil, inútil viajar a Holanda si se ha de pasar antes por Bélgica"



J. G.  Cívico, Una casa holandesa, Basten van Basten (ed.), Den Bosch, 2007.




1. Hablar a gritos
Guardo un improbable recuerdo de una época anterior a la pubertad:  mi pediatra me dice con gravedad que evite las drogas, las orgías, el plátano, las religiones, los nacionalismos, la berenjena, el tabaco, los huevos de insecto, los gritos, las convicciones políticas, la zoofilia, la necrofagia, los seres humanos, la comida picante.


Uno reza invariablemente a Atenea, a Zeus o a una deidad azteca por el mismo motivo por el que tuvo un coche checo, una medalla de Lenin, alquila películas en video-clubs, juega al bádminton, sigue comprando novelas de Henry Miller, busca obras de Freud sobre los sueños en las librerías de viejo, ve una y otra vez One from the heart (Coppola, 1982) y entra a comer en locales vulgares donde apenas entra nadie: la curiosa simpatía por el fracaso y en puridad por los dioses olvidados.



2. Imitar al imitador
La palabra μίμησις es posthomérica no aparece ni en Homero (en esa tradición polifónica que llamamos Homero sin que quepa decir que haya existido propiamente un poeta al que llamar así) ni en Hesíodo. Su etimología es oscura como agua de lago en la noche y es probable que se originará con los rituales y misterios del culto dionisiaco: en su primer significado (bastante diferente al actual) representaba los actos de culto de un sacerdote –baile, música y canto. Platón confirma esto, al igual que Estabrón. En el ámbito estético y siguiendo a Tatarkiewicz, la palabra que posteriormente habría de denotar el acto de reproducir la realidad en la escultura y en las artes teatrales y visuales, no significó, en un principio reproducir, la realidad externa, “sino expresar lo interior”.[1] Es muy probable que fuera debido a los siempre intrincados intereses personales de Aristóteles que la teoría de la imitación se preocupó durante siglos más de la poesía que de las artes visuales. Como resulta sabido, para Aristóteles la «imitación» fue, en primer lugar, la imitación de las actividades humanas; sin embargo, fue convirtiéndose gradualmente en la imitación de la naturaleza, de la que se suponía derivaba su perfección. En resumen y por volver al fenomenal trabajo de Tatarkiewicz, el período clásico del siglo IV a. de J. C. utilizó cuatro conceptos diferentes de imitación: el concepto ritualista (expresión), el concepto de Demócrito (imitación de los procesos naturales), el concepto platónico (copia de la realidad), y el aristotélico (la libre creación de una obra de arte basada en los elementos de la naturaleza). Mientras que, por un lado, el concepto original fue eclipsándose gradualmente, admitiéndose las ideas de Demócrito únicamente por unos cuantos pensadores (Hipócrates y Lucrecio, entre otros) , tanto el concepto platónico como el aristotélico demostraron ser conceptos básicos y duraderos en arte; se fusionaron a menudo perdiéndose frecuentemente la conciencia de que eran conceptos harto diferentes.



Detesto a los crueles, a los sádicos, al opresor, a los tiranos, a los que disfrutan rebajando al otro, a los que degustan el patetismo, a los que utilizan la cultura para humillar. Odio el lenguaje técnico de los abogados: esa jerga rebuscada sólo para epatar. Detesto a los que son fuertes con el débil y débiles con el fuerte. Detesto a quienes no devuelven los libros, a los hombres que llaman a las mujeres con diminutivos y a sus semejantes de “don”. Detesto las escenas, la pólvora y el olor a azufre. Detesto a los que gritan, a los bonachones, a los que nunca hablan, a los que se envanecen de no haber viajado, de no haber caído o de no haber leído a Lovecraft. Detesto a los que piensan que los pobres se merecen de alguna forma su desgracia. Detesto a los que entierran la colilla del cigarrillo en la arena de la playa lo cual resume bien, creo, todo lo anterior. Photo: Sonic Youth



3. El futbolismo
Hay una insufrible pijería en el terrorismo, en su afán por recrearse y someterse a la puerilidad de una jerarquía sostenida desde una estética vacua, una jerarquía de la misma naturaleza que el resto de deportes de equipo… Hay una insufrible pijería en el terrorismo, en su afán por recrearse en la puerilidad (…) típica de los deportes de equipo… paradigmáticamente del futbol. Además de compartir embrutecedora omnipresencia catódica ambos se presentan rodeados cuando no estructurados en torno a la más banal de las cursilerías.
Cursilerías, si fuera políticamente correcto decirlo así, afeminadas.



En lo que a mí respecta, trato de hablar en todo momento de una persona como si su madre estuviera delante. Relacionarme con él o con ella de acuerdo a ese hipotético escenario materno, cálido, vulnerable apéndice de un mundo helado, anhelante nervio de un breve, benévolo y seguramente injusto reconocimiento, una cierta indulgencia incluso con lo más canalla de la progenie.



4. Basar películas o novelas en hechos reales pensando que son más interesantes por ello
Tanto desgraciado en el talego por un quí-ta-me-de-a-hí--e-sas pa-jas tanta tinieblista emparedada entre libros de Bernhard y aún por tipificar el exceso de rayos uva, hablar en voz alta, el chandalismo, la mezquindad, el realismo, los jersey rosas, las máquinas tragaperras de los bares, las confesiones que no vienen a cuento, verídicas, verdaderas o mal escritas, el panegrismo, la muy española (oscura, retrógrada, sucia, violenta, primitiva, tribal)  costumbre de dar grima queriendo dar grima.
La mayoría de la gente se inventa una versión de sí misma demasiado veraz.



Abro al azar un libro de Wim Wenders mientras escucho a The Kinks, el maravilloso grupo de Ray y Dave Davies y doy con esta perla del director de Paris-Texas: “Es cierto que el rock and roll ha sacado a toda una generación de la soledad, y no sólo la ha sacado de algo, sino que también la ha llevado a algo: a la realización de la propia creatividad. Eso fue lo verdaderamente fantástico (…) del auge sobre todo de la música rock inglesa: que transmitió alegría a las posibilidades de la propia fantasía”: Transmitir alegría a las posibilidades de la propia fantasía. Prometo hacerme un decálogo con cosas como ésa si un día me convierto de repente en padre. 



5. Construir aeropuertos
Muchos de nosotros repetimos en el aeropuerto la espontánea reacción de Jacob, cuando visionó en sueños la escalera que alcanzaba el Cielo y por la cual los ángeles subían y bajaban atravesando la morada del Dios de Abraham.
La puerta de los Cielos. Los aeropuertos. Zonas de tránsito entre el cielo y la Tierra.
Antes de tomar la piedra que le servía de almohada leemos en el Génesis que exclamó: “¡Qué terrible es este lugar!”




La mujer nos espetará al menos en una ocasión todo el rencor acumulado en la historia en tanto que género esclavizado y preterido. Y tendrá razón, al menos en esa ocasión.



6. Dar codazos
El uso psicológico del codazo del uno-tras la herencia y del otro-con-la-clase detrás-hasta-la-herencia tal como se propone aquí, en tanto que un tipo de pecado (a kind of sin) no es lo mismo que el análisis psicológico del uso del mérito personal. Ejemplo del primero es el núcleo de la prescripción elitista. Son clásicos los estudios de Erich Fromm, Wilhem Reich o Theodor W. Adorno sobre los aspectos psicológicos de la adhesión del individuo a los fascismos, y en concreto a la figura del caudillo, del Führer, del Duce o de Salazar, como conocedor del Destino, depositario de los más altos méritos y encarnación infalible de las virtudes de la raza, de la patria y el por donde tira hoy Dios.  La progresiva identificación del líder fascista como el mejor hombre, encarnación de la más alta aptitud, epítome de una íntima relación con el padre del crucificado, tanto por compartir su oscura infalibilidad como por el metafísico origen de su poder y de su espada (así en España los sujetos aún considerados como “grandes” de la patria y pro-hombres reconocidos por distintas “órdenes del mérito”), la descripción del enemigo como feo, con o sin gafas, incapaz, inferior o no apto dan cuenta de la peculiar forma de entender la jxgraaaaarrrgh como piedra angular del discurso del dominio de los mejores en el fascismo; por último, el enfrentamiento del mérito de la fuerza, o del vigor frente al talento –gráficamente visible en la quema de museos y bibliotecas y en el decir conozco a tal persona por la forma en que da la mano o cómo lleva de limpios los zapatos- adelantan también el carácter ideológico, histórico y cultural tanto de la idea del codazo del uno-tras-la-herencia y del unocomoclaseenlocolectivo como de las posibilidades de transvaloración de lo meritorio. Se puede hablar así sin excesiva violencia de justificación “meritocrática” en sentido orgánico o estático –la axia o el axioma griego- o de distopía suicida de Michel Young (The Rise of Meritocracy)- un sistema de dominio y de estratificación rígido basado en la mejor aptitud de una cultura –en el colonialismo- o de una raza –en el racismo- o de un pueblo (Volk) en el fascismo. Este fenómeno resulta visible sobre todo en el campo cultural, así en Europa el auge de la base meritoria, por decirlo así, concretada en el talento certificado por el título académico significará no sólo la exclusión de otros saberes no sancionados por la razón, sino también el mirar mal o muy mal a toda actitud refractaria a la noción de progreso como pulsión escatológica y a la política de depuración del pensar y del pensarse, o por utilizar el lema de la Real Academia Española de la Lengua, de “limpieza” y del limpiarse, del quitarse y alejarse de todo resto de “saber” o de “cultura” no funcional a las gafas, las últimas obras de M. M., al porte serio, al hablar como lento y afectado o a la idea mesiánica de progreso. Por ejemplo en la situación de minorías “autóctonas” (los gitanos) o en los denominados “problemas lingüísticos”. El mérito del origen geográfico, de una raza o de un género es una constante cansina en cada intento de justificación del dominio (o del exterminio). Así por el ático frente a otras polis, por el español frente al “indio”, por el catalán frente al sevillano, por el sevillano frente al gaditano, por el gaditano frente al mundo, por el europeo frente al bárbaro, por el imperio frente a la colonia, por el ario frente al judío, por el nacional y el ciudadano de la Unión frente al nacional de terceros países hoy Third Country Nationals o de forma abreviada, inmigrante o TCN.

El aburrimiento, ese provincianismo del espíritu demasiado orgullo de sí.





Aburren soberanamente las distopías. 
Todas las distopías. De George Orwell a Aldous Huxley. Compartimos con la ética laboral calvinista el desdén por lo el trabajo fácil: imaginar un futuro dañado no requiere ningún esfuerzo.





 7. Presumir de saber mucha historia o de no saber nada de historia
Podríamos convenir, recurriendo a la conocida imagen nemonística de Vladimir Nabokov, en que la cuna que mecía al siglo XXI se balanceaba ya sobre un doble abismo: de un lado la historia que Hegel definió como “ese inmenso matadero”. Absorbida el alma de las ruinas de la granja orwelliana por las cámaras fotográficas de los cerdos que quedaron vivos; del inconveniente de haber nacido ya en el burdel de lirios que no llegó a ver Emil Cioran, el siglo XXI no supo aprender del siglo XX -ese reptil totalitario y póstumo- alguna manera en que no quería ser. De otro lado la predicción de Max Weber de “la jaula de hierro”, un horizonte férreo y carcelario, un cul de sac hiperracional informado por la misma gestell heidegeriana como dispositivo que generaba, y no era probable dejar de verlo así, la sistemática demolición de la tarde, remitiendo como única pauta de verdad a la eficacia. El abismo observado por ese historiógrafo del futuro al que recurría Helmut Dubiel le hubiera, podemos imaginarlo así, inspirado a notar lo paradójico de una situación histórica que en su vertiente liberal había producido ya suficientes síntomas para dudar de conceptos y categorías tradicionales, pero que al mismo tiempo era demasiado oscuro para poder fijar “lo nuevo” en una conceptualización propia. Roto el equilibrio antagónico -conseguido no tanto por la preexistencia de un consenso sobre el valor del respeto como por el reconocimiento resignado de las fuerzas de su mutua incapacidad de desollarse vivos- la celebración del triunfo, como radicalización de ideario, era tan fea como precipitada. Sí, el “efecto frontón” fue tan considerable que habría repercutido trágicamente en los aparentes vencedores. Esto es, la pretendida pérdida de sentido de las ideologías de izquierda habría terminado a su vez por influir en las de la derecha que en definitiva, como siempre, no tenían otra razón de ser que la de refutar aquellas. De nuevo, la misma idea que expresara Nietzsche a modo de aforismo, “en situaciones de paz el hombre belicoso se abalanza sobre sí mismo”. Y mientras la cabeza vacía que sostenía la manzana insolidaria se paseaba por la sociedad samuelsoniana de los dos tercios sorteando las diatribas como flechas neopuritanas del tipo de las de Gilles Lipovetsky y todos añorábamos la comprometida puntería de Guillermo Tell, estábamos sí, como vio el sociólogo Gil Calvo, como asnos de Buridán atrapados entre dos tentaciones, “la nostalgia de la teocracia”, respuesta reaccionaria que reclamaría el retorno de los dioses que enterraron Nietzsche y Dostoievski o la atracción del abismo nihilista desertor de toda voluntad de conocimiento y de cambio. Puritanamente, se consiguió, al menos uno siempre lo ha creído así, no caer en ninguna de ellas, o mejor aún, no caer en nada, no caer sobre ningún lugar, no caer en lado alguno, no caer ni siquiera hacia abajo, simplemente dejar de hacer pie.



Tras el éxtasis, después de una gran fiesta, a continuación de un regocijo inenarrable debe suceder como al intentar articular de nuevo un reloj que hemos desmontado sin pericia.
Transito de lo amorfo a lo formal, siempre hay alguna pieza que nos sobra o que no termina de encajar.





[1] TATARKIEWICZ, W., “Mimesis: historia de la relación del arte con la realidad”, Historia de seis ideas, Trad. Francisco Rodríguez Martín, Madrid, Tecnos, 2007, p. 301.



lunes, 26 de agosto de 2013

albert krule (king camus)


Intervención humanitaria, porque lo de antes, lo que ha dejado el suelo lleno de huesos quebrados, rebanadas de carne roja y fina como lonchitas de jamón curado, niñas violadas y cuerpos descuartizados, ha sido una intervención humana. Y en un charco, humilde, un libro de Virgilio y La muerte de Virgilio de Broch, el anacronismo sacro del divertimento político, un “barroco fúnebre” en expresión de Roland Barthes.


Es sórdido nuestro interior como el pulmón de los humildes.



J. G. Cívico, Una casa holandesa,  willliam hope hodgson (ed.) massarrojos, nueva inglaterra, 2013, p. 14.




"En todo caso, y por duro que fuera el verano de Argelia, cuando los barcos sobrecargados se llevaban  funcionarios y gentes pudientes (que volvían con fabulosas e increíbles descripciones de prados feraces donde el agua corría en pleno mes de agosto) a recuperarse de los "buenos aires de Francia", la vida en los barrios pobres no cambiaba absolutamente nada y, lejos de vaciarse a medias como los del centro parecían, al contrario, aumentar su población por los innumerables niños que se volcaban en las calles.

Para Pierre y Jacques, que erraban por las calles secas, con sus alpargatas agujereadas, un pobre pantalón y una camiseta de algodón de escote redondo las vacaciones eran ante todo calor. La últimas lluvias databan, como mínimo, de abril o mayo. Durante semanas y meses, el sol, cada vez más fijo, cada vez más caliente, secaba, resecaba y calcinaba las paredes, trituraba los revoques, las piedras y las tejas, reduciéndolos a un polvo fino que, llevado por el viento, cubría las calles, los escaparates y las hojas de todos los árboles.



... en agosto el sol desaparecía bajo la pesada estopa de un cielo gris de calor, pesado, húmedo, del que bajaba una luz difuminada, blanquecina y agotadora para los ojos, que apagaba en las calles las últimas huellas de color.


... la abuela de Jacques trabajaba por la mañana y circulaba descalza por las habitaciones en penumbra, vestida con una simple camisa, agitando mecánicamente el abanico de paja, arrastrando a Jacques a la cama a la hora de la siesta y esperando el primer fresco de la noche para volver a sus tareas. Durante semanas el verano y sus súbditos se arrastraban bajo el cielo pesado, húmedo y tórrido...

... Y de pronto el cielo, contraído sobre sí mismo hasta la máxima tensión se partía en dos (...) entonces los niños se arrojaban a la calle, corrían bajo la lluvia con sus ropas ligeras y chapaleaban dichosos en el agua que fluía a borbotones por la cuneta, formaban corros en los grandes charcos, cogiéndose de los hombros, las caras llenas de gritos y risas. recibiendo la lluvia incesante chapoteando rítmicamente en el agua sucia de la nueva vendimia, más embriagadora que el vino.

Ah, sí, el calor era terrible y a menudo volvía locos a casi todos, cada día más nerviosos y sin fuerzas ni energías para reaccionar, gritar, insultar o golpear, y el nerviosismo se acumulaba como el calor, hasta estallar aquí o allá en el barrio leonado y triste, como aquel día en que, en la Rue de Lyon -casi en el borde el barrio árabe llamado el Marabout, alrededor del cementerio tallado en la greda roja de la colina-, Jacques vio salir del local polvoriento del peluquero moro a un árabe vestido de azul, con la cabeza rasurada, que dio unos pasos en la acera delante del niño, en una extraña actitud, el cuerpo inclinado hacia adelante, la cabeza mucho más echada atrás de lo que parecía posible, y en efecto, no lo era. El peluquero, que había enloquecido mientras lo afeitaba, había abierto de un solo navajazo la garganta ofrecida, y el otro no sintió, bajo el suave filo la sangre que lo asfixiaba y salió corriendo, como un pato semidegollado, mientras el peluquero, dominado inmediatamente por los clientes, lanzaba unos gritos terribles, terribles como el calor durante esos días interminables.

(...)

-El verano es demasiado largo -decía la abuela... "


Albert Camus, El primer hombre, trad. Aurora Bernárdez, Tusquets, Barcelona, 1994, págs. 219-222.


domingo, 25 de agosto de 2013

out of me (I)



"Le Mythe de l´Éternel Retour + ISO-9200-27: 
Asombrémonos por las estrellas. mejorando a Gudea, rey de Babilonia, admirando a todas, no sólo a las benéficas".

GARCÍA CÍVICO, Jesús, una casa holandesa: aforismos  en Word, micro-textos, nano-relatos, poemas con autoreverse, dustin & hoffman (eds.) , massarrojos, massachusetts, 2013




"Out of me" (fuera de mí): intento veraniego del bloguero de salir de casa. dejar atrás, por unos días, el solipsismo, el egotismo también. salir, salir a tomar el sol en la red, salir fuera de sí, por así decir, salirse en agosto de sí y recoger en la red cosas de los otros: imágenes y fotografías, óleos, acuarelas.

Ecléctica sección, la de "out of me", no incluye artistas muertas, completa, rematadamente muertas (remedios varo, leonora carrington) sino artistas de ahora, artistas, algunas, ampliamente reconocidas, así la estupenda fotógrafa concha prada, la también consagrada pintora susi lizondo, la joven y naranja ilustradora mar hernández pero también la incipiente, tímida obra de artistas incipientes, casi diletantes, en quienes no es posible dejar de admirar un talento feliz (ricard chicot armero).

Las redes sociales están, a pesar de la infantil convicción más extendida, para perder amigos.

Para perder sensata, frecuente, sanamente amigos están las redes sociales, sí, pero también para curiosear, para admirar, para apreciar algunas cosas fuera de uno, fuera uno de sí,


Concha Prada, Cocido nº1, 2002.
Fotografía color (110 x 110) cm en "De arreglos de cocido y otros guisos" (2002-2003)

Concha Prada, Lechera nº1, 2012.
Fotografía color (80 x 100) cm. "El cuento de la lechera" (2011-2012)


Susi Lizondo: Composición
Susi Lizondo: Serie Emigrantes



Mar Hernández: "Astrónomo
Ilustración para "Illustradones" Marzo 2013, MuVim. Valencia. Spain.
Mar Herández: Malota Projects "Joan" from Mad Men

Obra de Ricard Chicot Armero

Ricard tiene su blog

"Gigante" de Ricard Chicot Armero




miércoles, 24 de julio de 2013

el mar, el mar





«No acabar de encontrar una postura cómoda entre el ovillo uterino y la rigidez post mortem.»
J. G. Cívico, Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, Lisboa, 2013.

   




 


"Se marcharon, los dioses, el día de la extraña marea.



(...)

Le hablé del Prado, del chalet, de los Duigan.
    - Vives en el pasado -me dijo.
    Estuve a punto de contestarle mal, pero me contuve.
Después de todo, tenía razón. Se supone que la vida, la auténtica vida, es una lucha, una acción y una afirmación inagotable, la voluntad embistiendo con su cabeza roma contra la pared del mundo, cosas por el estilo, pero cuando vuelvo la vista atrás me doy cuenta de que la mayor parte de mis energías se dedicaron siempre a la simple búsqueda de cobijo, de comodidad, de, sí, lo admito, un rincon acogedor. Comprenderlo se me hace sorprendente, por no decir escandaloso. Antes me veía como una especie de bucanero, enfrentándome a todo el que se me ponía a tiro con un alfanje entre los dientes, pero ahora me veo obligado a reconocer que me engañaba. Esconderme, protegerme, guarecerme, eso es lo único que he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme allí encogido, oculto de la indiferente mirada del sol y de la severa erosión del aire. Por eso el pasado supone para mí un refugio, allí voy de buena gana, me froto las manos y me sacudo el frío presente y el frío futuro

John Banville (Wexford, 8 de diciembre de 1945)
(...)
Le puse la otra mano en la frente, y me pareció que podía sentir su mente tras ella, funcionando febrilmente, haciendo un último y tremendo esfuerzo para pensar su último pensamiento. ¿Alguna vez la había mirado con tan imperiosa atención como ahora? Como si mi sola mirada la mantuviera allí, como si no pudiera irse siempre y cuando yo no parpadeara. Jadeaba, lenta y débilmente, como un corredor que hace una pausa y al que aún le quedan millas por correr. El aliento le hedía un poco, como a flores marchitas. Pronuncié su nombre, pero ella sólo cerró brevemente los ojos, desdeñosa, como si yo debiera saber que ya no era Anna, que ya no era nada, y entonces los abrió y volvió a mirarme, una mirada más dura que nunca, no con sorpresa sino con una imperiosa severidad, ordenándome que la escuchara, la escuchara y la entendiera, lo que ella tenía que decirme. Me soltó la muñeca y sus dedos arañaron un momento la cama, buscando algo. Le tomé la mano. Sentía la insinuación de un pulso en la base del pulgar. Dije algo, algo fatuo como No te vayas o Quédate conmigo, pero de nuevo ella negó impaciente con la cabeza y me tiró de la mano para que me acercara.
– Están parando los relojes -dijo, en un hilillo de voz casi conspiratorio-. He detenido el tiempo. -Y asintió, con un movimiento solemne, de quien sabe lo que espera, y también sonrió, juraría que sonrió."




John Banville, El mar, traducción de Damián Alou, Anagrama, Barcelona, 2007, págs. 56, 199.


"Desnudo en la bañera", Pierre Bonnard, 1946
 

miércoles, 10 de julio de 2013

¿quién quiere ser hipopótamo? (poema)

Nexus -M.H.-6 ante el Blade Runner de replicantes metafísicos antes de su inminente disolución en el lenguaje lógico ideal: “He dicho cosas que los analíticos no creeríais... los rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser, la cosa-en-sí, el ser-ahí, la nada nadear más allá de Orión...”
j. g. c. una casa holandesa, griffith dune (ed.), alexandria, 2013.




"(...) Lo que "angustia" no es esto ni aquello, pero tampoco todo "lo ante los ojos" junto, como una suma, sino la posibilidad de algo "a la mano" en general, es decir, al mundo mismo. Pasada la angustia, suele decir el habla cotidiana: "No era realmente nada". Esta manera de hablar es en efecto ónticamente exacta por lo que se refiere a lo que era. El habla cotidiana se endereza a un curarse y un hablar de "lo a mano". Aquello a lo que se angustia la angustia no es "nada" de "lo a mano" dentro del mundo. Pero este "nada" de "lo a mano", de lo único que comprende el habla cotidiana del "ver en torno", no es una total nada "del "nada" de lo "a mano" se funda en el "algo" más original, en el mundo. Éste es, empero, esencial y ontológicamente inherente al ser del "ser ahí" en cuanto "ser en el mundo". Sí, según esto, se destaca como el "ante que" de la angustia la nada, es decir, el mundo en cuanto tal, ello quiere decir esto: aquello ante que se angustia la angustia es el mismo "ser en el mundo"."

HEIDEGGER, Martin, El ser y el tiempo, trad. José Gaos, Fondo de Cultura Económica, México, 1998, p. 207.



¿quién quiere ser hipopótamo?*


Escribo en el agua del río
en la quebrada de un río
en los remansos, en las pozas del rio
ininterrumpidamente
sentado sobre un guijarro desgastado.

Apunto en el agua del río
moviendo torpe el dedo sobre el río
la mitad de mi cuerpo bajo el río:
“¿qué estás haciendo conmigo, so río?
So rio, ¿acaso es ese tipo que ahora pasa
lo que hiciste ayer de mí?

Pero, ¿de qué te ríes, so río?"

Me confunde:

A. el cómplice desovar de tantos peces                                             B. la naturaleza inestable del pasado

C. la prosa de Heidegger, las tesis de Huntington y Sartori           D. el mudo testimonio de los riscos



* En García Cívico, Jesús, Una casa holandesa, Aforismos en Word, poemas con auto-reverse, Paul Hackett (Ed.), Nueva York, 2013.

domingo, 23 de junio de 2013

donde mueren los monstruos

"(...) la de la criatura del doctor Frankenstein ya es una individualidad casi perfecta y sabemos, más por los maravillosos filmes de James Whale que por la fascinante novela de Mary W. Shelley, la encendida reacción ante ella del gentío. Séptimo aviso para individuos empeñados en una humilde posibilidad de ser de acuerdo a la versión no insolidaria y aún no recorrida del término."
GARCÍA CÍVICO, Jesús, Diccionario de monstruos, raros y feos, Plissken, el Serpiente (Ed.) , Valencia, 2011, p. 227.




Javier Tomeo
Quicena, Huesca, 9 de septiembre de 1932 – Barcelona, 22 de junio de 2013